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Y además estaba Jessie, que se preocupaba por Seth como si fuera su hermano. Molly pensaba que, si Jessie supiera lo que le había ocurrido, se vería dividida entre guardarle el secreto a Seth o hacer lo correcto y contarlo para que él volviera sano y salvo a casa.

Los problemas emocionales de Molly palidecían en comparación con todo aquello, y se sintió como una niña egoísta por preocuparse de sí misma. Debía apartarse aquellos supuestos problemas de la cabeza mientras se ocupaba de su familia. Incluyendo sus sentimientos por Hunter.

Edna estaba actuando como una comandante de verdad. Mientras todo el mundo se derrumbaba a su alrededor, ella mantenía unida a la familia. Molly entró en la casa y encontró una lasaña haciéndose en el horno para la cena, y a su abuela preparando una enorme ensalada. El general estaba hablando por teléfono con el departamento de policía, y Sony estaba a su lado. Hunter estaba solo en una esquina de la sala de estar, junto a la ventana, hablando con Ty acerca de poner a un investigador privado tras la pista de Seth.

Sólo el hecho de ver a Hunter dando instrucciones hizo que Molly se sintiera mejor. Él advirtió su presencia y le hizo un gesto para que se acercara mientras colgaba el teléfono y se lo metía al bolsillo.

Sin pensarlo dos veces, la abrazó.

– Todo va a salir bien -le prometió.

Cuando Hunter hablaba, ella lo creía. Dejó que la envolviera entre sus brazos y se relajó apoyándose en su forma masculina. Olía bien, y Molly no quería salir de su refugio cálido, seguro.

– ¿Cómo sabemos que se ha fugado y no que ha salido y todavía no ha vuelto? -preguntó Molly.

– Dejó una nota para su madre que decía: «Te quiero. Estoy asustado y necesito tiempo para pensar». Además, cuando Jessie se enteró de la noticia, insistió en que no creía que él hiciera nada drástico y se encerró en su habitación. No quiere hablar con nadie. A mí no me parece que Seth se haya ido a la biblioteca.

– A mí tampoco. ¿Qué ha dicho la policía?

– Están investigándolo, pero son los mismos que apuntaron a tu padre.

– ¿Y por eso has llamado a Ty?

Hunter asintió.

Molly miró hacia arriba, donde Jessie se había encerrado.

– Jessie debe de estar fuera de sí.

– Lo está. Por eso Robin va a venir esta noche. Tu padre pensó que quizá se abriera más a ella.

Molly asintió.

– Están muy unidas.

Sin embargo, todavía quedaban horas para la noche.

– Me pregunto si querrá hablar conmigo. Estamos progresando en nuestra relación -dijo Molly, mordiéndose el labio inferior.

– Me parece una buena idea -dijo Hunter, cuyos ojos se iluminaron ante la sugerencia-. Jessie está empezando a idolatrarte, y quizá confíe en ti.

– ¿Idolatrarme? -preguntó Molly con una carcajada.

– Eh, no subestimes el efecto que tienes en ella. No quería el jersey amarillo por nada -le dijo Daniel, y tomándola de la mano, la llevó hacia las escaleras.

– Entonces, ¿ahora eres experto en psicología adolescente?

– Creo que me estoy convirtiendo en experto en tu familia.

Se detuvo frente a la habitación de Jessie. La música sonaba con fuerza en el interior y se filtraba hacia el pasillo.

– ¿Estás lista?

Ella había estado actuando con el piloto automático desde que se había enterado de lo de Seth. Demonios, desde que a su padre lo habían arrestado por asesinato. El hecho de tener otra conversación difícil con su hermana podía ser la guinda. Tenía un nudo en el estómago y la cabeza estaba empezando a dolerle.

Sin embargo, sonrió a Hunter con confianza.

– Claro que estoy lista.

– Mentirosa -dijo él suavemente-. Pero puedes hacerlo, y seguramente conseguirás respuestas, que es lo importante.

Le tomó la cara entre las manos, la atrajo hacia sí y la besó.

Con aquel beso, le cortó la respiración. La calidez de sus caricias, su solidez, la pura sexualidad masculina que irradiaba eran potentes y poderosas. Molly cerró los ojos y saboreó la fuerza de sus labios y el juego de sus lenguas entrelazándose.

Daniel se retiró demasiado pronto. Sin embargo, tenía la mirada llena de emoción. A ella se le encogió el estómago por algo que no tenía nada que ver con su hermana.

– ¿Por qué ha sido eso? -le preguntó en un susurro.

– Para darte suerte.

Su corazón, que latía a toda velocidad, sentía algo distinto, pero Molly no podía pensar en ello en aquel momento. En vez de eso, inclinó brevemente la cabeza.

– Voy a necesitarla -murmuró ella mientras posaba la mano en el pomo de la puerta.

– Te veré en el despacho de tu padre cuando termines -le dijo él.

Ella asintió.

– Allá voy -dijo.

Hunter tenía un mal presentimiento sobre Seth. Una sensación mala, lacerante, en las entrañas. Y después de años de experiencia, había aprendido a confiar en aquel sentimiento. El instinto le decía que Seth no había huido porque estuviera abrumado con todas aquellas emociones. Seth había huido porque era culpable. El chico había visto u oído algo acerca del asesinato que podía implicar a alguien que le importaba mucho. Con la celebración de la vista a la vuelta de la esquina y todo el mundo tan nervioso, había sentido pánico y se había escapado.

¿Podía haber otra explicación para su huida?

Mientras caminaba por el despacho que había sido su habitación durante más de un mes, Hunter se estrujó el cerebro en busca de otra razón por la que un niño de quince años pudiera marcharse en mitad de una crisis como aquélla.

Sin embargo, no se le ocurría ninguna. Siguió enumerando las posibles causas. La madre de Seth estaba muy afectada, y el otro único apoyo que podía tener ella, Frank, estaba acusado de asesinato. Sonya necesitaba a su hijo, y el chico era lo suficientemente listo como para darse cuenta.

Entonces, ¿le iban mal las cosas en los estudios? La escuela era dura para cualquier adolescente, y un chico maduro como Seth podía enfrentarse a ello, Hunter estaba seguro.

¿La muerte de su padre? Razón de más para estar allí y asegurarse de que se hacía justicia. Seth había dejado claro que no creía que el general fuera culpable. Él debía querer que el nombre de Frank quedara limpio, y que encontraran al verdadero culpable.

Al recordarse a sí mismo a los quince años, Hunter supo que si estuviera en el lugar de Seth, habría buscado respuestas por sí mismo. A menos que ya supiera algo.

Era la única cosa que tenía sentido. Hunter no estaba seguro de qué información conocía Seth sobre el asesinato, pero el instinto seguía diciéndole que estaban en un punto de inflexión en aquel caso.

Supiera lo que supiera Seth, podía cambiar la dinámica de aquella familia para siempre.

Capítulo 16

Molly pensó que se había acostumbrado a vivir con una adolescente, pero cada vez que entraba en la habitación de Jessie, experimentaba algo sobrenatural. Las paredes estaban empapeladas con remolinos en blanco y negro y pegatinas rosas para darle color. Tenía un tablón de corcho lleno de fotografías de sus amigos en la pared, junto a carteles de grupos musicales y películas. Había un espejo sobre el escritorio, rodeado de frascos de maquillaje, y el iPod emitía música a un volumen atronador desde una esquina.

Y Jessie estaba sobre la cama, de cara a la pared.

Ni siquiera se había dado cuenta de que tenía visita.

Molly tomó la silla del escritorio y la acercó hacia la cama. Se sentó, tomó aire y le tocó a Jessie en el hombro.

– ¡Ay! -gritó la niña, y se dio la vuelta hacia Molly-. Caramba, ni te había oído entrar.

– No me sorprende. ¿Puedo bajar la música? -le preguntó Molly, señalando los altavoces del iPod.

Jessie asintió.

– Supongo que sí. Pero eso no significa que vaya a hablar de Seth.

– ¿Y por qué piensas que quiero preguntarte por él?

– Entonces, ¿para qué has venido?