– Paul llegó a casa. Se encerró en su oficina, y yo supe que era mejor no molestarlo. Últimamente estaba de muy mal humor. Sin embargo, comencé a oír ruidos en el despacho, como si Paul lo estuviera destrozando todo. Así que abrí la puerta.
Sonya se quedó callada, con los ojos humedecidos.
– ¿Qué pasó después? -le preguntó Molly suavemente.
– Le pregunté a Paul qué ocurría y él me dijo que lo había perdido todo. Yo apenas entendía lo que trataba de explicarme, hasta que él comenzó a hablar de desfalcar dinero del negocio y de que Frank lo había averiguado. Paul no dejaba de gritar que lo había perdido todo.
Le temblaron los hombros. Hunter se admiró de que pudiera mantener la compostura y la fortaleza.
Sonya sacudió la cabeza como si todavía no diera crédito a lo que había ocurrido.
– Yo perdí los nervios y comencé a gritar también. Le dije que había destrozado nuestra familia y nuestra reputación, y también el futuro de Seth. Le dije que nunca lo perdonaría -dijo, y se le quebró la voz.
– ¿Y después? -inquirió Molly.
– Después, Paul me golpeó -susurró Sonya.
Hunter se estremeció.
Molly tomó aire bruscamente, y por su reacción, él se dio cuenta de que no sabía nada del carácter de Paul.
– Le dije que habíamos terminado. Que se marchara de aquí. Él lo hizo. Salió hecho una furia y aquélla fue la última vez que lo vi, hasta que… -sacudió nuevamente la cabeza y se tapó la cara con las manos al recordar el asesinato de su marido.
Hunter alzó la vista y se dio cuenta de que Molly había salido de la habitación y volvía con un vaso de agua para Sonya. Se lo entregó y tomó asiento a su lado.
– Tengo algunas preguntas más, si está bien para continuar -le dijo Hunter.
Sonya tomó un sorbo de agua.
– Estoy bien.
– El general dijo que usted lo había llamado para que acudiera aquí.
Ella asintió.
– Me avergüenza admitirlo, pero me derrumbé después de que Paul se marchara. Acababa de descubrir que habíamos perdido nuestro dinero, nuestros ahorros… y mi marido había… Paul destrozó su despacho. Yo estaba histérica.
– Y después de todo eso… ¿la primera persona a la que llamó fue a Frank? ¿No a una amiga, ni a una vecina?
– ¡Hunter! -exclamó Molly a su lado-. ¡Esa es una pregunta horrible!
– En realidad, es una pregunta de sentido común. Una que podría ocurrírsele a cualquier miembro del jurado. Mi trabajo es prever todas esas cuestiones.
– No pasa nada -intervino Sonya-. Por muy raro que parezca, Frank es mi mejor amigo.
– ¿Era también Paul su mejor amigo?
Molly alzó las manos al aire y se puso en pie.
– Este es un interrogatorio absurdo.
– ¿Por qué? ¿Por qué es absurdo preguntar si su marido no era también su mejor amigo? -inquirió Hunter, mirándola con los ojos entornados a causa de su vehemente reacción.
– Porque ella acaba de admitir que la maltrataba.
– A veces, las relaciones no tienen sentido para los demás -dijo Hunter, y se volvió hacia Sonya-. Me parece raro que usted recurriera a Frank y no a alguna de sus amigas en un momento así.
Molly gruñó de frustración.
Entre aquella frustración de Molly y el silencio de Sonya, Hunter tenía la sensación de que se estaba acercando a un secreto de las dos familias. Al principio, él sólo estaba formulando preguntas que podría hacer o no un jurado en el transcurso de un juicio. En aquel momento, sin embargo, se daba cuenta de que era algo serio.
– Estás siendo insultante con una mujer que acaba de perder a su marido -le dijo Molly, defendiendo a Sonya.
– Y tú estás demasiado cerca de esta situación como para ver las cosas con claridad.
Daniel quería recordarle a Molly que no era sólo un miembro de la familia, sino una profesional que conocía las reglas del juego. Ella lo había contratado para que hiciera su trabajo lo mejor posible, y eso significaba pasar por encima de cualquiera que representara un obstáculo para la defensa de su cliente.
– Dios Santo, dejad de discutir por mí, por favor -dijo Sonya, que también se puso en pie-. Hay una explicación sencilla, de verdad. Llamé a Frank aquella noche porque es el único que sabía que Paul me había pegado más veces.
Molly se quedó en silencio a su lado, sin mirar a Hunter.
Sonya sacudió la cabeza.
– Así que él era el único al que podía llamar cuando ocurrió de nuevo.
Sin embargo, también había dicho que era su mejor amigo, y Hunter no se quitaba aquellas palabras de la cabeza. Muy pocas personas casadas usarían esas palabras para describir su relación con un miembro del sexo opuesto que no fuera su cónyuge. Y hasta el asesinato de su marido, Sonya había estado casada. Lo cual planteaba una pregunta: ¿eran Sonya y el general algo más que amigos?
En su primera reunión con el general, Hunter había notado que se mostraba muy protector con la viuda. ¿Podía haber matado Frank a su socio porque había pegado a Sonya otra vez? ¿Y qué ocurría exactamente entre ellos dos?
– ¿Cómo reaccionó Frank cuando supo que Paul la había golpeado otra vez? -preguntó Hunter con toda la suavidad que pudo. No quería presionar a Sonya hasta el punto en que la viuda cancelara la entrevista.
Además, tampoco estaba contento con la actitud defensiva de Molly. Se preguntó si ella sabría algo sobre la relación de su padre con Sonya que él ignoraba.
Sonya se encogió de hombros.
– Frank se disgustó mucho cuando vio la marca que me había hecho en la cara. También estaba muy enfadado, porque Paul le había robado y había perdido todo lo que tenía. Pero no estaba lo suficientemente enfadado como para matar. Frank no sería capaz de…
Hunter sabía que no podía decir que el general no era capaz de matar, porque el general Frank Addams era un militar.
Había luchado en la guerra.
Había matado antes.
– El ejército es algo diferente -dijo Sonya.
– Estoy de acuerdo -convino Molly.
Hunter no iba a discutir con ellas en aquel momento. Tenía la cabeza llena de información y de nociones que debía evaluar.
En aquel momento, Sonya recibió una llamada de teléfono.
– Disculpadme -dijo, y respondió-. ¿Sí? Hola, hola -murmuró, y sonrió de una manera muy femenina, feliz, antes de darse la vuelta y alejarse un poco para poder hablar más privadamente-. Sí, sí, todavía estoy ocupada.
Hunter no pudo evitar oír la conversación, y no tenía ninguna intención de dejar de hacerlo.
– Lo estoy haciendo lo mejor que puedo. No, no te preocupes, aunque te lo agradezco. Sí, te llamaré cuando termine.
Su voz tenía una calidez reservada para la gente amada, pensó Hunter. Y sus ojos tenían un brillo que él había percibido antes, durante su conversación del día anterior.
Sonya colgó.
– Disculpadme.
– ¿Era el general? -preguntó Hunter sin ambages.
Sonya arqueó las cejas.
– Bueno, sí, era él. ¿Cómo lo has sabido?
– Muy sencillo. Se le ilumina la cara cuando habla de él. O con él.
– Estoy muy cansada -dijo Sonya, y se sentó-. Y no soy capaz de mentir nunca, así que hoy menos. Sí, Frank y yo tenemos una relación especial. Somos muy importantes el uno para el otro, pero yo nunca, nunca engañé a mi marido.
La mirada de Hunter se clavó inmediatamente en Molly, que no había reaccionado en absoluto durante aquella declaración de Sonya. Molly, que había cuestionado sus tácticas para impedir que él averiguara cuál era la relación entre Frank y Sonya. Daniel se quedó decepcionado con ella y con su falta de confianza básica en él.
– Me gustaría que nos permitiera mirar en el despacho de Paul -le dijo Hunter a Sonya-. Quizá descubramos algo que pueda resultar útil.
Ella asintió.
– Por supuesto. Quiero ayudar a Frank.
– Lo sé, y lo mejor que puede hacer es ser sincera conmigo. Siempre -insistió-. Cualquier cosa que yo ignore puede volverse contra mí. Si conozco los hechos, aunque tengan mala cara, podré trabajar con ellos. ¿De acuerdo?