– Cuando entraste me dijiste que tenías que hacerme una pregunta.
No sabía a qué se refería, pero tenía el presentimiento de que iba a gustarle.
Cualquier cosa que Molly le pidiera en aquel momento, se la daría gustosamente.
– Oh, sí. Es cierto.
– ¿Y vas a hacérmela?
– Eh… todavía tengo que encontrar un trabajo de verdad y un apartamento…
– Nada de apartamentos. No voy a perderte de vista nunca más -dijo él con firmeza.
Ella sonrió, aliviada. Entusiasmada. Extática.
– Me alegro, porque había venido a preguntarte qué vas a hacer durante el resto de tu vida.
Hunter la abrazó por la cintura y la atrajo hacia su cuerpo. Su mirada cálida no se apartó de ella cuando respondió.
– Tengo planeado pasarlo contigo.
Una contestación que selló con un beso.
Epilogo
Bueno, Molly tenía razón. Otra vez.
Viste de un modo tan escandaloso que, en la iglesia, los invitados se quedaron asombrados al verla llegar con un vestido de novia blanco, más de lo que habrían estado si hubiera aparecido con el vestido rojo que yo quería que llevara.
Sin embargo, sé que a Hunter le habría gustado, porque siempre comenta que el rojo es su color favorito. Molly dice que ésa es la razón por la que llevaba ropa interior roja, y metió en la maleta sus botas de vaquero. No quiero pensar en la noche de bodas. No es asunto mío. Pero creo que hoy, a todo el mundo le han gustado más sus sandalias rojas de tacón de aguja. No me importaría ser como Molly cuando sea mayor.
Una de sus damas de honor, aparte de mí y su amiga Liza, fue Lacey, la esposa del mejor amigo de Hunter.
Resultó que Lacey tenía una sorpresa, porque el vestido no le cabía en el último minuto, debido a que le crecía la cintura por momentos. Peor aún, tuvo que estar sentada todo el tiempo por los mareos del embarazo durante la última prueba.
Si Hunter se ha vuelto un tipo pegajoso y bobo de puro amor, su padrino, Ty, es peor. Estuvo encima de Lacey hasta que ella le dijo que se controlara y la dejara en paz. Al menos, hasta que terminara la ceremonia. Después, estuvieron haciéndose carantoñas todo el tiempo. Puaj. Era un poco asqueroso de ver, pero espero conocer algún día a un tipo que me quiera tanto.
Robin fue la madrina, y estaba tan guapa como siempre. Papá llevó a Molly hasta el altar, y a mí no me dieron celos en absoluto. Bueno, quizá un poco. Después, pasó el resto de la fiesta con Sonya. También están muy enamorados. Parece que hay una epidemia.
La madre de Molly también apareció, ¡con un vestido color crema! Si yo fuera la novia, me habría enfadado, pero a Molly no le importó. Incluso parecía que se alegraba de que su madre hubiera venido a la boda desde Europa, aunque estuviera acompañada de otro conde.
En cuanto a mí, bailé con papá y con Hunter. Los dos bailan bien. Después Seth me pidió un baile. Aunque me pisó varias veces, me divertí.
Casi tenía miedo de que las cosas se gafaran, pero Molly tiene razón, merece la pena vivir la vida. Tal y como oí que le decía a Hunter, han recorrido un camino muy largo para llegar hasta aquí, pero al final tendrán una existencia feliz. Con algunos tropezones normales durante el camino.
Sí, puedo vivir con eso.
Carly Phillips
Carly Phillips inicio su carrera como escritora en 1999, desde entonces ha publicado más de 20 novelas, que han estado entre las más vendidas en las listas más conocidas de Estados Unidos. Actualmente publica en dos sellos, Harlequín y Warner.
Carly vive en Purchase, New York con su marido, sus dos hijas pequeñas y un juguetón Wheaton Terrier.
Su pasatiempo favorito es leer, le gusta escuchar opera y le encanta recibir correos de sus lectoras, ya sea por mail o por correo normal. También se confiesa adicta a la televisión, especialmente a las telenovelas y acostumbra a tenerla puesta incluso mientras trabaja. Pero no todo es “diversión” en la vida de Carly, cuando no se encuentra escribiendo, colabora activamente con varias asociaciones benéficas.