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– El doctor Lewis dijo que podrás volver a caminar dentro de un mes, más o menos. Tuviste suerte de que la bala no te destrozara el hueso.

– No podemos quedarnos aquí tanto tiempo -repuso Maya.

– Vicki tiene numerosos contactos a través de los miembros de su congregación, y Hollis conoce gente del mundo de las artes marciales. Creo que tendremos muchos sitios donde escondernos hasta que consigamos pasaportes y documentos de identidad falsos.

– Entonces deberíamos salir de Estados Unidos.

– No estoy tan seguro de eso. A la gente le gusta creer que existe una isla tropical o una gruta en las montañas donde es posible ocultarse para siempre, pero eso ya no es así. Nos guste o no, estamos todos interconectados unos con otros.

– La Tabula te estará buscando.

– Sí. Y mi hermano los estará ayudando. -Gabriel se sentó al lado de Maya con aire triste y apesadumbrado-. De pequeños, tenía la impresión de que Michael y yo luchábamos juntos contra el mundo entero. Habría hecho cualquier cosa por mi hermano. Confiaba en él ciegamente.

Maya se acordó del sueño del metro -de la tristeza de su padre- y se permitió sentir compasión por otro ser humano. Le ofreció la mano. Y Gabriel se la asió fuertemente. El calor de él traspasó la frialdad de ella, y se sintió transformada. No se trataba de felicidad. La felicidad no era más que una ilusión infantil y pasajera. El dolor de su interior se derritió y la invadió el sentimiento de que entre los dos se había formado un centro, un todo.

– He perdido a mi madre y a Michael. Lo he perdido todo -dijo Gabriel-; pero me siento unido a ti, Maya. Te has convertido en alguien importante para mí.

La contempló con ardiente energía en la mirada. Luego, le soltó la mano y se puso en pie. Aquella proximidad le resultaba dolorosa. Tenía la impresión de haber cruzado una frontera.

Solo y sin protección, Gabriel bajó los peldaños hasta la playa. Maya permaneció en la terraza, intentando dominar sus sentimientos. Si lo que deseaba era proteger a aquel Viajero, entonces no se podía permitir el lujo de sentirse atraída por él. Cualquier sentimiento la haría vulnerable y vacilante. Si se concedía semejante debilidad, podía perderlo para siempre.

«Ayúdame -pensó. Era la primera vez que rezaba-. Por favor, ayúdame, muéstrame lo que debo hacer.»

Un gélido viento le agitó los negros cabellos, y notó que su cuerpo ganaba en agilidad, que recobraba fuerzas. Había tanta gente que se limitaba a pasar por la vida representando papeles para otros y sin reconocer su propio destino… Todas las dudas y vacilaciones que la habían atormentado en Londres habían desaparecido. Maya sabía lo que era: una Arlequín. Sí. Iba a ser difícil, pero se quedaría junto a Gabriel.

Se incorporó un poco más y miró hacia el océano. La bandada de gaviotas descansaba en la playa y, cuando Gabriel se les acercó, los pájaros remontaron el vuelo hacia el cielo graznando lastimeramente y llamándose unos a otros.

John Twelve Hawks

La publicación de El Viajero (2005) en Estados Unidos ha sorprendido tanto a la crítica especializada como al público lector ávido de nuevos talentos en el género de la ciencia ficción. En esta primera entrega de la proyectada trilogía «The Fourth Realm», John Twelve Hawks teje las redes de una sociedad dirigida por una oscura organización, donde las fuerzas del bien y el mal se enzarzan en una lucha por dominar un mundo en que realidad y ficción se confunden. La novela de John Twelve Hawks -seudónimo de un autor que oculta celosamente su identidad-, con reminiscencias de obras de autores como George Orwell, Stephen King y Michael Crichton, ha alcanzado un enorme éxito internacional y una productora cinematográfica ha adquirido los derechos para llevar a cabo la adaptación a la gran pantalla.

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