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– Pero tu padre citaba la Biblia.

– Yo procedo de una rama europea de Arlequines que tiene estrechos lazos con la cristiandad. La verdad es que algunos Arlequines van más lejos en el libro de Juan. Después de que Jesús fuera apresado, Pedro…

– Negó conocer a Jesús. -Hollis se apartó de los fogones-. Era su discípulo, pero negó al Maestro tres veces.

– La leyenda dice que los Arlequines arrastran una maldición por ese motivo. Los Arlequines debemos defender a los Viajeros por toda la eternidad precisamente porque Pedro no permaneció fiel a Jesús en esos momentos.

– Suena como si no acabaras de creerlo -comentó Hollis.

– No es más que un relato de la Biblia. No lo hago mío, pero sí creo que existe una historia secreta del mundo. Siempre ha habido guerreros que han defendido a los peregrinos o los buscadores espirituales. Durante las cruzadas, un grupo de caballeros cristianos empezó a proteger a los peregrinos que viajaban a Tierra Santa. Balduino II, el rey cruzado de Jerusalén, permitió que esos caballeros ocuparan parte del antiguo templo. No tardaron en adoptar el nombre de Orden de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Jerusalén.

– ¿No los llamaban habitualmente Templarios? -preguntó Gabriel.

– Sí. Ése es su nombre más conocido. Los Templarios se convirtieron en una orden rica y poderosa que controlaba iglesias y castillos por toda Europa. Poseían barcos y enviaban dinero a los reyes europeos. Al final, los Templarios dejaron de ocupar Tierra Santa y empezaron a proteger a cualquiera que hiciera un viaje espiritual. Establecieron vínculos con grupos heréticos como los bogomiles de Bulgaria o los cátaros en Francia. Se trataba de gnósticos que creían que el alma se halla atrapada dentro del cuerpo. Únicamente los individuos a los que les ha sido concedido un conocimiento secreto son capaces de escapar de la prisión del cuerpo y cruzar a otros dominios.

– Y entonces los Templarios fueron destruidos -dijo Gabriel.

Maya asintió lentamente, como si estuviera recordando la historia que había aprendido tiempo atrás.

– El rey Felipe el Hermoso de Francia temía su poder y deseaba hacerse con sus posesiones. En 1307 envió sus tropas contra el cuartel general de los Templarios y los detuvo por herejía. El gran maestre de la orden fue quemado en la hoguera, y la orden dejó de existir, al menos públicamente. La verdad es que sólo murieron unos pocos. La mayoría de ellos se ocultó y pasó a la clandestinidad, donde continuó con sus actividades.

– Hora de comer -anunció Hollis dejando un plato con emparedados calientes en la mesa mientras Vicki acababa de preparar la ensalada de frutas.

Todos se sentaron y empezaron a comer. Maya se había relajado un poco, pero el ambiente seguía siendo incómodo. La Arlequín contempló a Gabriel como si intentara averiguar si poseía el don de cruzar, y éste pareció leerle el pensamiento, clavó la mirada en el plato y se dedicó a la comida.

– ¿Y por qué os llaman Arlequines? -pregunto Hollis a Maya-. ¿Los Arlequines no son una especie de actores con la cara pintada, como los payasos?

– Adoptamos ese nombre en el siglo XVII. El Arlequín es uno de los personajes de la Commedia dell'arte italiana, por lo general un sirviente muy listo. Siempre va vestido con un conjunto de rombos. A veces toca el laúd o tiene una espada de madera. Los Arlequines siempre llevan una máscara que oculta su identidad.

– Pero se trata de un nombre italiano -repuso Hollis-. Me habían dicho que los Arlequines solían estar en Japón, en Persia o en cualquier lugar del planeta.

– En el siglo XVII, los Arlequines europeos empezaron a entrar en contacto con guerreros de otras culturas que también defendían a los Viajeros. Nuestra primera alianza fue con los sijs del Punjab. Al igual que los Arlequines, los sijs más devotos llevan encima un cuchillo ritual llamado kirpan. Más o menos por la misma época, también establecimos contacto con guerreros budistas y sufíes. En el siglo XVIII se nos unió una orden de luchadores judíos de Rusia y el este de Europa dedicada a proteger a los rabinos que estudiaban la Cábala.

Vicki se volvió hacia Gabriel.

– León del Templo, el Arlequín que defendió al Profeta provenía de una familia judía.

Hollis parecía divertirse.

– ¿Sabéis?, he estado en esa ciudad de Arkansas donde lincharon a Isaac Jones. Hace treinta años, los de la NAACP y algún grupo judío se juntaron y levantaron una placa en recuerdo de Zachary Goldman. Hacen que parezca un asunto de amor y fraternidad porque ese Arlequín se cargó a dos cabrones racistas con una palanqueta.

– ¿Ha habido alguna vez una reunión de Arlequines? -preguntó Gabriel-. ¿Se han encontrado alguna vez los distintos grupos bajo un mismo techo?

– Eso no ocurrirá nunca. Los Arlequines aceptan el azar de la batalla. No nos gustan las normas. Las familias Arlequín están unidas mediante vínculos matrimoniales, de tradición y amistad. Algunas han sido aliadas durante siglos. No hemos elegido líderes ni tenemos una regla fundacional. Ésa es la manera Arlequín de ver el mundo. Algunos Arlequines luchamos porque ése es nuestro destino. Otros lo hacemos para defender la libertad. Y no me refiero a la facultad de poder elegir entre catorce marcas distintas de dentífrico ni a la locura que lleva a un terrorista a volarse dentro de un autobús. La verdadera libertad es tolerante. Da a la gente la posibilidad de que piensen y vivan de otra manera.

– Sigo queriendo saber más de «Condenado por la carne, salvado por la sangre» -dijo Hollis-. ¿A qué sangre te referías? ¿A la de la Tabula, los Arlequines o los Viajeros?

– Escoge la que quieras -repuso Maya-. Puede que me refiriera a todas.

Únicamente había un dormitorio en toda la casa. Hollis propuso que las dos mujeres compartieran la cama. Él y Gabriel dormirían en el salón. Vicki se dio cuenta de que a Maya no le gustaba la idea. Una vez encontrado Gabriel, parecía hallarse incómoda si no lo tenía a la vista.

– No pasará nada -le susurró-. Gabriel estará apenas a unos metros. Si quieres, podemos dejar la puerta abierta. Además, Hollis tiene un rifle.

– Hollis es un mercenario. No estoy segura de hasta qué punto está dispuesto a sacrificarse.

Maya repitió varias veces el trayecto del salón al dormitorio, como si pretendiera memorizar la situación de puertas y paredes. Luego pasó al dormitorio y deslizó sus dos cuchillos entre el colchón y el somier. Ambos mangos sobresalían. Si dejaba caer la mano podía desenvainar al instante cualquiera de los dos. Por fin se metió en la cama. Vicki se estiró a su lado.

– Buenas noches -le dijo, pero Maya no contestó.

Vicki había compartido cama con su hermana mayor y distintas primas en vacaciones y estaba acostumbrada a que no dejaran de moverse. Maya le resultaba completamente distinta. La Arlequín yacía boca arriba, con las manos apretadas en puños. Parecía como si un peso gigantesco le presionara el cuerpo.

26

Cuando Maya se despertó a la mañana siguiente vio un gato negro con el cuello blanco sentado sobre la cómoda.

– ¿Qué quieres? -le susurró, aunque no consiguió respuesta alguna.

El gato saltó al suelo, se deslizó por la puerta entreabierta y la dejó sola.

Maya escuchó voces y se asomó a la ventana del dormitorio. Hollis y Gabriel se encontraban en el camino de acceso, inspeccionando la moto averiada. Comprar un neumático nuevo suponía una transacción económica y entrar en contacto con un comercio conectado a la Gran Máquina. En esos momentos, la Tabula ya sabría lo de la moto y habría activado sus programas de búsqueda para rastrear las ventas de neumáticos de moto en la zona de Los Ángeles.

Mientras reflexionaba sobre cuál debía ser su siguiente movimiento, fue al baño y se dio una ducha rápida. Las fundas dactilares que le habían permitido pasar todos los controles de inmigración se le estaban empezando a desprender de las yemas de los índices igual que piel muerta. Se vistió, se ató los cuchillos a los antebrazos y comprobó el resto de armas. Al salir del baño, el gato negro reapareció y la acompañó fuera del cuarto. Vicki estaba lavando platos en el fregadero de la cocina.