– Es un profesional de la política, pero proviene de la izquierda radical y del nacionalismo independentista -aclaró Júlia-. Quiero decir que aún es un profesional relativo.
– ¿Su oposición interna es fuerte? -Parma.
– Lo bastante para causarle graves problemas.
– Pero él sabe -añadió Parma- que no han sido los simpatizantes habituales del Front los que le han llevado al éxito.
– Lo sabe. Incluso es consciente de la gran aceptación social que tiene el proyecto de la Ley de Ordenación del Territorio.
– ¿La encuesta es fiable? -Ferrer.
– No. Pero es indicativa del nivel de desconocimiento que tiene la opinión pública de los grandes proyectos.
– ¿Y cuál crees que será la actitud de Petit? -Parma.
– Duda mucho. Sufre mucha presión.
– ¿También por parte de los socialistas?
– No tengo noticias de que se hayan reunido con él. Pero tampoco creo que tarden mucho en hacerlo.
– ¿Sois conscientes de que si Petit se opone al proyecto éste no se llevará a cabo?
– Claro, podrían presentar una moción de censura.
– ¿Y qué pensáis hacer?
– Convencerlo.
– ¿Cómo?
– Excelente pregunta.
– Compradlo.
La sugerencia de José Luis Pérez abrió un gran silencio no porque los demás no estuvieran de acuerdo, sino porque preferían guardar las formas. Al fin y al cabo lo mantenían en el cargo de presidente de la Cámara de Comercio para que ejerciera de tonto útil.
– ¿Puedes aportar alguna idea sobre cómo hacerlo? ¿Te atreverías a comprarlo tú personalmente? La idea es delicada y peligrosa. -Júlia evitó decir que, además, enunciarla así había sido una desfachatez.
– Hay muchas formas de comprar -intervino Ferrer-. Estamos dispuestos a que el Front pase la gorra para que les demos algo, pero no todo el mundo querrá subvencionarlos. La gente no sabe con seguridad adónde irá a parar el dinero. Siempre es arriesgado con partidos como ése, que no están del todo definidos ideológicamente. Además, al parecer Juan Lloris lo hizo y donde está Lloris las cosas son siempre dudosas.
– Descartemos la idea de comprarlo. Nos podría salir el tiro por la culata. Probemos con otras opciones.
– ¿Con cuáles, Júlia?
– Darle la Conselleria d'Obres Públiques. Sería un regalo envenenado.
– Ni pensarlo -cortó Ferrer-. No consentiremos que lo hagáis. De ninguna manera.
– Pues di algo.
– ¿Qué tengo que decir yo? Sois vosotros los que tenéis que resolver el problema. Para eso os pagamos. ¿Entendido? -Júlia calló. Ferrer prosiguió-: Si habéis sido incapaces de mantener la mayoría absoluta, si no sois capaces de convencerlos, por nuestra parte lo tenemos muy claro: apoyaremos a los socialistas.
– Un momento, Miguel, no perdamos los nervios -dijo Parma.
– Nos estamos jugando mucho. Hay empresas importantes que dependen del proyecto. Hemos pagado mucho dinero para que salga adelante.
– De acuerdo, pero no solucionamos nada discutiendo. Debemos pensar en la mejor manera de presionarlos.
– También lo estoy haciendo.
– ¿Cómo? -preguntó Ferrer.
– Si el Front da el Govern a los socialistas nos las arreglaremos para resucitar a Unión Valencianista.
– Está muerta.
– Con una buena campaña los muertos políticos resucitan -aseguró Parma-. ¿Se lo has dicho? ¿Le has amenazado?
– Sí. Incluso le he amenazado con echarle a Lloris encima.
– ¿Liderando Unión Valencianista?
– Sí.
– Ni se te ocurra dar cancha a Lloris -exigió Parma-. Es como meter un zorro en el gallinero de la política.
– Todas las asociaciones de empresarios se rebelarían -se asustó José Luis Pérez.
– ¿Y por qué no? -dijo Ferrer de repente-. ¿Por qué no dar poder político a Lloris? Como empresario ya no es competencia. ¿Quiere gloria social? Pues démosela. Encima nos deberá un favor.
– ¿Desde cuándo Lloris ha devuelto un favor? ¿Es que ya no te acuerdas de las putadas que os ha gastado? Si pudiera, nos borraría del mapa.
– Lo tendríamos cogido por los huevos.
– Instalado en el poder, Lloris es incontrolable. Definitivamente me niego. No participaré en algo así.
– Pues propón otra alternativa.
– Lo haré, pero no me la pidas ahora -respondió Parma.
Miguel Ferrer se levantó. Llevaba el desencanto en el rostro.
– Muy bien, Julio, confío en ti. Confiemos en que encuentres la solución adecuada. Pero te recuerdo que la gente está muy nerviosa.
– Lo sé, Miguel.
José Luis Pérez también se levantó. Ambos besaron a Júlia y se despidieron de Parma. Habían llegado en un solo coche y debían volver juntos a la ciudad. Cuando el ecuatoriano cerró de nuevo la verja de la entrada, Parma sirvió un poco más de vino en la copa de Júlia.
– Tienes un gran problema -le dijo-. Si fallas se te echarán encima.
– ¿Por qué está tan nervioso Miguel Ferrer?
Parma se tomó algo de tiempo antes de responder, como si dudara. Pero no era exactamente así. Pensaba en ella, en su culo, redondito y provocador, en sus labios carnosos, en cómo se la había follado. Porque de repente le vino a la memoria todo aquello. También en su suficiencia de mujer atractiva, en el desprecio y la soberbia con que a veces trataba a los hombres, aunque a menudo dependiera de ellos. Suspiró y estiró las piernas por debajo de la mesa, se acarició la barbilla y volvió a beber un poco de vino.
– Su situación empresarial es delicada.
– ¿Mucho?
– Bastante. -Se incorporó y recuperó su posición anterior en la silla-. Hace dos años solicitó un crédito de cuatro mil ochocientos millones de pesetas a Bancam, para comprar tres edificios con trescientos domicilios. La idea era alquilar los pisos para oficinas y con el dinero del alquiler pagar el crédito. No contento con eso compró, también con el crédito, dos naves industriales y un solar. Sólo ha alquilado una cuarta parte de los domicilios, las naves aún están vacías y por el solar no le ofrecen, ni por asomo, la plusvalía que tenía previsto obtener.
– La Ruta Azul, su gran esperanza.
– Sería una buena salida para él. Pero no es el único que arrastra problemas. El Grup Borràs tiene un riesgo de mil doscientos millones de euros asumido con Bancam y el Cantabria. La operación del Grup con Bancam no ha pasado por el IVEF, y la inspección del Banco de España les ha hecho una advertencia.
– ¿Sólo una advertencia?
– Alguien muy poderoso de tu partido en Madrid ha frenado al Banco de España. Pero la paciencia tiene un límite. Bancam está en su punto de mira.
– ¿Por qué?
– Entre otras cosas por la operación de compra de Sondobank. Al Banco de España no le gustó nada que la compra se hiciera por trece mil millones de pesetas cuando se podría haber hecho por nueve mil. Bancam está avisada. Otra operación de riesgo innecesario y actuarán. Con lo cual, de momento, el grifo de Bancam está cerrado. ¿Entiendes por qué están tan nerviosos?
– Debería haberme ido a Madrid.
– ¿Por qué no lo hiciste?
– El jefe no quiso. Sabía que reaccionaríais de mala manera ante su marcha. Si además me iba yo…
– Pobre Júlia. Siempre eres la gran sacrificada.
– Julio, tienes que echarme una mano.
– ¿Qué puedo hacer? La cosa está difícil.
– Convencerlos de que ayuden económicamente al Front.
– Ya lo has oído, no se fían.
– ¿Y qué coño quieren, que los del Front les hagan el favor a cambio de nada?
– Tal como está el patio, si no encuentras una solución, Ferrer y unos cuantos más cambiarán de bando. Si el Front se opone al proyecto, la siguiente jugada será entregar el Govern a los socialistas. Para los de la Cámara de Empresarios será más productivo iniciar relaciones con ellos.
– Y para ti.