Camino de la sala de prensa, Paco y Guillem hablaron de la nueva temporada. El ex jugador se quedó en la residencia. Procuraba no dejarse ver demasiado. Guillem fue a buscar a Cèlia, que con cándido ardor tomaba nota de las palabras del defensa argentino Fabián Ayala. Por la sala aún tenían que pasar Albelda, Aimar y el entrenador. Desde hacía más de tres décadas, con distintos protagonistas y distintas épocas, el periodista había sido testigo hasta la extenuación del ritual de tópicos en las declaraciones. Le dejó una nota a Cèlia para que volviera a la redacción con alguno de sus colegas. No le faltarían voluntarios. Siempre todos tan amables y con tantas ganas de echarle una mano.
9
Celdoni Curull tomó el vuelo Dakar-Madrid/Madrid-Valencia para reunirse con Toni Hoyos. Quería comprobar personalmente cómo iba lo de Bouba. Su ayudante no le daba noticia alguna. Desde Madrid lo llamó por teléfono para que se vieran en el aeropuerto de Manises. Poco después tomaría el vuelo que le llevaría a Barcelona, escala necesaria para aterrizar en Roma, con el objetivo de colocar a un defensa senegalés en un equipo de la serie B italiana.
La confianza de Curull en las compañías aéreas era más bien temeraria. Embarcó las maletas directamente de Dakar a Roma. Apareció en la terminal valenciana sin ninguna carga, excepto una cartera de cuero y el defensa senegalés, un joven robusto que miraba a todas partes con curiosidad. Toni abrazó a Celdoni desplegando sus dotes de hombre muy sociable. Le dio la mano al negro y éste, dos pasos por detrás de ellos, los siguió hasta una de las mesas del bar. Pidieron tres cervezas.
– No me has dado noticias. ¿Cómo lo tenemos?
– Inmejorable.
El defensa senegalés pidió educadamente permiso para ir al lavabo.
– Vete, pero no te pierdas. -El negro asintió, obediente, y se fue-. En el aeropuerto de Madrid me he pasado media hora buscándolo. -El camarero les llevó el pedido. Curull bebió a placer-. Vamos, Toni, las novedades. Ni siquiera me has llamado por teléfono y ya creía que estaba todo parado.
– Al contrario, pero quería tener los cabos bien atados para no crearte falsas expectativas.
– ¿Qué dice tu cuñado?
El ayudante contó su versión con todo lujo de detalles. Después la resumió:
– Ya ves, encantados él y su partido.
– Coño, me alegro de que las negociaciones vayan así de bien.
– En parte. Las negociaciones políticas se acercan al punto ideal. Las deportivas son otro camino, que precisamente ahora estoy iniciando. Primero los aficionados. La presión exterior.
– ¿Qué has hecho?
– Ganarme al hombre clave de la coordinadora de peñas valencianistas. Tienen una fuerza social impresionante, y también, aunque menos, accionarial.
– ¿Quién es el hombre clave?
– El tesorero, un tal Rafael Puren. Según me han contado y he comprobado personalmente, es el enlace entre el consejo de administración y las peñas. Unas quinientas, Celdoni.
– Excelente labor.
– Aun así tengo la sensación de que el tipo es un poco extraño. No sabría cómo definírtelo exactamente.
– Pero ¿es de confianza?
– Total.
Curull le ordenó con un gesto que callara. Miró en todas las direcciones y exclamó:
– ¡Cagondena!
– ¿Qué pasa?
– El negro. Hace cinco minutos que se ha ido y aún no ha vuelto. ¿Quieres ir a ver si se ha quedado encerrado en el lavabo? Cuando topan con un mecanismo algo distinto ya se arman un lío.
Toni Hoyos se levantó para ir a buscarlo, pero apenas estuvo de pie lo vio en la barra hablando con una mujer con pinta de extranjera.
– Tranquilo, allí está.
Curull se dio la vuelta. Hizo un gesto de resignación con la cabeza. La mujer tenía el pelo casi rojizo y la piel blanquísima. Seguramente era irlandesa.
– Pierden el culo por las blancas.
– Deja que se distraiga -dijo Hoyos-. Como te decía, el tal Puren tiene algo que no me deja acabar de calarlo. No sé, por una parte me parece extraño, pero por otra yo diría que es bastante normal.
– Pues tendrías que controlar más el tema, si realmente se trata de un hombre clave.
– Lo es, eso ni lo dudes. Los aficionados tienen mucho peso en el Valencia. De hecho, han impedido el traspaso de Kily González. Ahora, volviendo al tesorero, a veces me parece un poco idiota. Demasiado simple para ser un personaje.
– El fútbol está lleno de tipos como ése. Sería más preocupante si fuera un listillo. ¿Has entablado amistad con él?
– Sólo hemos hablado una vez, pero me ha acogido como si nos conociéramos de toda la vida.
– ¿Le has ofrecido algo a cambio?
– Pues claro. Tenía que ganármelo.
– ¿De qué se trata?
– Sin asegurárselo le he dicho que, como él será uno de los que hagan a Bouba fichar por el Valencia, tiene posibilidades de incorporarse a la directiva.
– No des nada que no dependa de nosotros. Coño, Toni, estoy más que harto de decírtelo.
– Me he enterado de que es una de sus grandes ilusiones. Lo he hecho para ganármelo con más rapidez.
– A un individuo así, que me imagino será aficionado recalcitrante, ya basta con decirle que lo haremos íntimo amigo de Bouba. Son muy fetichistas.
– ¿Sabes? Tiene ambiciones.
– ¿En qué quedamos, es tonto o no?
– Es raro.
– Cuidadito con las negociaciones con gente extraña. Que no hay poca en el gremio. -Curull dio un trago de cerveza directamente de la botella-. Tú que estás ahí, mirando a la barra, ¿me controlas al negro?
– Sí, aún está con la tipa esa. ¿De dónde lo has sacado?
– Del banquillo del Stade.
– ¿Es bueno?
– Qué va, una auténtica segadora. Es capaz de romperle las piernas a Ronaldo. Magnífico, para el calcio. Y tu cuñado, ¿qué tal es?
– Genial. Haría cualquier cosa por mí.
– ¿Te fías de él? A lo mejor es una gran persona, pero cuando hacen de políticos se transforman.
– Éstos son honrados.
– Esperemos que sí.
– Harán todo cuanto esté en sus manos.
– La verdad es que en un país normal esta operación sería impensable. Y eso es lo que más me preocupa, que estén tan entusiasmados con ella.
– Políticamente les conviene.
– Mira, Toni, que no salga de aquí, pero no es serio que un partido político, un gobierno, se implique en un fichaje.
– El Ayuntamiento de Madrid favoreció con un pelotazo de cien mil millones de pesetas al Real Madrid.
– Es el equipo del sistema, sea cual sea -Curull, con resignación inapelable.
– Y el Valencia el de nuestro país.
– ¿Y qué me dices… del Elx, el Vilareal, el Levante, el Castellón y el Hércules?
– Subalternos. El que importa es el nuestro.
– Por suerte no te están oyendo. Esto no es Cataluña, donde los de Tortosa, Vic o Lleida son del Barça además de apoyar a sus equipos locales. Estáis por vertebrar. -Apuró la cerveza-. Tengo treinta minutos para coger el avión.
Se levantó, mirando hacia la barra.
– ¿Dónde…?
El defensa senegalés había desaparecido. Miró en todas direcciones. Toni Hoyos hizo lo mismo. Fueron a los servicios. Salieron. Preguntaron a una de las mujeres de la limpieza. Respondió que no había visto entrar a ningún negro. Subieron a la otra planta, al autoservicio. Buscaron por todas partes. Nada. Ni rastro.