– Perderías. No sabía lo de Antonio. ¿Por qué debería suponer que tienes espías en mi campamento?
Porque te amo. Porque sabes que nunca te dejaría marchar.
Se humedeció los labios.
– Eshe. ¿Qué si no?
– Me enviaste el cofre. ¿No confías en mi custodia?
Ella se lo había mandado porque quería forjar un vínculo que lo llevara de vuelta a ella.
– Tienes tendencia a comportarte como un tonto. Tenía que estar segura. Cuando me enviaste a Selene, esperaba que tuvieras las cosas más claras.
Él se quedó paralizado.
– ¿Y por qué piensas que te he mandado a Selene?
– Eshe. Para hacer lo que tú no eras capaz.
El respiró profundamente.
– Por Dios bendito, ¿qué has hecho?
Sintió una punzada de dolor.
– No pienses tan mal de mí. No soy ningún monstruo, -Levantó la barbilla y lo miró desafiante-. No le he hecho nada. ¿Creías que iba a salir corriendo a complacerte? Solo pensaba…
– ¿Entonces por qué has traído aquí a Selene?
– Ha sufrido una gran pérdida y pensé que era lo mejor para su recuperación. Ella no estaba…
– ¿Qué pérdida? ¿Qué le ha ocurrido a Haroun? -Kadar bajaba la colina a grandes zancadas hacia ellos-. ¿Cómo murió?
– Tú debes ser Kadar. -Era una afirmación. Era lo suficientemente joven como para ser el amante de Selene y era un hombre de envergadura considerable, digno de ser elegido por Tarik-. Yo soy Layla.
– No me importa quién eres tú. -Le temblaba la voz de rabia y frustración-. Quiero saber qué le ha sucedido a Haroun y qué le ocurre a Selene.
– No hay motivo para semejante rudeza -dijo Tarik-. Layla no ha hecho ningún daño a Haroun.
La estaba defendiendo. Layla sintió una tibia oleada de placer. Era lamentable comprobar el inmenso gozo que le producía algo tan insignificante.
– ¿Cómo lo sabes? Según tú soy capaz de cualquier cosa.
– ¿Cómo murió Haroun? -repitió Kadar.
– Nasim lo asesinó. -Relató brevemente su huida hacia el bosque y el descubrimiento del cuerpo de Haroun.
– Por los clavos de Cristo -murmuró Kadar-. Haroun…
– Parecía un buen muchacho y muy leal a Selene.
– Sí, lo era.
– Especialmente al final. -¿Debería contárselo? ¿Por qué no? Ignoraba si Selene tenía intención de contarle lo del niño, pero le había resultado imposible comunicarse con Selene durante los últimos días. Quizá Kadar pudiera acceder a ella-. Sobre todo después de saber que Selene estaba encinta.
Los ojos de Kadar se abrieron como platos de la impresión.
– ¿Qué?
– Por eso venía a verte. Pensaba que le darías tu nombre y protección al niño.
Asomó una leve sonrisa que iluminó el rostro de Kadar, y en ese instante Layla pudo comprender por qué Selene se sentía atraída por él.
– Por supuesto que yo…
– Espera. -Como de costumbre, había actuado con torpeza-. Perdió el bebé después de encontrar a Haroun.
Su sonrisa se desvaneció.
– Dios mío -susurró.
– Fue un golpe terrible para ella. Además de la muerte de Haroun, fue como si… Pareció cambiar de la noche a la mañana.
– No hace falta que lo jures -dijo apretando los puños-. Nunca la he visto así. No es la misma.
– No seas estúpido. Claro que no es la misma. Algunas mujeres necesitan hijos para sentirse completas. Perder un bebé te arranca el corazón. ¿Esperabas que no mostrara…?
– Tranquila -dijo Tarik posándole la mano en el brazo-. Todos sabemos que Selene lo está pasando mal. Ahora debemos encontrar un modo de ayudarla.
– Si nos deja -añadió Kadar-. Haremos todo lo posible para que así sea. -Algún músculo de su tensa mejilla se movió bruscamente-. ¿Me oyes? No permitiré que siga sufriendo de esta manera.
– El tiempo y la paciencia le ayudarán a sanar la herida -dijo Tarik.
– Selene nunca ha entendido qué es la paciencia, no sé por qué habría de tenerla ahora.
– Tú eres el que parece no tener paciencia.
– Lo está pasando mal. No lo soporto. Necesito hacer algo para remediarlo. -Fulminó a Tarik con la mirada-. Y tú vas a ayudarme. Le darás todo lo que te pida, lo que necesite, lo que sea.
– Si está en mi mano.
– Eso no es suficiente. Se lo darás. -Paseó la mirada de Tarik a Layla y de nuevo a Tarik-. No me importa lo que haya entre vosotros. No me importa el grial. Estoy harto de que Nasim y tú os entrometáis en nuestras vidas. No volverá a suceder.
– Kadar, no estoy hablando de…
– Quiere hablar con todos nosotros después de cenar esta noche. -Se dio la vuelta y emprendió el ascenso por la colina-. Vas a escucharla y, por Dios que si dices una sola palabra que la trastorne, te lo haré pagar.
– ¿Por qué no me lo dijiste? -preguntó Kadar.
Selene se dio la vuelta y la vio en el umbral de la puerta de su aposento. Tenía la cara pálida y echaba chispas por los ojos. Ella instintivamente se puso tensa.
– ¿Qué estás haciendo aquí?
– ¿Es que no tenía derecho a saberlo? -Entró y dio un portazo tras de sí-. Era mi hijo, por Dios santo.
– Te lo iba a decir.
– ¿Cuándo? ¿Esta noche? ¿Un anuncio conjunto a Tarik y a mí? ¿No crees que me merecía escucharlo a solas? -Le puso las manos sobre los hombros-. Has dejado que la esposa de Tarik, una extraña, sea quien me dé la noticia.
Ella desvió la mirada.
– No quería hablar de ello.
Él suavizó su expresión.
– Selene, -Le acarició los hombros con suavidad-. Tenemos que hablar de ello. Compartimos el placer que creó al niño, ahora déjame compartir el dolor. Puedo ayudarte.
Notaba cómo se suavizaba ella también, inclinándose hacia él como una rama a merced de la brisa. Él lo entendería.
El había querido ese niño.
Pero no debía ablandarse. Tenía que permanecer fuerte y dura como una roca.
– ¿Quieres que llore y gimotee? Mi bebé está muerto. Haroun está muerto. Mis lágrimas no me los devolverán.
– No quiero que llores. Solo quiero que me permitas compartir tu dolor. No estás siendo justa conmigo.
Ella se apartó de él.
– Ahora quiero que te marches. Te veré esta noche.
– Estás loca si piensas que voy a dejarte -dijo avanzando un paso-. No puedes darme un empujón y meterme en el mismo saco con Tarik y Layla. Hemos sido compañeros y amantes. Por Dios santo, hemos concebido un hijo. Hemos compartido demasiado.
– Eso no tiene importancia.
– Sí que la tiene. Nada importa más que… -Respiró hondo-. Esto no está bien. He perdido el control. No tenía intención de discutir contigo. Solo quería prestarte mi cariño y mi comprensión.
– Entonces comprende que deseo que te vayas.
– Ya me voy -dijo dirigiéndose hacia la puerta-. Y a partir de ahora me quedaré al margen, donde tú quieres que esté. Pero no por mucho tiempo, Selene. No permitiré que esta situación dure mucho.
Cerró la puerta sin dar portazo, pero de una manera crispada y decidida.
Se había marchado. Se cruzó de brazos con la esperanza de parar el temblor. Creía que estaba congelada, sin embargo acababa de comprobar que seguía completamente viva.
Había deseado desesperadamente acercarse a él y recibir el consuelo que él le ofrecía. Sabía perfectamente que Kadar sería capaz de saltar cualquier barrera para llegar a ella.
Pero ella no había cedido, y él se había ido.
Triunfó.
No sentía haber triunfado. Sentía un sabor amargo, inseguridad y una tremenda soledad.
Kadar apretaba los puños con fuerza mientras bajaba a ciegas al salón.