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Quizá nunca. Se sentó en un taburete junto a la cama.

– Haz lo que quieras. Ya te he dicho lo que es bueno para ti.

– Tú eres buena para mí -dijo guiñándole un ojo-. Y si te metieras en la cama conmigo, te enseñaría cómo puedes curar todos mis males.

Ella estuvo tentada. No por la pasión que sabía podría surgir, sino por estar cerca de él una vez más. ¿En qué estaba pensando? Solamente haría la agonía de su partida más intensa. Allí, sentada junto a él, percibía cada matiz de su voz, cada cambio en su expresión.

– ¿No? -suspiró-. Pensé que las palabras de Tarik te habrían inspirado suficiente culpabilidad como para Saquear. Parece que ha pasado un siglo desde que estuvimos por última vez en la torre.

– Me dijiste que no debía sentirme culpable.

– ¿Pero cuándo me has escuchado?

– Cuando hablas con sensatez en lugar de decir tonterías.

– Ah, entonces admites que no soy del todo estúpido.

– No por completo. -Notó que su voz empezaba a fallar y decidió cortar la conversación-. Solo cuando hablas y deberías estar durmiendo. No voy a consentir tu insensatez.

– Algo falla -dijo estudiando su rostro-. ¡Dios, qué cansada pareces! Descansa. No vengas mañana a cuidarme.

Ella asintió despacio. Quería seguir mirándolo, pero desvió la mirada. El siempre veía demasiado. No debía ver nada más que el cansancio.

No debía ver el dolor.

– Sujeta la antorcha un poco más alto. -Selene se agarraba a la pared mientras bajaba con cuidado los peldaños de piedra-. No se ve absolutamente nada y los escalones están resbaladizos. ¿Quieres que baje la escalera rodando?

– Deja de quejarte. El lisiado soy yo, no tú-. Tarik sostuvo la antorcha más alto-. No falta mucho. La puerta del túnel está justo después de estas escaleras.

– ¿Estás seguro de que Haroun estará esperándome en el bosque?

– Ya te lo he dicho, lo envié a él junto a uno de mis hombre, Antonio, esta tarde para que pudieran ir a buscar caballos al pueblo. -Se detuvo al final de la escalera y giró para mirarla-. Deja de hacerme preguntas, Selene. Sabes que esto no es una trampa.

– ¿Cómo puedo saberlo?

Él sonrió.

– Porque confías en mí.

– ¿Y por eso me escapé? -preguntó ella con sarcasmo.

– No, huiste porque yo fui lo suficientemente necio como para pensar que podía alterar el destino asustándote para que reaccionaras.

Ella abrió los ojos.

– ¿Me estás diciendo que querías que fuera al campamento de Balkir?

El se encogió de hombros.

– Puede que sí. Soy humano. He estado titubeando desde que Kadar y tú habéis entrado en mi vida. Mis motivos a veces se han alterado por las emociones. -Abrió con dificultad la pesada puerta de hierro-. Esto no ha cambiado la situación. El destino rara vez permite que el camino elegido se desvíe.

Ella estaba tensa intentando escudriñar en la oscuridad.

– Estarás segura. No hay nada en ese túnel excepto algunas ratas. -Tarik le dio la antorcha-. Dentro de una semana estarás en Génova, a bordo de un barco rumbo a Escocia. Le he dado a Antonio una nota para el capitán de mi barco. Zarpará de inmediato.

– ¿Qué pasará con Kadar?

– Iremos a Roma y allí nos perderemos entre la multitud.

– ¿Ese es tu magnífico escondite?

Negó con la cabeza.

– Simplemente la primera parada.

– Tendrás que mantenerlo… -Su voz se entrecortó cuando sus ojos se encontraron con los de él.

¿En qué estaba pensando? Él era un enigma. Nunca había confiado por completo en Tarik, incluso en los momentos más íntimos. Pero hablar de ello ahora era inútil. Ya había tomado su decisión, y estaba todo dicho.

– No sé por qué tendría que fiarme de ti, pero me fío. Ni se te ocurra traicionamos.

Se adentró en la oscuridad del túnel.

CAPÍTULO 11

– Pareces tremendamente aburrido esta tarde -comentó Tarik al entrar en la habitación de Kadar-. ¿Qué haces otra vez metido en la cama? ¿Te encuentras mal?

Kadar se encogió de hombros.

– Estoy bien. Selene necesita descansar. Le dije que no viniera hoy, pero puede que venga de todas formas. Si me ve en la cama, podré convencerla de que no necesita estar encima todo el tiempo.

Tarik no dijo nada por el momento.

– Bien pensado. -Cambió de tema-: He venido para decirte que vamos a tener visita. Nasim ha enviado un mensajero diciendo que quiere verte.

– ¿Y vas a permitirlo?

– Siento un cierto placer malicioso en satisfacer su curiosidad. Además, tengo mis razones para mantener su mente ocupada.

– ¿Y qué razones son esas?

– Nasim estará dentro de la fortaleza en cualquier momento. -Se volvió hacia la puerta-. ¿Por qué no bajas y lo recibes en el gran salón?

Kadar hizo una mueca.

– A Selene no le gustaría que abandonara mi aposento. Me lo haría pagar caro.

– No creo que eso sea un problema. Hoy no la he visto.

Entonces será que se ha quedado en la cama, como le dije, pensó Kadar con repentina ansiedad. Debía de estar aún más agotada de lo que imaginaba. Cuando se fuera Nasim, pasaría por su habitación para ver si…

– Bueno, ¿vienes?

– Sí -dijo retirando las sábanas e incorporándose-. Ve a darle la bienvenida. Enseguida bajo.

Nasim y Tarik estaban entrando por la puerta principal en el momento en que Kadar llegaba al pie de las escaleras.

Nasim examinó el rostro de Kadar con una mirada de disgusto.

– Pareces más débil que un bebé recién nacido.

– Yo también te doy los buenos días, Nasim -dijo Kadar.

– Creía que habías dicho que estaba recuperándose bien, Tarik.

– Tan bien como cualquiera, considerando la gravedad de su herida -replicó Tarik-. Al contrario de lo que piensas, no puedo hacer milagros.

– ¿Seguro que no puedes? -preguntó, desconfiado, entrecerrando los ojos y mirando fijamente a Tarik-. Nunca he visto sobrevivir a ningún hombre con una herida tan profunda. Ha sido un milagro.

– Kadar es muy fuerte.

– Ningún hombre es tan fuerte. Ha sido brujería. El grial te dio el poder.

Tarik lo miró con expresión inocente.

– ¿Qué grial?

Nasim se volvió hacia Kadar.

– Ya que estás bien, harás lo que te ordené.

Kadar arqueó las cejas.

– ¿No crees que la espada que me clavó Balkir terminó con mi obligación?

– Eso no fue por mí voluntad. -Señaló hada Tarik-. Lucharás contra su magia y volverás conmigo.

– No es un hechicero.

– ¿No? -Nasim sonrió de manera lúgubre-. Pregúntale por las circunstancias de nuestro primer encuentro.

– Por lo que recuerdo, no fue un encuentro inusual. -Tarik hizo como que pensaba-. ¿Atraje rayos del cielo?

– Por Alá, no te reirás de mí -advirtió Nasim con la mirada encendida-. Conseguiré tu magia, Tarik. Y luego tendré tu cabeza.

– ¿En serio?

Nasim se dio la vuelta.

– He venido a ver lo que he venido a ver. Harás lo que te pido, Kadar, o sufrirás por… -De repente se quedó callado antes de alcanzar la puerta-. Por cierto, ¿dónde está la mujer?

Kadar se puso rígido.

Nasim se volvió para verle la cara.

– ¿Dónde está?

– ¿Por qué lo preguntas? Según tú las mujeres no tienen sitio entre los asuntos de hombres.

– Pero ella es una mujer muy entrometida, y tú se lo permites. Me parece muy extraño que no esté aquí.

Tarik se apresuró a decir:

– Estaba exhausta de cuidar a Kadar y no hemos creído conveniente informarle de tu visita.