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– Muy bien, pero es evidente que se trata del proyecto estrella de los conservadores para esta legislatura. Si estáis en contra de él resulta obvio que acabarás jodiéndolos.

– Puedo estar en contra del proyecto y salir del Govern para quedarme en la oposición.

– Si estás en contra tendrás que sacarlos del Govern. Si dejas que lo lleven a cabo no te librarás de aparecer como cómplice. La clave está en vosotros. De un modo u otro seréis en parte responsables de todo si no cambiáis el Govern. Debes tomar medidas y debes hacerlo ya. Cuanto más tiempo pase, peor, mayor desgaste sufriréis.

– No daré ni un paso hasta que no llegue el momento.

– ¿Por qué te niegas a decirme cuál es tu postura?

– Porque eres el rey de los líos.

– ¿Es que nunca querrás que nos entendamos?

– ¿Cómo puedes irte a la cama con una mujer que te odia? Puedes negociar con Horaci. Ambos tenéis como objetivo borrarme de la escena política. Pero no te equivoques: si algún día él llega a mandar en el Front, no gobernará con vosotros. Para él sólo sois un medio para apartarme de su camino. Sólo eso. En el improbable caso de que Horaci asuma la dirección del Front os dará el Govern, pero sin formar parte de él. No creo que sea tan idiota como para entregarse en sacrificio. Los pequeños partidos que gobiernan junto a una gran formación política de similar ideología acaban desapareciendo. A los electores les parecería estúpido darles su voto si los otros se dedican a hacer exactamente lo mismo. Si has venido a que te garantice mi oposición al proyecto y mi adhesión a vosotros, de momento estás perdiendo el tiempo. Gracias por el martini.

Se lo había dejado casi todo.

– ¿Te vas?

– He quedado para comer.

– ¿Quieres que te lleve a Valencia?

– No.

– Antes me ha parecido entender que tenías el coche averiado.

– Contigo toda prevención es poca.

– Agradezco tu confianza.

– Sin comentarios.

12

Paco llamó por teléfono a Santiago Guillem. Tenía el día libre, quería hablar con él. El periodista lo citó en su pueblo, el Palmar, en el restaurante Mateu. También se tomó el día libre, ya que una empresa de transportes se encargaba de llevar sus muebles hasta la casa que había comprado en el Saler. Desde la acera de enfrente observaba cómo le iban vaciando los recuerdos.

Cuando el camión estuvo cargado, Santiago no quiso echar un último vistazo a la casa. Tampoco se despidió de sus vecinos. Había pensado en volver allí, aunque es preferible no frecuentar los lugares que guardan buena parte de tu memoria.

Se fue con su coche al Saler, seguido por el camión de la mudanza. Con los muebles ya dispuestos en su nueva ubicación, se marchó al restaurante. En la barra del bar, Paco se estaba tomando una cerveza sin alcohol. Pasaron al comedor y les sirvieron, de entrada, un plato de llisa con ajo y cebolla, típico del Palmar. Luego una paella de marisco. Durante la comida Paco y Santiago evocaron, llevados por la nostalgia, momentos y anécdotas vividos con el Valencia C. F. Paco tuvo ocasión de comprobar la fructífera aunque quizá algo prolija memoria de Santiago. Le contó que el solar en el que se había edificado el campo de Mestalla se había comprado por trescientas dieciséis mil cuatrocientas treinta y nueve pesetas y veinte céntimos. Josep Ricart Burgos había sido el primer socio del club. El Valencia había nacido el 18 de marzo del año 1919, día en que el Gobierno Civil aprobó sus estatutos. La gran figura en aquel entonces era Arturo Montes, jugador que había conseguido el primer gol del equipo. En la Liga 1932-1933 un gol de Costa había impedido que bajaran a segunda división, en un partido contra el Alavés, el último clasificado. El primer título se había obtenido en 1941, la Copa del Generalísimo, tres a uno contra el Español. Entonces el Valencia tenía la llamada «delantera eléctrica»: Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza, que también habían ganado la primera Liga. La mejor delantera del equipo de todos los tiempos. En fin…

– ¿Te apetece un café?

– Sí -aceptó Paco.

Pidieron dos. Santiago se encargó de apurar el vino de una botella de tres octavos, ya que el ex jugador no probaba el alcohol desde hacía muchísimo tiempo.

– Te voy a confesar un secreto, Paco.

– ¿Un secreto?

Paco se extrañó ante el hecho de que Santiago, un hombre tan discreto y solitario, quisiera contarle nada más y nada menos que un secreto.

– Nadie lo sabe. Durante muchos años fui seguidor del Levante.

– ¿De verdad?

– Mi padre se llegó a enfadar conmigo. Me llevaba continuamente a Mestalla a ver si me aficionaba. Y lo consiguió. Le costó lo suyo, no creas. Entonces yo pensaba que el Valencia era el equipo de los señoritos de la ciudad.

– Tenía fama de serlo, sí.

La camarera sirvió los dos cafés.

– Los derbis entre el Levante y el Valencia eran muy celebrados en el distrito Marítimo, de donde procedían casi todos los hinchas del Levante.

– Esta ciudad necesita dos equipos en primera, como Sevilla, Madrid, Barcelona…

– Ya lo creo. Volvería la emoción perdida de la rivalidad. -Santiago pidió un poco de whisky con hielo-. Es curioso, Paco, pero hacía muchos años que no nos veíamos fuera de las instalaciones del club.

El periodista había dado pie a sacar el tema que era el motivo de su encuentro. Paco tomó un poco de café.

– Mira, Santiago, me han contado algo en la residencia y he pensado que debía decírtelo.

– Soy todo oídos.

– Ya sabes que allí hay jóvenes de todo el mundo. Pues bien: ayer un chaval senegalés que han traído unos meses en período de prueba, y con el que mantengo una buena amistad, me dijo que es muy probable que Bouba fiche por el Valencia.

– Qué raro, tengo entendido que se lo están rifando los mejores equipos de Europa.

– El chaval le conoce muy bien. Son del mismo barrio de Dakar y hablan por teléfono de vez en cuando. El propio Bouba le ha dicho que se están haciendo gestiones.

– Tengo contactos con gente muy bien situada en el club y no me han dicho nada. Si fuera cierto, lo sabría. Son fuentes que nunca me han fallado.

– Eso es lo que me ha dicho el chaval, Santiago.

– A lo mejor lo están llevando en secreto. Pero me extraña.

– ¿Por qué?

– El club tiene una deuda enorme. Según algunos especialistas casi está en bancarrota. ¿Cómo quieres que fichen a uno de los jugadores más cotizados del momento?

– No lo sé, pero me fío del chaval. Somos buenos amigos. Es solitario, no se relaciona con nadie en la residencia y solemos pasear juntos y conversar. A mí me ha servido para retomar mis conocimientos de francés. Mi ex mujer era de Marsella.

– Sí, me acuerdo. Te agradezco mucho la información, Paco.

– Soy yo quien ha de estarte agradecido. Siempre me dices que no te debo nada, pero gracias a ti, a tu discreción, no soy el hombre más desgraciado del mundo.

– No exageres.

– No lo hago en absoluto. Tenía ganas de decírtelo.

– Tienes ganas de vomitarlo todo. El pasado es el pasado. Tienes que hacer borrón y cuenta nueva.

– No es fácil olvidar para un hombre manchado. Si pudiera volver a aquella época…

Pequeñas chispas brillaron en los ojos del ex jugador. Para disimularlo inclinó un poco la cabeza y aprovechó para beberse el café. La camarera llevó el whisky de Santiago. El periodista agitó un poco el vaso y lo mantuvo entre sus manos. Paco levantó la cabeza. Se miraron.

– Oficialmente llevo treinta y cinco años siendo periodista deportivo. Son muchos años, Paco. Nadie tiene que contarme nada. ¿Te acuerdas del señor Enrique Sospedra?

– Sí, toda una institución periodística.

– Fue mi maestro. Hombre humilde e insobornable.