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– ¿Qué harías tú? Tenéis más experiencia.

– Si pudiera volver atrás negociaría en silencio la impunidad de los corruptos a cambio de que abandonaran el partido. Pero, claro, tienes que estar seguro de que lo sean.

– Sabes que es difícil demostrarlo. Algunos tienen la convicción, compartida por la derecha, de que las medidas de liberalización del suelo reducen el precio de la vivienda. Además, esta gente es la que domina el partido donde gobierna.

– Tendrías que investigarlo.

– Ya lo estamos haciendo.

– Seguro que Petit también. Y si es cierto tendrá una buena carta para jugarla en tu contra. Pero, mientras tanto, tú y yo tenemos que llegar a un acuerdo que estoy dispuesto a firmar.

– ¿A firmar? ¿Qué acuerdo?

– Si eres capaz de conseguir la mayoría en la ejecutiva aprovechando el desgaste político que está sufriendo Petit, si nosotros posteriormente accedemos al Govern con vuestros votos, os daremos mucho más de lo que los conservadores dieron al Front. E incluso estamos dispuestos a gobernar con vosotros.

– ¿Cambiaríais de cabo a rabo toda la Ley de Ordenación del Territorio?

– Cuando lleven la Ley al Parlament intentaremos bloquearla presentando un gran número de enmiendas. Pero no puedo garantizarte nada que dependa del partido y no de mí. En todo caso, te aseguro que sería muy distinta.

– ¿Estaríais dispuestos a darnos la Conselleria d'Obres Públiques?

Josep Maria Madrid no respondió. Tomó un buen trago de cerveza. ¿Cómo iba a decirle que las distintas patronales, un poder fáctico, se opondrían firmemente, con todos los medios a su alcance -y eran muchos-, a la posibilidad de que el Front se encargara de gestionar el meollo de los grandes negocios?

– ¿Por qué no me contestas?

– Porque es obvio que, por muy generosos que queramos ser con vosotros, no puedo decidir lo que debe ser un acuerdo del partido.

– Me has dicho que mantendríamos una conversación franca.

– Y la estamos manteniendo. No quiero engañarte.

– Pues dime que no nos podéis ofrecer la Conselleria d'Obres Públiques porque la financiación de los partidos depende en gran medida del agradecimiento de ciertos empresarios. Vamos, Josep Maria, dímelo.

– Si me estás pidiendo que os consiga dinero, podemos llegar a un acuerdo.

– ¿Con qué porcentajes?

– Mejores que los que ahora tenéis.

– Pero la Conselleria d'Obres Públiques denegada.

– Hablaríamos de ello.

– Ya… sólo hablaríamos.

– Los conservadores negaron a Petit hasta la posibilidad de discutirlo. Yo te garantizo que hablaremos, pero nada más.

– No te preocupes, Josep Maria, os la regalaríamos. Incluso es muy probable que os diéramos el Govern completo.

– Nos gustaría gobernar conjuntamente. Compartiríamos los éxitos, seguro que serían muchos.

– Tal como está el patio, con una Ley del Territorio difícil de dejar a un lado, es preferible quedarse en la oposición.

– Te equivocas. Si tienes corruptos en algún municipio, desde el Govern los encubrirás mejor. Los conservadores lo saben muy bien. Pero, bueno, no cantemos victoria antes del partido. Vayamos poco a poco. Primero, gánate a la ejecutiva…

– Ayudadme.

– De acuerdo, presionaremos haciendo a Petit responsable de todo por ser demasiado blando con los conservadores. Si tú presionas desde dentro, si te encargas de movilizar a la gente que puede manifestar su opinión en la prensa, a lo mejor lograrás crear hostilidades entre los dudosos y algunos de los partidarios de Petit.

– ¿Y luego?

– Luego te ayudaremos a salir beneficiado de la crisis. Pero insisto en que deseamos gobernar con vosotros.

– ¿Condición sine qua non?

– Todo es discutible.

– Muy bien, empezad a presionar. Hasta ahora no lo habéis hecho mucho que digamos.

– Hemos estado analizando cuál sería el modo más eficaz de hacerlo. Queremos que Petit acabe realmente en un callejón sin salida. Los conservadores le presionan, vosotros también y… te contaré algo que quizá no sepas. El constructor Juan Lloris pagó la campaña del Front.

– He visto papeles del crédito de doscientos millones de Bancam.

– En realidad eran seiscientos. Dos de Bancam y el resto de Lloris. Puedes atacar por ahí.

– Todos pasáis la gorra.

– Pero varias veces. Que un solo individuo ponga casi todo el dinero es muy distinto. Eso es peligroso: hay que devolverle el favor.

– ¿Se lo han devuelto? ¿Sabes algo?

– No lo sé. Lloris ha vendido sus sociedades. Pero cuatrocientos millones es mucho dinero para que no haya ningún favor de por medio. Te lo dice un secretario de finanzas.

Josep Maria Madrid miró molesto su reloj. Petit tardaría quince o veinte minutos en llegar al apartamento. Se disculpó con Horaci diciéndole que el problema que había surgido en Benifaió lo acuciaba. Ambos bajaron juntos en el ascensor. Madrid hasta el parking, Horaci salió a la calle para ir a su coche. Luego el secretario de finanzas volvió a subir a su apartamento. Cogió las dos botellas de cerveza y las echó a la basura. Mientras esperaba leyó el diario, pero un poco antes de la hora prevista Petit lo llamó por teléfono: no puedo ir, el coche me ha dejado tirado en el Saler. Estoy en el bar del hotel Patilla. Madrid sospechó que Petit recelaba del lugar de la convocatoria. Quizá pensaba que no era lo bastante discreto y por eso lo acababa de cambiar.

Al llegar al bar del hotel Patilla vio al secretario general del Front esperándolo en la terraza del pub contiguo. Sin dar tiempo a que se encontraran en la acera, Petit entró en el local y se sentó en uno de los sofás del fondo. Madrid lo saludó cordialmente y se sentó a su lado. Pidieron dos martinis.

– ¿Conoces este pub?

– Sí -respondió Petit.

– Entonces sabrás que es un punto de encuentro habitual de amantes.

– Muy apropiado, ¿no crees? -ironizó el líder del Front.

– Quizá crean que somos homosexuales.

– No te preocupes. Por eso aquí no se pierden votos.

El camarero sirvió los dos martinis. Pasaba de la una del mediodía y, aparte de ellos, no había ningún cliente. Madrid pagó la nota.

– ¿Te niegas en redondo a negociar?

– Sólo es una ligera impresión, pero me da en la nariz que también estás hablando con Horaci. Miente y dime que no.

– Pues no, no lo estoy haciendo. En el Front quien manda eres tú, ¿por qué tendría que estar perdiendo el tiempo con la oposición? No me serviría de nada. -Josep Maria Madrid lo dijo casi ofendido.

– Porque estás loco por hacerme desaparecer de la escena política.

– Olvidemos el pasado y centrémonos en el presente.

– En efecto, como dos ex amantes. Centrémonos.

– Tenemos una encuesta en la que no sales muy favorecido. El Front ha perdido dos puntos en cuatro meses.

– ¿Esa encuesta la habéis hecho vosotros?

– Sí.

– Pues pasemos a otra cosa.

– Oye…

– Josep Maria, todos los meses vais vendiendo encuestas que, casualmente, nos perjudican y, además, nadie las ve. ¡Hombre, por favor!

– ¿Es que vosotros habéis hecho alguna?

– Sólo llevamos ocho meses en el Govern. Ya las haremos cuando pase un año.

– El tema de la Ley de Ordenación del Territorio os está desgastando.

– Oficialmente aún no hemos dicho nada al respecto.

– Pero quien calla otorga.

– Callamos porque aún no hemos tomado ninguna decisión.

– ¿Qué es lo que quieres analizar? ¿Es que no te das cuenta de que vas a ser cómplice de los conservadores y de la patronal?

– ¿Y quién te ha dicho que voy a serlo?

– Pues decláralo públicamente.

– Lo haré cuando haga falta.

– Eso significa que estás en contra del proyecto.

– Ni te lo he dicho ni pienso decirte nada que el día de mañana puedas utilizar en mi contra. Tendrás noticias en el momento oportuno.