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Francesc Petit puso en marcha de inmediato la Operación Lloris. Vicent Marimon y él se reunieron con Toni Hoyos (antes Josep Valles, cuñado de Marimon; públicamente ahora ni Valles ni cuñado). El ayudante del intermediario de jugadores africanos Celdoni Curull explicó que el proceso requería un poco de tiempo. Petit y Marimon se asustaron tanto como la ocasión lo merecía, y la ocasión lo merecía bastante ante la posibilidad de que Lloris, hombre de infinita impaciencia, perdiera los nervios y convocara una rueda de prensa histórica, por lo escandaloso, para los intereses valencianistas. Sólo un poco, trató de calmarles Hoyos; por otra parte el menos indicado para llevar la calma a ninguna parte. Hoyos explicó que para hablar del fichaje de Bouba debía estar presente Celdoni Curull, el hombre que tenía la última palabra (en un oficio, todo hay que decirlo, en el que nunca se sabe cuál es la última palabra). Que venga, pero que venga mañana mismo, exigió el secretario general. Llámalo por teléfono. Hoyos lo hizo en aquel mismo instante, desde el hotel. Curull anunció que al día siguiente por la tarde estaría en Valencia.

Al día siguiente, en la habitación del hotel donde Hoyos se alojaba, a las siete de la tarde, el ayudante presentaba a Curull ante Petit y Marimon. Fue una cordial forma de iniciar un encuentro entre un catalán que quería vender y dos valencianos que no sabían muy bien qué debían hacer para comprar. En una reunión previa, Petit y Marimon habían considerado si resultaría o no conveniente explicar al intermediario su estrategia. Acordaron que sí, porque a lo mejor Curull les ayudaría a mejorar la planificación de ésta.

Dada la singularidad de los clientes, Curull contó lo de su padre haciendo de chófer de Lluís Companys. Él mismo se confesó nacionalista convencido; no practicante, eso sí, ya que desde Senegal no era mucho lo que se podía hacer por el país.

– Ahora tienes la oportunidad de prestar un buen servicio -aprovechó Petit-. Toni nos ha explicado que eres hombre de absoluta confianza.

Lo era. Por poner un ejemplo gráfico, Curull les explicó que incluso había llegado a tratar directamente con Joan Gaspart, presidente del Barcelona. Los del Front se quedaron tranquilos. Para ellos, el Barça era una entidad a la altura de los grandes proyectos nacionales.

– La operación que estamos a punto de poner en marcha exige discreción -dijo Marimon-. No sólo intervienen factores deportivos, sino también políticos.

Curull estaba en disposición de atender sus ruegos.

– Mira -continuó Petit-, nosotros queremos hacer presidente del Valencia a uno de nuestros simpatizantes. Un empresario muy conocido, Juan Lloris.

– No sé quién es.

Petit y Marimon suspiraron aliviados.

– Juan Lloris -le explicó Petit- no tiene ninguna acción del Valencia, pero encontraremos la forma de que el máximo accionista del club le venda unas cuantas. Nosotros habíamos desarrollado una estrategia para conseguirlo, pero aquí el amigo Hoyos ya sabe cómo hacerlo.

– Curull ya está al corriente de esas cosas -aclaró Hoyos.

– Perfecto -aprobó Petit-. Debe ser una operación entre Lloris y tú.

– ¿Qué tengo que hacer con el señor Lloris? -preguntó Curull.

– Lloris debe ser el responsable del fichaje de Bouba por el Valencia. Nosotros permaneceremos en la sombra.

– Si el tal Lloris no pertenece al consejo de administración del club, ¿cómo queréis que lo fiche?

– Cuando Lloris asuma la presidencia, la Generalitat le facilitará, a través de una entidad financiera que controla, un crédito blando.

– Muchachos, esto es muy complicado. Os he de confesar que nunca he llevado a cabo una operación de estas características. Si la oposición pide cuentas acabará sabiéndose todo.

– El crédito se concederá al Valencia por ser una entidad de gran relevancia social.

– Veamos, tengo entendido que el Valencia debe ciento cincuenta millones de euros. Si le conceden un crédito y se los gasta en un jugador… ¿Cómo lo justificará la Generalitat? Vosotros formáis parte del Govern. ¿Qué diríais?

– Cómo se lo gaste el Valencia es problema del club.

– ¿Y estáis seguros de que le concederán un crédito al club?

– Aún tenemos que hablarlo -admitió Petit-. Pero forzaremos un acuerdo con los conservadores.

– ¿Os firmarán un documento y se comprometerán a hacerlo?

No, no les firmarían ningún documento, porque Petit tampoco firmaría ninguno que le obligara a devolver el favor. Del silencio obtuvo su respuesta Celdoni Curull.

– Si anuncio que Bouba ficha por el Valencia y por los motivos que sean no lo hace se acabará cuestionando mi rigor profesional, por no mencionar que habrá muchas menos expectativas de que lo fiche cualquier otro club. No lo tengo muy claro.

– ¿Bouba es buen negocio? -preguntó Marimon.

– Tiene diecinueve años y la máxima proyección mundial.

– De modo que el Valencia, pasados unos años, ganaría dinero si quisiera venderle.

– Lo más lógico es que la cotización de Bouba, a no ser que sufra una lesión importante que lo obligue a abandonar la práctica del fútbol, suba como la espuma.

– Y si sufriera una lesión importante el seguro cubriría los gastos -añadió Hoyos.

– Exacto.

– Lo pregunto porque tengo una idea mejor.

Las miradas convergieron en Marimon.

– Que lo compre Lloris. Es posible, ¿no? Aunque no se trate de un club…

– Claro que puede ser, ya me encargaría yo de arreglarlo -afirmó Curull-. Pero ¿el señor Lloris conoce el precio de Bouba?

– Lloris no sabe nada.

– ¿Qué queréis decir?

– Pues que Lloris aún no sabe que será presidente del Valencia.