Ahora Elaine Marx, la misma que presentó la conferencia de ayer, hace una pregunta:
– En su conferencia argumentó usted que se usaban con mala fe diversos criterios (¿puede razonar esta criatura?, ¿puede hablar esta criatura?) para justificar unas distinciones que no tienen base real, entre Homo y primates, por ejemplo, y de este modo justificar la explotación.
»Y, sin embargo, el mero hecho de que pueda estar usted rebatiendo estos razonamientos, exponiendo su falsedad, comporta que tiene usted cierta fe en el poder de la razón, del razonamiento verdadero por encima del razonamiento falso.
»Déjeme concretar mi pregunta refiriéndome al caso de Lemuel Gulliver. En Los viajes de Gulliver, Swift nos da la visión de una utopía racionalista, la tierra de los llamados houyhnhnms, en donde resulta no haber sitio para Gulliver, que es lo más cercano que Swift nos presenta a una representación de nosotros, sus lectores. Pero ¿quién de nosotros querría vivir en la tierra de los houyhnhnms, con su vegetarianismo racional y su gobierno racional y su visión racional del amor, el matrimonio y la muerte? ¿Querría siquiera un caballo vivir en una sociedad tan perfectamente regulada y totalitaria? Y lo que es más pertinente para nosotros, ¿cuál es el historial de las sociedades totalmente reguladas? ¿No es un hecho que acaban derrumbándose o volviéndose militaristas?
»Concretando, mi pregunta es la siguiente: ¿no está usted esperando demasiado de la humanidad cuando nos pide que vivamos sin explotar a otras especies y sin crueldad? ¿No es más humano aceptar nuestra humanidad, aunque eso comporte admitir en nuestro seno a los carnívoros yahoos, que terminar como Gulliver, ansiando un estado que no puede alcanzar nunca, y por una buena razón: que no está en su naturaleza, que es una naturaleza humana?
– Una pregunta interesante -responde Elizabeth-. Swift me parece un escritor fascinante. Por ejemplo, su Una humilde propuesta. Siempre que hay un acuerdo abrumador sobre cómo leer un libro, me pongo alerta. En Una humilde propuesta, el consenso dice que Swift no dice en serio lo que dice, o lo que parece decir. Dice, o parece decir, que las familias irlandesas podrían ganarse la vida criando bebés para que se los comieran sus amos ingleses. Pero no lo puede decir en serio, decimos, porque todos sabemos que matar a bebés humanos y comérselos es una atrocidad. Y, sin embargo, si lo pensamos bien, en cierto sentido los ingleses ya están matando a bebés humanos, porque los dejan morir de hambre. Así que, si lo pensamos bien, los ingleses ya están cometiendo una atrocidad.
»Esta vendría a ser la lectura ortodoxa. Pero ¿por qué, me pregunto, se les embute a los jóvenes lectores con tanta vehemencia? Así es como tenéis que leer a Swift, dicen los maestros, así y de ninguna otra manera. Si es atroz matar a bebés humanos y comérselos, ¿por qué no es atroz matar a lechones y comérselos? Si quieren que Swift sea un ironista macabro en lugar de un panfletista fácil, pueden ustedes examinar las premisas que hacen que su fábula sea tan fácil de digerir.
»Déjenme que me ocupe ahora de Los viajes de Gulliver.
»Por un lado, tenemos a los yahoos, que están asociados con la carne cruda, el olor a excremento y lo que solíamos llamar bestialismo. Por otro lado, están los houyhnhnms, asociados a la hierba, los olores agradables y la ordenación racional de las pasiones. Y en medio de ambos está Gulliver, que quiere ser un houyhnhnm pero en su interior sabe que es un yahoo. Todo eso está muy claro. Igual que con Una humilde propuesta, la pregunta es cómo tenemos que entenderlo.
»Una observación. Los caballos expulsan a Gulliver. La razón aparente es que no cumple el criterio de racionalidad. La razón real es que no tiene aspecto de caballo, sino de otra cosa. En realidad lo que parece es un yahoo disfrazado. Así pues, el criterio de racionalidad que aplican los bípedos carnívoros para justificar su propio estatus especial también lo pueden aplicar los cuadrúpedos herbívoros.
»El criterio de racionalidad. Me da la impresión de que Los viajes de Gulliver funciona mediante la división tripartita aristotélica entre dioses, bestias y hombres. Si se intenta emplazar a los tres tipos de actores en solamente dos categorías (¿quiénes son las bestias y quiénes son los hombres?), la fábula no se entiende. Ni tampoco a los houyhnhnms. Los houyhnhnms son una especie de dioses, fríos y apolíneos. La prueba que llevan a cabo sobre Gulliver es si es un dios o una bestia. Creen que es la prueba apropiada. Nosotros, instintivamente, no lo creemos.
»Lo que siempre me ha desconcertado de Los viajes de Gulliver (y es una perspectiva que pueden esperarse de alguien nacido en una antigua colonia) es que Gulliver siempre viaja solo. Gulliver lleva a cabo viajes de exploración a tierras desconocidas, pero no llega a sus orillas en compañía de un grupo armado, como sucedió en la realidad, y el libro de Swift no dice nada de lo que normalmente sucedería después de las incursiones pioneras de Gulliver: de las expediciones subsiguientes, las expediciones para colonizar Lilliput o la isla de los houyhnhnms.
»La pregunta que hago es: ¿qué pasaría si Gulliver y una expedición armada desembarcaran, dispararan a unos cuantos yahoos cuando estos plantearan una amenaza y luego dispararan a un caballo y se lo comieran? ¿Cómo afectaría eso a la fábula ligeramente demasiado limpia, ligeramente demasiado abstracta y ligeramente demasiado poco histórica de Swift? Ciertamente les supondría un duro golpe a los houyhnhnms, porque dejaría claro que hay una tercera categoría además de los dioses y las bestias: el hombre, categoría a la que pertenece su ex cliente Gulliver. Y también que si los caballos representan la razón, el hombre representa la fuerza física.
«Conquistar una isla y masacrar a sus habitantes es, por cierto, lo que hicieron Odiseo y sus hombres en Trinacia, la isla consagrada a Apolo, un acto por el que el dios los castigó sin piedad. Y a su vez, esa historia parece invocar estratos más antiguos de creencias, de una época en que los toros eran dioses y en que comerse a un dios podía reportarte una maldición.
»Así pues, y perdonen la confusión de esta respuesta, sí, no somos caballos, carecemos de su belleza desnuda, clara y racional. Al contrario, somos primates subequinos, también conocidos como hombres. Dice usted que no se puede hacer nada más que aceptar esa condición, esa naturaleza. Muy bien, aceptémosla. Pero forcemos también la fábula de Swift hasta sus límites y reconozcamos que, en la historia, aceptar la condición de hombres ha comportado masacrar y esclavizar a una raza de seres divinos o bien creados por los dioses y de esa forma hacer caer una maldición sobre nosotros mismos.
Son las tres y cuarto, y faltan un par de horas para el último compromiso de su madre. Él la lleva hasta su despacho por senderos flanqueados de árboles sobre los cuales caen las últimas hojas del otoño.
– Madre, ¿realmente crees que las clases de poesía van a cerrar los mataderos?
– No.
– Entonces, ¿por qué lo haces? Dices que estás harta de charla erudita sobre los animales y de silogismos para demostrar que tienen o no tienen alma. Pero ¿acaso la poesía no es otra clase de charla erudita, eso de admirar los músculos de un gato grande en verso? ¿No estabas intentando decir que hablar no cambia nada? A mí me parece que el nivel de conducta que quieres cambiar es demasiado elemental para que resulte afectado por lo que hablamos. La condición de carnívoros expresa algo muy arraigado en los seres humanos, igual que está muy arraigado en los jaguares. A un jaguar no lo vas a poner a dieta de soja.
– Porque se moriría. Los seres humanos no mueren cuando siguen dietas vegetarianas.