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Morgan Trent, que había esperado a oscuras en el extremo de la habitación a que se desarrollara su entremés de entretenimiento sádico, dio un paso adelante. Inspeccionó los cuerpos mientras tamborileaba en la barbilla con los dedos. Vio las manos asidas. «Qué mono -pensó-, qué monada.» Contempló las caras y descubrió en su interior una vaga curiosidad por la enigmática sonrisa que presentaba el lado bueno del rostro de Voss. Como si hubiera visto algo. Una bienvenida.

Le buscó el pulso en el cuello. Nada. Subió a la buhardilla y bajó el cofre, que pasó por encima de la tapia al jardín de su casa alquilada. Volvió para recoger las dos maletas de documentos. Regresó una tercera vez, marcó con fuerza su huella en el arriate de enfrente de la ventana del salón y rompió el cristal. Pasó por la ventana y salió por la puerta de entrada, que cerró tras de sí.

Metió las maletas y el cofre en el asiento trasero de su coche. Se quitó las doctor Martens y se puso un par de zapatos con suela de crepé. Bajó al trote a casa de los Brock y dejó las botas donde las había encontrado, en el garaje. Fue en coche hasta Swindon y realizó una llamada desde una cabina. Intercambiaron contraseñas y dijo:

– Ya está, ahora voy a deshacerme de los papeles.

La enfermera encontró los cuerpos por la mañana. Tenía llave propia. Llamó a la policía y una hora después tres agentes contemplaban los cadáveres alrededor de la mesa.

– ¿Sabes lo que me parece esto? -preguntó el inspector.

– ¿Además de asesinato, quieres decir? -replicó su subalterno.

– Tal y como están situados los cuerpos, con el perro a sus pies, y lo de que él le esté dando la mano…

– Eso es raro.

– …parece un sepulcro -continuó el primero-. Una de esas tumbas antiguas grabadas en piedra. Ya sabes, el caballero con su armadura y su dama, su esposa.

– Tienes razón -dijo el otro-, y siempre tienen esos perrillos a sus pies.

– Alguien escribió un poema sobre eso -comentó el tercer agente, que era joven y novato.

– Un poema. No sabía que en la Academia de Policía leyeran poemas hoy en día.

– Y no lo hacen, señor. Soy licenciado en Humanidades por la Universidad de Keele. Leímos unos cuantos poemas.

– De acuerdo -dijo el inspector, mientras pensaba: «aceptable».

– Sólo me acuerdo del último verso.

– Eso basta, no nos hace falta el rollo entero.

– «Lo que sobrevivirá de nosotros es el amor…», señor. Ése era el verso. -Bueno, menuda gilipollez, ¿no?

Oxford Times, 3 de diciembre de 1991 A las 11:30 a.m., el Tribunal de la Corona de Oxford sentenció a Gary Brock a cadena perpetua por el asesinato de Karl Voss y Andrea Aspinall.

Oxford Times, 3 de febrero de 1992 Morgan Trent y Kathleen Thomas se complacen en anunciar su matrimonio, que se celebrará en la Iglesia de Langfield, Oxfordshire, el 28 de junio de 1992.

The Times, 30 de junio de 1993

El 28 de junio de 1993, sir Meredith Cardew murió plácidamente en su hogar. Tenía 84 años. Se celebrará una misa de difuntos en St Mary's en el Strand, el 15 de septiembre de 1993.

AGRADECIMIENTOS

Quisiera agradecerle al coronel Peter Taylor (retirado), a la señora Pam Taylor y a Elwin Taylor la ayuda que me han prestado con sus mapas, libros e información sobre el Berlín de los años sesenta y setenta.

«Wilson demuestra una vez más que es uno de nuestros mejores narradores de novela negra.» Time Out

«Una novela entretenida y apasionante.» The Scotsman

Robert Wilson

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