– No me interesa el hijo del papa ni tampoco me preocupa nuestra comodidad -dijo haciendo un gesto brusco con la cabeza hacia el cofre atado al caballo de delante-Ya sabes lo que me interesa.
– ¿Ni siquiera vas a dejar que me proteja entre mis muros antes de atacarme?
– No. Me prometiste que cuando llegáramos a Roma me lo enseñarías.
Tarik suspiró.
– Está bien, esta noche después de cenar. -Levantó la mano cuando Kadar abrió la boca para protestar-. No discutas. Es la única victoria que me vas a arrancar.
Kadar conocía suficientemente bien a Tarik como para darse cuenta de que se mantendría en sus trece y no habría forma de hacerlo cambiar de idea. Al fin y al cabo se trataba solamente de unas horas. Ni siquiera sabía por qué se había molestado en coaccionarle. No solía ser tan impaciente.
Sabía por qué. Rebosaba frustración y preocupación por Selene. No podía hacer nada para remediar esta situación sino esperar, por lo que procuraba controlar todo lo demás que se encontraba a su alcance.
– Pronto sabremos algo -dijo Tarik mirándole fijamente a la cara-. Antonio estará aquí en unos días para decirnos que ella está sana y salva de camino a Montdhu.
Después de cenar, Tarik mandó a sus criados a la cama y fue cojeando hasta el lugar donde había dejado el arcón de madera.
– Enciende otra vela. Si deseas ver el grial, querrás verlo bien.
Kadar encendió una segunda vela con la que había en la mesa.
– Por fin.
– No es necesario tanto sarcasmo. Tenía que estar seguro de ti.
– ¿Y ahora lo estás? Siento decepcionarte, pero no me manipularás más de lo que ya hizo Nasim.
– A ambos se nos ha ido de las manos. -Puso el arcón sobre la mesa y lo abrió con llave-. El destino a veces es así. ¿No lo has notado?
– Lo que he notado es que disfrutas jugando con el destino.
– De hecho he sufrido mucho por intentar no jugar con él. -Levantó la tapa del arcón, sacó la estatua y la dejó a un lado-. Últimamente es cuando he empezado a cansarme y a ceder ante la tentación. -Apartó la seda color púrpura y abrió el cofre de oro-. Aquí está tu grial. Es precioso, ¿verdad?
El tono de Tarik era de lo más despreocupado… demasiado despreocupado. Kadar entrecerró los ojos y luego se acercó un paso para mirar dentro del cofre. La luz de la vela hacía brillar el objeto de oro que albergaba un nido de terciopelo.
– Es un grial.
Tarik sonrió,
– Te lo dije, ¿No estás ahora avergonzado de haber desconfiado de mí?
– No. Considerando esa lengua viperina tuya, estaría avergonzado si no hubiera desconfiado. ¿Puedo sacarlo del cofre?
– Por supuesto.
Kadar levantó con cuidado el grial y lo sujetó bajo la luz de la vela. El trabajo era magnífico. Cada pulgada de oro del grial estaba laboriosamente tallada con símbolos pictóricos. Kadar pasó el dedo suavemente por una de las escenas.
– ¿Qué es esto?
– Es mi lengua materna. Mucho más clara y civilizada que la escritura de los griegos y los romanos.
– La he visto antes.
– Eso pensé cuando dijiste que la estatua te resultaba familiar. -Miró hacia la talla que estaba sobre la mesa-. Esperaba que la reconocieras. Has viajado más que la mayoría de los hombres, y cuentas con una mente curiosa.
– Egipto.
– Sí.
Miró otra vez la copa.
– ¿Qué dice?
– Es la historia de un joven y su búsqueda. Te gustaría.
– Entonces cuéntamela.
– ¿Quieres historias? Qué raro -dijo sonriendo-A Nasim no le interesarían las historias, solamente el poder de la copa. ¿No sientes la magia del grial? ¿No sientes su fuerza recorriendo tu cuerpo al sostenerlo entre tus manos?
– No.
Tarik se echó a reír.
– Nasim lo sentiría. Él cree en el grial.
– Entonces es un idiota. No hay magia en él.
– No serías capaz de convencerlo. Es imposible persuadir a un hombre como Nasim de que no puede tener todo lo que quiere. Y a veces es mejor no intentarlo.
– Dime qué hay escrito en la copa.
– Muestras impaciencia de nuevo. Es una larga historia, pero te lo diré. -Inclinó la copa de manera que Kadar pudiera ver la inscripción grabada en el interior-. Dice: «Proteger». Es lo que he estado haciendo. Pero ya estoy cansado. Merezco descansar. Es hora de que alguien más se haga cargo de esta tarea.
– ¿Yo?
Tarik asintió.
– Has escogido al hombre equivocado. No deseo proteger tu grial. No significa nada para mí.
– Pero lo hará. Siéntate. -Se sentó y estiró su pierna coja-. Tómate tu tiempo. Querías ver el grial, ahora examínalo a tus anchas.
Kadar se puso cómodo y lo giró lentamente.
– Hay algo más al otro lado de la copa.
– Exacto.
Kadar lo miró inquisitivamente.
– Me parece que ya has digerido bastante por el momento. Siempre he creído que es mejor ir con precaución cuando una historia es tan larga y complicada.
– Quiero escucharla ahora.
Tarik negó con la cabeza.
– Tómalo, acostúmbrate a él. Luego lo depositaré en el cofre otra vez hasta que considere que ha llegado el momento apropiado.
Kadar agarró la copa con fuerza.
– No me gusta tanta burla. ¿A qué estás jugando conmigo, Tarik?
– A un juego en el que yo dicto las reglas. -Tarik se apoyó en el respaldo de la silla-. Ya basta de hablar del grial. Ahora relájate y te hablaré sobre el hombre que me vendió esta bonita villa.
Selene escupió la hoja.
– No comeré más. ¿Me oyes? Sabe horrible.
– Puede que ya hayas tomado suficiente. Layla metió la última de las hojas en la bolsa que llevaba en la cintura y puso su caballo al trote-. Mañana veremos.
– Hemos probado con romero, tomillo y las hojas de ese arbusto con la fruta roja. ¿Cuándo lo dejaremos?
– Cuando dejes de tener náuseas.
– Ya es bastante desagradable estar así como para que empeores la situación obligándome a tomar esas repugnantes plantas.
– Deja de quejarte. Es algo que vale la pena. No solo para ti, sino para todas nosotras, las mujeres.
– ¿Nosotras? Soy yo la que está sufriendo.
– Yo lo haría si estuviera encinta.
Lo más exasperante era que Selene sabía que decía la verdad. Layla era implacable y estaba absolutamente convencida de que lo que hacía era lo correcto. Era difícil rechazar a alguien con una dedicación tan extrema. Solo le quedaba esperar que su mal se le pasara pronto de manera natural o que Layla encontrara algo que disipara su atención.
– Si me das una sola asquerosa pócima más, no viviré para soportarlo… -Vio que Layla no la estaba escuchando.
Tenía la mirada perdida, la frente arrugada de tanto pensar.
– Si no funciona, mañana probaremos con albahaca.
Selene quería tirar a la obstinada mujer de su caballo.
Murmuró una imprecación y espoleó su caballo para que avanzara hasta donde se encontraban Haroun y Antonio.
Haroun se retrasó para cabalgar a su lado.
– ¿Qué ocurre?
– Nada -respondió secamente-. ¿Por qué debería ocurrir algo?
– Parecéis… trastornada. Además esta mañana también estabais indispuesta. -Se humedeció los labios-. No es bueno vomitar todos los días. Estoy preocupado.