Él le apretó la mano.
– No te quedaba más remedio que decírmelo.
– Cuéntale eso a Jessie.
– No te molestes. Lo he oído por mí misma -dijo Jessie desde la puerta.
Molly sacudió la cabeza. La mirada abatida y asombrada de su hermana daba a entender cómo debía de sentirse.
– Jessie, no tenía elección.
– Yo sí. Yo pude elegir y elegí confiar en ti. Soy idiota por haberlo hecho. Eres una mentirosa.
– Eh, eso está fuera de lugar -dijo Hunter, que salió en defensa de Molly-. Ésta es una situación complicada…
– No te molestes en defenderme. Jessie tiene todo el derecho a estar dolida y enfadada.
Hunter hubiera querido librarle de su sufrimiento, pero sabía que Molly debía hacerle frente al enfado y el dolor de Jessie para resolverlos. Tuvo que resignarse a permanecer en silencio, al menos por el momento.
– Entonces, toda esa historia de que lamentabas no haberle dicho algo a Hunter era mentira, ¿no? Sólo querías que te dijera mi secreto -dijo Jessie, cruzándose de brazos y lanzándole a Molly una mirada de resentimiento.
– No, eso era cierto. Todo. Tú tenías que decirme la verdad. No es posible que pensaras permitir que papá fuera a la cárcel por un asesinato que no ha cometido -le dijo Molly suavemente.
La adolescente negó con la cabeza.
– Pero Seth tampoco puede ir a la cárcel -dijo con la voz temblorosa. Se apoyó en la pared y se deslizó hasta quedar sentada en el suelo con las rodillas encogidas.
Hunter decidió que era hora de intervenir.
– Eso no va a pasar, si es que yo tengo algo que ver. Pero, para protegerlo, necesito saber dónde está. Tengo que oír la historia de sus labios y pensar en la mejor estrategia.
Se acercó a Jessie y se arrodilló a su lado.
– Eres demasiado joven como para llevar a solas un secreto así. Lo sabes. Por eso confiaste en Molly, porque tenías que decírselo a alguien. Y ella no podía ocultar algo tan importante, porque os quiere a Seth y a ti, y también a tu padre. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo?
Jessie asintió sin mirarlo.
– Eso no significa que no esté enfadada.
Hunter entendió que la niña necesitaba tener la última palabra con su hermana.
– ¿Crees que puedes decirme dónde está Seth?
– Está en la iglesia que hay junto a la oficina de papá -murmuró Jessie, apoyando la frente en las rodillas. Hunter la oyó de todos modos.
– Gracias -le dijo, y le tocó el hombro para reconfortarla-. Has sido muy valiente al contárnoslo todo.
Él miró a Molly, que también lo estaba mirando a él con los ojos muy abiertos. Lentamente, se levantó de su posición y le hizo un guiño, intentando decirle sin palabras que todo iba a salir bien.
Sólo esperaba que pudiera cumplir su promesa.
Le dijeron a Frank y a Sonya que sabían dónde estaba Seth, pero Hunter insistió en ir solo a buscar al chico para poder hablar con él y después llevarlo a casa. Molly se imaginó que quería aproximarse a Seth como amigo y como abogado, para que el niño no siguiera viviendo en un estado de pánico y culpabilidad. Nadie mencionó todavía el papel de Seth en el asesinato de Paul. Era él mismo quien debía contarlo.
Molly estaba ansiosa, pero aceptó quedarse en casa. Después de todo, si Sonya podía esperar a que llevaran a su hijo a casa, Molly no iba a ser menos.
Quería ser una buena chica y quedarse con su familia hasta que Hunter abrió la puerta principal, con las llaves del coche de Molly en la mano. Su madre entró en la casa sin invitación, vestida como una diva de telenovela, con un vestido rojo y unos zapatos de altísimo tacón, y unos pendientes de diamantes colgándole de las orejas bajo el gran peinado.
– ¿Es que en esta familia nadie tiene modales? -preguntó Francie al grupo que estaba reunido en la sala de estar-. He llamado y he dejado mensajes en el contestador. Incluso he hablado con la madre de Frank, y le pedí que Molly me llamara. ¿Y he tenido noticias de alguien?
Frank se acercó a ella.
– Creo que todo el mundo tiene preocupaciones más importantes en este momento.
Molly no estaba dispuesta a soportar el comportamiento insensible de su madre en aquel instante.
– He recibido los mensajes, pero no he tenido tiempo de responderte.
Francie caminó hacia ella, imperturbable.
– Bueno, pues me alegro de haber decidido venir aquí y hablar contigo, o quién sabe cuándo te habrías puesto en contacto conmigo.
Por el rabillo del ojo, Molly vio a Hunter deslizándose hacia la puerta.
– En realidad, éste no es un buen momento. Estaba a punto de salir con Hunter -dijo, y se encaminó hacia él.
– ¿Por qué puede ir ella? -preguntó Jessie, que se sentía desplazada, ya que Seth era su mejor amigo.
Molly le lanzó una mirada de disculpa y le hizo un gesto a espaldas de su madre como explicación. Tal vez Jessie estuviera furiosa con ella en aquel momento, pero incluso su hermana tenía que entender que Molly no podía hablar con la princesa caprichosa en aquel momento.
– Me debes una -le dijo Jessie entre dientes.
Molly le lanzó un beso a Jessie y salió por la puerta antes de que Francie pudiera poner una excusa para que su hija se quedara con ella.
Hunter condujo hasta la iglesia siguiendo las indicaciones de Molly. Aunque él hubiera preferido que se enfrentara a su madre, se alegraba de que lo hubiera acompañado. La repentina revelación de la culpabilidad de Seth había provocado que muchas de sus complicadas emociones se desbordaran, y para él era beneficioso tener una tabla de salvación a la que aferrarse.
– ¿Te importa que hablemos? -le preguntó.
Ella negó con la cabeza.
– Siempre y cuando no sea de cómo he evitado a mi madre, te agradezco la distracción.
– Es sobre mí.
– Entonces tienes toda mi atención.
Sin apartar la vista de la carretera, él ordenó sus pensamientos.
– Cuando acepté llevar este caso, no sentía ningún nexo emocional. Quiero decir, que sentía algo por ti, por mucho que intentara negarlo, pero en cuanto al resto de la familia, sólo era el abogado del general.
– Bueno… -dijo Molly, confusa.
– Pero cuanto más tiempo pasaba en casa de tu padre, más afecto le tomaba a todo el mundo. Incluida tú. Ahora ya no soy el abogado imparcial que representa a su cliente. No es que esté afectando a mi capacidad de juicio, pero se ha convertido en algo inquietante.
– Hunter, me alegro de que seas sincero conmigo, pero estoy perdida -le dijo Molly suavemente-. No entiendo bien lo que estás intentando explicarme, ni lo que te inquieta.
– El hecho de que Seth haya matado a su padre ha sido… es… algo enorme para mí. El chico se enfrentó a su padre por su madre. Cometió un crimen, un pecado, para proteger a su madre.
– Continúa.
Él agarró con fuerza el volante y siguió hablando.
– Mi niñez fue horrible. Mi padre siempre estaba borracho y mi madre se lo permitía porque no era mucho mejor que él. La casa siempre estaba llena de basura, de latas vacías y de botellas, de pizzas a medio comer y de cajas de cartón. Más o menos, como la escena que viste en mi apartamento cuando fuiste a visitarme -admitió.
Antes de que pudiera seguir, Molly le señaló un edificio grande que había frente a ellos, y Hunter entró en el aparcamiento de la iglesia y apagó el motor. Sin embargo, no podía apartarse de la cabeza los recuerdos. Una vez que había comenzado a hablar, parecía que no podía parar.
Sabía que para ayudar a Seth, tenía que terminar con aquello en aquel momento.
– Después de que te marcharas, aquel día, miré a mi alrededor y vi mi casa a través de tus ojos. Vi la suciedad en la que vivían mis padres y me sentí asqueado. Ellos gastaban todo el dinero en bebida y en comida barata. Cuando los servicios sociales se hicieron cargo de mí, mis padres habían pasado del alcohol a las drogas y me habían arrebatado a golpes la autoestima.