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– Hunter…

– Deja que termine -le pidió él con la voz ronca-. Con el paso de los años, tomé algunas decisiones equivocadas. La única correcta que tomé, la de ayudar a Lacey me costó terminar en un reformatorio debido al canalla de su tío. Pero en cierto modo, él me hizo un favor, porque me vi obligado a seguir un programa educativo con presidiarios de verdad, y supe cómo podría ser mi futuro si no cambiaba de actitud rápidamente.

Hunter cerró los ojos y recordó el sonido metálico que habían producido las puertas al cerrarse tras él. Los funcionarios que llevaban a cabo el programa se aseguraban de que los niños lo oyeran bien.

– Durante todo este camino, si hubiera hecho algo como lo que ha hecho Seth, y créeme, pero gracias a Dios no lo hice, no habría habido nadie a quien le importara lo suficiente como para que pagara la fianza.

– Lo siento muchísimo -susurró Molly con una lágrima en la mejilla.

Daniel fingió que no se daba cuenta. No quería que sintiera lástima por él.

– El hecho de estar tan cerca de Seth y de su familia ha hecho que me diera cuenta, quizá por primera vez, de la suerte que tengo: los errores que cometí no me han destruido.

– No fue suerte -dijo Molly-. Fuiste tú mismo quien se protegió. Alguien con menos fuerza que tú se habría desmoronado, o habría tomado el camino equivocado. El mérito es tuyo -le aseguró, y le dio un beso en la mejilla.

Él sacudió la cabeza. Su comprensión y su apoyo le produjeron una sensación cálida. De repente tuvo mucho miedo, más del que nunca hubiera sentido en su vida, de perder a la única mujer a la que había querido en su vida.

– Sigo creyendo que tuve buena suerte. Sin embargo, Seth tiene a gente de su lado, y tenemos que convencerlo de que podemos arreglar todo esto.

Molly asintió.

– En eso tienes razón. Y no sólo tiene a sus amigos y a su familia, también tiene al mejor abogado defensor de su lado.

Hunter la miró a los ojos y se rió ante su firme determinación.

– Vamos a llevarlo a casa.

Horas después, Seth estaba sentado en casa, rodeado de su familia, contando su dolorosa historia. En cuanto a Hunter, seguía impresionado por el giro de los acontecimientos. Nunca había considerado sospechoso a Seth, y sentía una gran pena por el chico. Aunque estaba feliz por Molly y por Frank, Hunter también había decidido que representaría a Seth durante el proceso legal. Haría todo lo posible por conseguir un trato con la fiscalía y asegurarle un buen futuro al muchacho.

Después de la impresión y la incredulidad que provocó a todo el mundo la confesión de Seth, ambas familias lo perdonaron y le brindaron su apoyo.

Hunter tenía mucho trabajo por delante en nombre de Seth. Su primera acción legal sería hablar con el fiscal del distrito para negociar antes de que Seth declarara. Cuando Seth hubiera confesado oficialmente, los cargos contra el general se retirarían. Seth tendría que comparecer ante el tribunal, y se llegaría a un acuerdo con la fiscalía. Por supuesto, Seth, Sonya y Frank tendrían que testificar sobre el maltrato de Paul Markham, pero Hunter no pensaba que eso fuera un problema.

Cuando el trato estuviera cerrado, Hunter se distanciaría. Había ido allí para ganar el caso del padre de Molly y a liberarse de ella al mismo tiempo. Al principio, estaba completamente seguro de que podría olvidarla y de que él sería quien la dejaría a ella. Hunter veía la ironía perfectamente: era él quien se alejaba, sí, pero no por venganza, ni siguiendo un plan.

Iba a alejarse de Molly porque no le había dejado otra opción. Y no sentía ninguna satisfacción al saber que tendría que hacerlo.

Capítulo 17

Una semana después de la confesión de Seth, las cosas habían empezado a calmarse. Cumpliendo las expectativas de Hunter, la fiscalía había retirado la acusación de asesinato contra Frank, y Seth había sido procesado. Vivían en una ciudad pequeña con pocos secretos, y la policía no había tenido ningún problema en creer que la oscura personalidad de Paul se había vuelto más oscura aún con el tiempo. Y como Seth les había dicho a las autoridades dónde había arrojado el arma, habían encontrado la pistola después de buscarla en el vertedero.

Hunter había terminado su trabajo, y ya no era necesario en Dentonville. Razón por la cual, cuando la familia decidió hacer una pequeña celebración, él permaneció en el despacho que le había servido de habitación durante las últimas semanas y comenzó a hacer la maleta. Lo habían invitado, pero él había decidido mantenerse al margen.

No era parte de la familia, y por lo tanto, no tenía por qué estar en su reunión. Debería ser así de sencillo. Sin embargo, no lo era.

Con los demás clientes, siempre le había resultado fácil alejarse cuando el caso terminaba. Sin embargo, Hunter había establecido lazos de afecto con aquella familia, y no sólo porque hubiera vivido con ellos. Además, sabía que el sentimiento era recíproco.

Y estaba Molly. Llevaba toda la mañana evitando pensar en ella, porque no quería imaginarse cómo iba a ser la despedida. La idea de alejarse de ella le encogía el estómago.

Sin embargo, Daniel tenía una profesión y una vida, y no sabía si Molly iba a hacer los cambios que necesitaba para seguir adelante. No podía confiarle su corazón hasta que supiera con seguridad que ella se había enfrentado a sus demonios y había ganado.

Alguien llamó a la puerta e interrumpió sus reflexiones.

– Adelante -dijo.

Molly entró en el despacho y cerró tras ella.

– Te estás perdiendo la reunión -dijo ella. Era evidente que tenía muchas ganas de que los acompañara.

Él inclinó la cabeza.

– Pasaré por la fiesta en unos minutos.

– No es una fiesta. Nadie se siente bien pensando que tenemos una fiesta familiar, dadas las circunstancias. Pero de todos modos quieren estar juntos. Sabes que eres parte de la familia, ¿no? -le preguntó Molly.

– Vamos. Sólo soy el pistolero a sueldo -dijo él, pero la broma no cuajó.

Ella sacudió la cabeza con vehemencia.

– ¿Después de todo lo que hemos pasado? Eres como de la familia.

Entonces, su mirada recayó en la bolsa abierta que había sobre el sofá, llena de ropa y de cosas de Daniel. El dolor se reflejó en sus ojos.

Y él estaba a punto de hacerle más daño.

– A menudo represento a gente acusada de crímenes graves y, cuando todo termina, siempre están agradecidos. Eso no me convierte en un miembro de su familia.

Molly se estremeció.

– Creía que habíamos dado un paso.

– Sí -dijo Daniel. Se acercó a ella, y su fragancia lo envolvió, tanto que apenas podía pensar con claridad-. Somos amigos.

Ella no estaba preparada para nada más, y él no iba a explicarle de nuevo el porqué. Ya le había dicho que no había conseguido superar el pasado, por mucho que Molly pensara lo contrario. No se había enfrentado a su madre, no había sacado su ropa del armario y no había puesto a prueba a su familia siendo la Molly real.

Y todavía estaba viviendo en casa de su padre, con un trabajo voluntario que no estaba a la altura de sus capacidades.

Lo cual dejaba a Daniel exactamente igual que cuando había empezado aquel caso: solo.

Molly parpadeó y miró a Hunter. La había dejado sin palabras. Tuvo que tomar aire profundamente para recuperar la compostura. Él se marchaba. Molly debía haberlo previsto, porque, después de todo, Daniel no vivía allí. Sin embargo, se sentía abrumada. Sus palabras, pronunciadas sin cuidado, la habían sumido en la confusión.

– Amigos -susurró. ¿Sólo eso?

– Ya he terminado mi trabajo -dijo Daniel, acariciándole la mejilla-. Tu padre está libre, y Seth lo será muy pronto. Tienes a tu familia. Es todo lo que siempre has querido.

Daniel se alejó. Caminó hasta el sofá y cerró la cremallera de su bolsa.