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Molly tuvo un sentimiento cálido ante su tono compasivo. Pensó que Daniel sabía por instinto lo que debía decir. Estaba tan orgullosa de él que apenas podía hablar.

Sin embargo, se concentró en Sonya.

– Ya sabes que si hay algo que yo pueda hacer…

Sonya le dio a Molly un abrazo impulsivo.

– Lo sé. Pero como ya te he dicho, tu familia está siendo maravillosa conmigo. Gracias a Edna tenemos comida casera todas las noches, Robin me llama a menudo desde la universidad y, si no fuera por Jessie, Seth no podría ni siquiera soportar ir al instituto. Y tu padre, bueno, está siendo mi apoyo.

Parecía que se estaba repitiendo intencionadamente, en aquella ocasión para los oídos de Hunter.

Y de nuevo, ante la mención de Frank, a Sonya se le iluminó el rostro con algo más que agradecimiento. Molly se sintió inquieta.

– Vosotros dos sois amigos desde hace mucho tiempo -dijo.

– Voy a tener que hablar con usted sobre la noche del asesinato -las interrumpió Hunter.

– Lo entiendo. Sólo tienes que decirme cuándo.

– Mañana mismo estaría bien.

– Pues mañana -dijo Sonya, y miró la hora-. Bueno, ahora tengo que irme. A mi coche -añadió, aturulladamente-. Llego tarde a… a casa.Tengo que llevarle la cena a Seth. Bueno, me alegro de haberte conocido, Daniel -le dijo.

– Lo mismo digo.

– Nos veremos mañana. Me viene bien a cualquier hora después de las diez de la mañana.

Después, pagó rápidamente, tomó la pizza y salió del establecimiento.

– Es muy agradable -dijo Hunter.

– Sí. Y mi padre la adora. Hoy estaba un poco rara, pero estoy segura de que, dadas las circunstancias, es normal.

– Probablemente. ¿Estás lista para marcharnos, o tienes que…?

– Dame un segundo para que vaya al servicio.

Molly se lavó las manos con un jabón de color fucsia, y un fuerte olor a mora invadió la pequeña habitación. Se acercó al alféizar de la ventana, donde estaban las toallas de papel, y se secó las manos mientras miraba distraídamente hacia el aparcamiento. Entonces, vio a Sonya caminando con la caja de la pizza. Molly pensó que iba a recoger su coche, tal y como había dicho, pero Sonya se quedó inmóvil tras unos segundos.

Mientras Molly la observaba con curiosidad y tiraba la toalla en la basura, vio un Jeep de color azul marino que entraba en el aparcamiento. Su padre tenía un Jeep azul marino. «Como mucha otra gente», pensó Molly.

Sin embargo, sólo la matrícula de su padre era MEL629. Eran las primeras letras del nombre de su difunta esposa y la fecha de su aniversario. Robin le había contado a Molly que era la matrícula del coche de su madre, y que su padre no había podido deshacerse de ella al vender el vehículo. La matrícula pasaba a todos los coches que compraba el general desde entonces.

Al ver a Frank, Sonya sonrió. La expresión de su rostro bajo la luz de las farolas era de pura alegría y placer. ¿Acaso eran algo más que amigos?, se preguntó por primera vez.

No, ninguno de los dos hubiera cometido adulterio. Sonya no traicionaría a su marido, y Frank no traicionaría a su mejor amigo. Y ella no creía que hubieran podido comenzar una aventura en el poco tiempo que había transcurrido desde la muerte de Paul. Ninguno de los dos era tan insensible ni tan frío.

Sin embargo, eso no significaba que no hubiera sentimientos entre ellos. Molly se pellizcó el puente de la nariz, pensando en las mentiras que parecía que le habían contado aquella noche.

Se suponía que su padre estaba en un acto benéfico, no recogiendo a Sonya en el aparcamiento de la pizzeria. Y se suponía que Sonya iba hacia su coche para llevarle la cena a Seth. No obstante, a veces existían explicaciones lógicas para los cambios de planes. Quizá su padre se hubiera aburrido en la fiesta y se hubiera marchado temprano, y quizá Sonya lo hubiera llamado y le hubiera pedido que le hiciera compañía. Además, Sonya no le debía a Molly explicaciones sobre sus medios de transporte.

Allí no había nada malo, pensó Molly, intentando convencerse desesperadamente; pero tuvo la horrible sensación de que estaba reviviendo lo que había ocurrido el año anterior. Justo antes de que dispararan al prometido de su madre y el mundo de Molly se hubiera desmoronado drásticamente.

Comenzó a sentir un intenso dolor de cabeza. Las preguntas le bombardeaban la mente con furia. ¿Por qué había mentido Sonya para verse con su padre? Si eran dos adultos que querían charlar, ¿por qué no podían admitirlo? ¿Por qué se comportaban como si tuvieran algo que ocultar?

Se estremeció y salió del servicio para reunirse con Hunter.Ya lo había tenido esperando suficiente tiempo.

Veinte minutos después, llegaron por fin a casa, después de un día muy largo. Ella no le había contado lo que había visto desde la ventana del baño. Aunque se sentía muy culpable por no darle aquella información, no era capaz de revelar sus sospechas. La unidad de su familia dependía de la defensa legal de Hunter y de su fe en el general.

Ella quería que Daniel creyera que su padre no habría matado a su socio por un desfalco, y aquella noche Daniel había admitido que Frank podía ser inocente. Molly sabía que su padre no asesinaría por dinero, pero…

No podía evitar hacerse la pregunta de si habría matado por amor.

Hunter se dirigió directamente al despacho que le servía de habitación para abrir su maletín mientras Molly escuchaba los mensajes del contestador automático. Había dos.

El primero era de Lucinda, que todavía estaba un poco achispada, pero feliz, y que le daba las gracias a Molly y a su querido amigo Hunter, y también a Edna, que había ido a la fiesta un poco más tarde, por haberla ayudado a hacer de su cumpleaños algo especial.

Molly tenía la sensación de que la fiesta había transcurrido un año antes, y no aquella misma mañana. Le dejó una nota a la comandante para que llamara a su amiga al día siguiente.

El segundo mensaje era de Jessie para su padre.

– Hola, papá, soy yo. Sé que no se te va a olvidar, pero, por si acaso, te recuerdo que tienes que recogernos a Seth y a mí a las once, en casa de Sarah. Y si quieres venir un poco antes, mejor. Seth no está de muy buen ánimo, y a mí tampoco me importa irme temprano.

Molly sacudió la cabeza. Oh, no. No. Verdaderamente, no quería más pruebas de que su padre y Sonya le hubieran mentido con deliberación.

– Creía que Seth estaba en casa esperando la cena -dijo en voz alta. Era la explicación que le había dado Sonya.

Molly se pasó la mano por el pelo y exhaló un largo suspiro. ¿Estaban enamorados su padre y Sonya? Y si aquello era cierto, ¿durante cuánto tiempo podía ocultárselo Molly a Hunter?

En pocos minutos, la comandante llegó a casa con Jessie. Finalmente, no era Frank quien había ido a recoger a los niños a la fiesta, sino Edna. Aquello era una confirmación más del presentimiento de Molly: que había algo entre Sonya y su padre.

Sin embargo, no quería pensarlo en aquel momento. Al día siguiente escucharía atentamente las respuestas de Sonya cuando Hunter la entrevistara, y decidiría la importancia de aquella noticia y si podía mantener el secreto un poco más. Hunter estaba haciendo progresos en el caso, y ella no quería darle motivos para que desconfiara de la integridad de su padre.

Había planeado que aquella noche iba a terminar lo que Hunter había comenzado por la mañana.

Después de que todo el mundo se hubiera acostado, Molly tomó una ducha caliente. Se estaba preparando para la seducción. Ciertamente, no creía que tuviera que seducir mucho a Daniel para que sucumbiera, pero quería estar muy guapa cuando entrara en el despacho.

No tenía ropa interior sexy, pero tenía un camisón muy bonito que le había regalado Liza por Navidad para animarla a que terminara con su patética falta de vida amorosa. Molly no había tenido necesidad de ponérselo hasta aquel momento.