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– Tenemos que creer en la justicia -le dijo Jessie, intentando actuar como haría Molly. Intentando calmar a Seth.

– Hay muchas cosas que pueden salir mal. Si tu padre va a la cárcel, será culpa mía.

Aquello no tenía sentido.

– No lo entiendo. ¿Por qué iba a ser culpa tuya? Tú no…

– ¡Sí! Yo lo hice. Maté a mi padre, e iba a contarlo, pero me asusté. Y entonces llegó el amigo de Molly, y todo el mundo confiaba en él y yo pensaba que iba a sacar a Frank de la cárcel. Pero ahora, ni siquiera él mismo lo ve claro.

Jessie se quedó helada.

– ¿Tú mataste a tu padre?

Él asintió.

– Fue un accidente. Volvió a pegar a mi madre. Engañó a tu padre y destruyó el negocio, y mi madre le dijo a gritos que yo no podría ir a la universidad y que había destrozado nuestra vida. Él le pegó. Yo tomé su arma, sólo para asustarlo. Quería ser un hombre por el bien de mi madre -dijo entre lágrimas.

Jessie no podía creerse lo que estaba oyendo. Sintió náuseas y escalofríos.

– ¿Qué ocurrió? -le preguntó.

– Tomé la copia de la llave de su oficina y fui hasta allí. Cuando llegué, mi padre estaba muy borracho. Así que cuando aparecí con el arma se rió de mí. Me dijo que no tenía agallas para usar la pistola. Y tenía razón. Él fue quien tiró del cañón del arma, y yo también tiré hacia atrás. Sólo quería quitársela, no apretar el gatillo. No quería hacerlo. Me asusté tanto que salí corriendo. Volví a casa. Tu padre estaba allí con mi madre. Ellos ni siquiera me oyeron llegar.

Jessie no podía tragar saliva.

– ¿Qué hiciste con el arma? -susurró.

– Me sentía tan mal que no sabía qué hacer. Aquella noche la guardé en una bolsa de plástico y la metí bajo la cama. Al día siguiente la eché al contenedor que hay junto a la escuela -explicó él, mirando a Jessie con una expresión de angustia-. Yo quería a mi padre. No quería hacerlo. Y tampoco quiero que tu padre vaya a la cárcel, pero me da mucho miedo que me envíen a mí.

Entonces, su voz se quebró, y Seth pareció más un niño pequeño que un chico que había hecho algo horrible. Una vez que confesó, se sentó y ocultó la cara contra el brazo del sofá. Su cuerpo comenzó a sacudirse.

Jessie no sabía qué hacer. Estaba asustada, mareada. Sin embargo, abrazó a su amigo con fuerza y dijo lo que ella habría querido oír si hubiera hecho algo feo.

– Sigues siendo mi mejor amigo.

Pensó mucho en qué debían hacer. Ella quería a su padre, pero creía que estaría bien gracias a Molly y a Hunter. Tenía que estarlo.

– Lo que yo pienso -le dijo a Seth-, es que debemos confiar en que Hunter conseguirá exculpar a papá.

– Pero Hunter dijo…

– No importa -lo interrumpió Jessie-. Molly dijo que confía en él. Y yo no puedo creer que esté diciendo esto, pero si Molly confía en Hunter, creo que nosotros también deberíamos hacerlo.

Tomó aire profundamente y asintió, segura de su decisión.

– Sí. Eso es lo que creo que debemos hacer.

Cerró los ojos y rogó al cielo que estuviera en lo correcto.

Capítulo 15

Unos días después, mientras Hunter tomaba el café por la mañana con la comandante en la cocina, sonó su teléfono móvil. Su oficina había recibido la noticia de que la vista para pedir la retirada de cargos contra el general se había fijado para comienzos de la semana siguiente. Se lo dijo a la comandante, y en quince minutos, toda la familia del general, Sonya y Seth se habían reunido en la cocina. No esperaba tener tanto público, pero supuso que era lógico contarle detalladamente su plan a todo aquél que estaba involucrado.

Frank se sentó en un extremo de la mesa. Sonya se quedó de pie a su lado, con la mano apoyada en su hombro, con un cariño y un apoyo evidentes. Robin, que había vuelto de la universidad para pasar el fin de semana en casa, se sentó junto a Molly, mientras que Seth y Jessie permanecieron cerca de la puerta.

Hunter miró todas las caras, que se habían vuelto familiares para él en el corto periodo de tiempo que había pasado en aquella casa, y sintió pánico. Todos contaban con él. Y aunque todos sus clientes del pasado, y sus familias, habían contado con él, aquella gente era especial. Eran la familia de Molly. Para él, nunca había habido dos palabras que tuvieran tanta importancia. Ella se había pasado la vida buscando el amor y la aceptación que había encontrado allí. Y Hunter tenía su futuro en las manos. Comenzó a sudar.

– En resumen, esta vista es nuestra última oportunidad de que retiren los cargos antes de ir a juicio -dijo, intentando mantener un tono de voz calmado-. Sin pruebas sólidas que puedan exculpar al general, voy a incidir en esa misma falta de pruebas para acusarlo. Presentaré nuestra versión de lo que ocurrió la noche del asesinato, dónde estaba el general y por qué debería creerlo el tribunal, basándose en su carácter. Ofreceré nombres de sospechosos alternativos y señalaré que la policía no ha investigado a nadie salvo al general, y que al no hacerlo, no han completado el peso de la prueba. ¿Alguna pregunta?

Todo el mundo habló a la vez. Daniel se vio rodeado por una cacofonía de sonidos y no pudo entender nada hasta que, por fin, una voz se impuso a las demás.

– Pero conseguirá sacar a Frank, ¿no? Si no es en la vista, será en el juicio, ¿verdad? -preguntó Seth desde el otro lado de la habitación. Estaba apoyado contra el quicio de la puerta, con aspecto de ser lo que era: un niño de quince años muy asustado.

Hunter captó su desesperación y lo entendió. En el general, Seth veía a la última figura adulta masculina de su vida, y no quería perderlo también a él además de haber perdido a su padre. Hunter nunca había tenido un modelo masculino propio, pero sí conocía el miedo. Y podía imaginarse el temor que Seth estaba experimentando en aquel momento.

Tragó saliva. Deseaba poder darle al niño la respuesta que buscaba, pero después de años de experiencia había aprendido a ser honesto con las familias.

– Haré lo que pueda, pero tengo que ser sincero: éste es un caso difícil. No tenemos ningún factor de nuestro lado, salvo el carácter de Frank y, perdón por decir esto, la falta de carácter de Paul. Ojalá pudiera aportar algo más, pero tengo que ser realista.

– Todos nos alegramos de tenerte del lado de Frank -dijo Edna, desde su sitio en la mesa.

Daniel se preguntó si se sentirían de la misma manera en caso de que fracasara.

Ya que Hunter y el general estaban encerrados, dedicándose a preparar la estrategia para la vista, Molly decidió acercarse al centro de mayores para la clase de pintura que su amiga Liza daba a los residentes.

Además de visitar a Liza y a Lucinda, pretendía huir de su madre, que la había llamado para pedirle favores y recados. Molly había terminado por ceder y la había acompañado a tomar café en su hotel; después había tenido que ir a recogerle los trajes al tinte, y después le había dicho que tendría que encontrar la manera de resolver sus propios problemas, porque Molly también tenía los suyos.

Mientras los alumnos de Liza pintaban un bodegón, Molly y ella salieron al pasillo para charlar unpoco. Molly estaba hablándole de cómo iba el caso del general cuando sonó su teléfono móvil. Ella respondió.

– ¿Sí?

– Molly, soy papá. Tienes que venir a casa enseguida. Seth no aparece. Nadie sabe dónde está, y Jessie está encerrada en su habitación. No quiere hablar con nadie, y me tiene muy preocupado.

Durante todo el trayecto de vuelta a casa, Molly intentó imaginarse la agonía por la que estaba pasando Seth. Su padre había sido asesinado, su madre estaba destrozada y la única persona que ejercía una influencia masculina en su vida estaba acusada del crimen y podía ser condenada a cadena perpetua. Si los adultos tenían problemas para enfrentarse a todo eso, ¿cómo iba a conseguirlo un adolescente?