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– No es bueno, pero no es nada que deba preocuparnos.

– ¿Es la fiebre?

Negó con la cabeza.

– Deberíamos parar y esperar a que os recuperéis.

¿Por qué no decírselo? No podría mantenerlo en secreto durante mucho tiempo, ya que él la veía todos los días.

– Tardaré varios meses en recuperarme de este mal. Estoy encinta, Haroun.

Exhibió una amplia sonrisa.

– Me lo imaginaba… Recuerdo a lady Thea con ese mismo mal. ¿Es ése el motivo por el que vamos a buscar a lord Kadar?

– Sí.

– Es lo más sensato. Él es honorable, tanto vos como el bebé estaréis a salvo con él.

– No voy a ponerme en sus manos. Tras la boda, regresaré a Montdhu.

Él asintió enérgicamente.

– Hasta que sea seguro para él llegar hasta donde estéis. Esta tierra no es lugar para vos. No os preocupéis, yo os cuidaré.

– No necesito que… -No pudo terminar. Haroun estaba muy contento y hablaba completamente en serio. Aunque su actitud fuera molesta, también era muy dulce. Estaba conmovida-. Te agradezco tu preocupación. Procuraré no ser una carga. -Dios santo, esa última frase casi le revuelve el estómago otra vez-. Sé que estaré a salvo contigo, Haroun.

Él se ruborizó y su sonrisa se hizo aún más radiante.

– Lo estaréis. Os lo prometo. Os cuidaré. Estaréis a salvo, lady Selene.

– El muchacho pulula a tu alrededor como una abeja en el panal -comentó Layla en voz baja mientras observaba cómo Haroun le preparaba el jergón esa noche-. ¿Se lo has contado?

Selene asintió.

– Iba enterarse antes o después. Lo notaba preocupado.

– Deberíamos habérselo dicho antes. Parece un buen chico.

Vaya una alabanza, viniendo de Layla. Selene sonrió.

– Muy bueno.

– Pero sus desvelos te van a fastidiar un poco.

– Probablemente. -Pero no tanto como en el pasado, pensó para sus adentros. Es como si el bebé hubiera amortiguado y suavizado todas las aristas. Le hada pensar con más claridad y reaccionar menos impulsivamente.

– Te sientes bien esta noche. -Layla la estaba estudiando.

Ella sonrió.

– Hoy no me has obligado a tomar ninguna de tus hierbas.

– Mañana. No siempre es bueno mezclar. -Negó con la cabeza-, No, es algo más.

Esperanza. No sabía de dónde había salido esa idea.

Qué extraño. La esperanza había sido algo poco común en su vida. Había tenido demasiadas decepciones. Actuaba para cubrir sus necesidades; sin esperar nada más allá. Sin embargo, en ese momento era la esperanza lo que la impulsaba por dentro. Había estado creciendo día a día durante el viaje.

¿Sería el niño?

– Siento… -No podía explicar lo que no comprendía ella misma-. Siento como si todo fuera a salir bien.

– Ojalá.

Hizo una mueca.

– O quizá esta satisfacción es la manera que Dios tiene de proteger a los bebés.

– Es posible. La verdad es que a ti te ha cambiado. Ni siquiera has mencionado a Tarik o el grial desde que has descubierto que estás encinta.

No parecía tan importante. Lo único que importaba ahora era el bebé y reunirse con Kadar.

– Kadar dice que cuando se me mete algo en la cabeza no puedo pensar en otra cosa. Supongo que tiene razón.

– Parece conocerte muy bien.

– Sí. -Habían pasado juntos muchas horas, días y años-. ¿Cuánto queda para llegar a Roma?

– Tres días.

Faltaban tres días para volver a ver a Kadar. Tres días y sabría lo del niño. No es que fueran a cambiar las cosas, pero podría verle la cara y eso sería…

– Virgen santa, ¿te encuentras mal otra vez?

Su mirada sobresaltada voló hacia el rostro de Layla.

– ¿Qué te hace pensar así?

– Tienes una expresión idiotizada y confundida.

Selene frunció el ceño.

– No es cierto. Simplemente estaba… -Se detuvo al ver que Layla estaba sonriendo-. Tu sentido del humor no es muy amable.

– El humor es el humor. Amable o no, es nuestra salvación. Acostúmbrate a mi rudeza. No sé ser de otra manera. -Dirigió su mirada hacia el fuego-. ¿Te quedarás con él?

– No.

– Pero estás luchando contra ello.

– No, ya no lucho contra ello. Pero eso no significa que me vaya a quedar con él. Seguramente lo que significa es que no debería hacerlo. -Hizo una pausa-. Pensaba que era la única persona en esta tierra que nunca me mentiría. Pero lo hizo.

– ¿Traición?

– No exactamente.

– Todos mentimos alguna vez en nuestra vida. Para bien o para mal. -Hizo una pausa-. Igual que nos mentimos a nosotros mismos.

Se puso rígida.

– ¿Quieres decir que me estoy engañando a mí misma?

– Es posible. Me comentaste que Tarik te dijo que eras como yo. Hay una parte de nosotros en lo más profundo de nuestro ser que permanece aislada e intacta. Es difícil permitir que nadie se acerque a ese punto, ni siquiera la persona amada. Puede que tú seas igual. -Levantó la mirada-. Si tienes una buena razón, abandona a este Kadar, pero no te engañes a ti misma para proteger esa isla. La soledad puede ser muy amarga.

– Yo nunca me engaño a mí misma -se apresuró a decir Selene-. Y además, Tarik dijo que si me quedaba con Kadar sería un peligro para él.

– Tarik tiene sus propias razones para quererte alejada de él.

– Pero creo que está en lo cierto.

– Hay otras soluciones que no consisten en salir corriendo. -Se enrolló con la manta y cerró los ojos-. Piénsalo.

– No necesito pensarlo. He tomado una decisión y no…

– Ve a dormir -dijo Layla bostezando-. Estoy cansada de hablar contigo y necesito descansar. Sin duda me despertarás temprano con esas terribles arcadas.

Selene se dio cuenta con frustración de que había dado el tema por zanjado. Se dio la vuelta y se dirigió hacia su jergón.

– Parecéis preocupada. ¿No os encontráis bien? -preguntó Haroun desde su jergón a pocos metros de distancia.

Ella hizo un esfuerzo por sonreír mientras se acostaba.

– Solamente es cansancio.

– No deberíamos forzar la marcha. Necesitáis reposo.

– Eso es lo que intento. -Se tumbó de lado y cerró los ojos-. Estoy bien. Solo serán tres días más.

Pero no estaba segura de poder sobrevivir a las atenciones de Haroun durante tres días más sin estallar. Nunca debería haberle dicho lo del bebé.

– ¿Necesitáis otra manta?

– No, estoy bien así.

– Puedo avivar el fuego.

Despacio y con cuidado, haciendo una pausa entre cada palabra, dijo:

– No necesito nada, Haroun.

No sabía qué era peor: Layla, con su incansable determinación por utilizarla para mejorar la condición de todas las mujeres, o Haroun, que quería asfixiarla bajo esta manta de mimos. Se alegraría de llegar a Roma.

Y a Kadar.

Aunque no pudiera estar con él, no le haría daño imaginar su alegría cuando se enterara de lo del niño. Había crecido solo en las calles, y un bebé, alguien suyo, significaría mucho, tanto para él como para Selene.

¿Demasiado? Si se marchaba con el bebé le rompería el corazón. Dios mío, jamás haría daño a Kadar.

Poco a poco. Afrontaría las consecuencias más tarde.

Ahora solo tenía que preocuparse por llegar a Roma y asegurarse de que el bebé estaría protegido con los votos sagrados de las crueldades del mundo.

– ¡Lady Selene!

Haroun.

Tenía su mano en el hombro y la agitaba bruscamente.

– Tenéis que despertaros. Debemos partir. Nasim…

Nasim.

Se despertó al instante y vio el rostro preocupado de Haroun sobre ella.

– Antonio dice que se acercan jinetes por el camino. -La ayudó a levantarse-. Cree haber reconocido a Nasim.