– Es demasiado obvio -dijo Nasim frunciendo el ceño-. Demasiado fácil. Tarik es un hombre engañoso.
– ¿Voy otra vez a preguntar?
– Estúpido. ¿Y si es Génova? ¿Vamos a dejarles que hagan la mitad del camino a Escocia antes de alcanzarlos?
– Pero dijisteis que…
– Probaremos con Génova -dijo furioso-. Es posible que la mujer haya salido antes de aquí que Tarik y Kadar. A lo mejor han intentado despistarme yendo en diferentes direcciones. Es una trama digna de Kadar y Tarik.
– ¿Entonces abandonamos Sienbara de inmediato?
Asintió de manera cortante mientras se montaba en su caballo.
– Sin más tardanza.
– Otra vez no -suspiró Layla mientras se arrodillaba por tierra junto a Selene-. Es la tercera vez desde que emprendimos el viaje. ¿Cuándo se acaban estos mareos mañaneros? Son de lo más desagradable.
– No puedo evitarlo -dijo entre arcada y arcada-. Además no tienes ni idea de cómo va esto si crees que puedo controlarlo. Apuesto a que tú vomitaste muchas veces en la Casa de la Muerte.
– Solamente una vez. Los golpes que recibí por mostrar mis emociones me hicieron dudar antes de mostrar debilidad otra vez.
– Bien, pues no me das ninguna pena. -Pero el caso es que sí se la daba, y eso le fastidiaba aún más-. Vuelve a tu jergón y déjame sola.
– Eres tú la que me despiertas con tus arcadas entre los matorrales -dijo poniendo cara de asco-. Y además me molesta que Haroun me mire con esos ojos llenos de reproche. No has creído apropiado contarle el por qué de tu aflicción y se imagina que soy una mujer cruel y antinatural por ignorarte.
– No me importa. Tiene razón. Eres una mujer cruel y antinatural.
– Anda, toma. -Layla le extendió un paño húmedo-. Mójate tú misma la frente, ya que mis cuidados no te satisfacen.
– ¿Cuidados?
– Lo procuro. ¿Acaso no hago la vista gorda dejándote dormir toda la mañana después de haberme despertado al amanecer con toda esta tontería?
– No son tonterías. Muchas mujeres tienen este problema cuando están encinta. Y además nunca te he pedido…
– Sí, lo sé, -Le retiró suavemente el cabello de las sienes-. Es un milagro que las mujeres tengan más de un hijo si tienen que pasar por esto cada vez.
– No seas tonta. ¿Cómo podrían evitarlo?
– Hay maneras.
El mareo estaba por fin remitiendo. Se sentó sobre los talones y respiró profundamente.
– ¿Nunca has tenido un hijo?
Layla negó con la cabeza.
– Y seguramente ha sido por mi bien. Como puedes ver, no soy muy tierna que digamos.
Selene sintió una leve punzada de dolor bajo las aparentemente descuidadas palabras de Layla y dijo de manera impulsiva:
– Creo que serías muy buena madre.
Los ojos de Layla se abrieron con sorpresa.
– Lo serías -insistió Selene-. Eres fuerte e inteligente, y protectora.
– Eso haría de mí un buen padre, no una buena madre -afirmó Layla secamente.
– Bueno, ¿quién dice que tiene que haber ternura? Además, pienso que cuando quieres también sabes ser… tierna.
– Casi te atragantas al pronunciar esa palabra. -Layla cogió el paño húmedo y le dio a Selene unos ligeros toques en los labios-. Es evidente que estás algo mareada. Es hora de volver al jergón.
– No estoy mareada. -Pero cuando intentó ponerse en pie notó lo débil que se sentía debido al bebé que llevaba dentro de ella-, No tengo que dormir toda la mañana. Me conformo con descansar un rato. Sé que no tenemos tiempo que perder.
Layla asintió y se levantó.
– No, hay demasiadas personas en Sienbara que saben que Tarik tiene un barco en Génova. Nasim no tendrá problemas para encontrar alguien que lo informe de ello, y Génova es un lugar pequeño.
– Pero ya no estamos en Génova.
– Mario todavía está allí, y su lengua es tan floja como su cerebro.
– ¿Crees que le dirá hacia dónde nos dirigimos?
– Con un poco de persuasión -respondió encogiendo los hombros-, o quizá no tanta.
– Entonces debemos ponemos en camino de inmediato.
– ¿Y arriesgarnos a que te caigas del caballo y te rompas algo? Entonces sí que tendríamos un problema. Unas pocas horas darán igual. Las recuperaremos al final del día, antes de parar para dormir.
Selene no estaba tan segura de que diera igual.
– Solo una cabezada.
– Ya veremos. -Agarró a Selene por el brazo y la empujó suavemente hacia la hoguera-. Déjamelo a mí. Yo también necesito dormir un poco después de presenciar el desagradable espectáculo que has ofrecido.
– Yo no te he pedido… -Las protestas para Layla eran como si oyera llover. Además, empezaba a darse cuenta de que debía prestar más atención a las acciones de Layla que a sus palabras. Hablaba con crudeza y con una falta total de delicadeza, pero durante los últimos días no se había apartado ni un momento de su lado, vigilándola discretamente, ayudando siempre que podía. A lo mejor Layla no podía ser de otra manera después de la vida que le había tocado vivir. Selene comprendía su necesidad de construir muros alrededor. Ella misma los había levantado, y bien altos-. Te… agradezco tu ayuda.
Layla la miró con sorpresa.
– ¿Entonces ya no soy cruel y estúpida?
– Sí, pero he decidido que no puedes evitarlo y que se te debe perdonar -dijo con una leve sonrisa-, aunque te advierto que quizá mañana por la mañana, cuando empieces a despotricar contra mí, no sienta lo mismo.
– Entonces deberías procurar controlar estos mareos. Me fastidian.
– Díselo al bebé. -Había llegado hasta su jergón y se había arrodillado-. Parece que no puedo controlarlo. A mi hermana le duraron hasta bien entrado el cuarto mes.
– No tiene por qué ser así. No es justo que las mujeres sufran así. Si yo estuviera encinta, encontraría una cura para prevenir esos estúpidos…
– Seguro que lo harías -dijo Selene acurrucándose entre las mantas y cerrando los ojos-. De todas formas, busca algo para prevenirlos. Pero calladita -dijo bostezando-, muy calladita. Necesito dormir un poco más.
– Muy bien. -Oyó cómo Layla se metía entre sus mantas al otro lado de la hoguera-. Sin embargo no deberías sucumbir ante ello. Es un insulto a nuestro cuerpo el que tengamos que pasar por esta prueba. Las mujeres deberíamos encontrar una manera de no sufrir a la hora de traer hijos al mundo.
– Bien, encuéntrala. Necesito dormir.
– Así que se pasa después de los cuatro meses. ¿Y si tienes otro hijo? ¿Tendrías que pasar por todo esto otra vez? No sería…
– Layla.
Layla suspiró y luego permaneció en silencio.
Selene ya estaba casi dormida cuando Layla murmuró:
– Probaremos con hierbas.
CAPÍTULO 13
ROMA
– Muy agradable, Tarik. -Los ojos de Kadar escudriñaban la estructura de columnas de piedra que había en la colina. El camino que llevaba hasta el impresionante edificio de color crema estaba bordeado por árboles. Al norte de la casa, Kadar vio el brillo de un tranquilo estanque rodeado de estatuas-. Un auténtico palacio. Pero yo no elegiría un sitio sin fortificar. No es seguro. Los hombres de Nasim podrían invadirnos en un abrir y cerrar de ojos.
– Les llevaría algo más de tiempo. Tengo guardias vigilando todos los caminos, así que estaríamos avisados con antelación. -Tarik espoleó su caballo para ponerlo al trote-. Y Nasim no puede atacar lo que no sabe que existe.
– Conocía la existencia de Sienbara.
– Porque yo quería que lo supiera. Tenía que lanzarle un poco de información para asegurarme de que no ahondaba más -dijo sonriendo-. Creo que aquí estarás cómodo. Esta villa perteneció una vez a la amante del papa Jubo. Se la regaló cuando le dio un hijo. Por lo visto, Aurelia era una gran belleza, y es evidente que tenía un gusto exquisito. Le compré la villa a su hijo. Un hombre muy interesante. Te contaré más cosas de él cuando nos hayamos instalado.