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Rodney no se atrevía a mirarla a los ojos. En lugar de eso, continuó con la vista clavada en el suelo.

– ¿Dónde estuviste ayer por la noche? -inquirió él.

Lexie cruzó los brazos.

– En la cabaña de la playa.

– ¿Con él?

Lexie dudó, intentando encontrar la mejor forma de contestar.

– No fui allí con él, si a eso te refieres.

Rodney asintió; sabía que ella le había contestado con una evasiva, pero de repente se dio cuenta de que no quería saber nada más.

– ¿Por qué lo has arrestado? Vamos, dímelo, con franqueza.

– No quería hacerlo, pero ese tipo me obligó.

– Rodney…

Él se dio la vuelta, sin levantar la vista del suelo.

– Estaba intentando ligar con Rachel, y ya sabes cómo se pone después de unas cuantas copas: en plan mujer fatal, sin una gota de sentido común. Sé que no es asunto mío, pero alguien tiene que velar por ella. -Hizo una pausa-. Cuando ese individuo hizo el gesto de marcharse, fui a hablar con él para confirmar si pensaba llevar a Rachel a su casa y también para averiguar qué clase de tipo era, y entonces empezó a insultarme. Y yo no estaba de muy buen humor, que digamos.

Lexie sabía el motivo, y cuando Rodney se quedó callado, ella tampoco dijo nada. Al cabo de un rato, Rodney sacudió la cabeza, como si intentara justificarse.

– En definitiva, ese sujeto había bebido y se disponía a conducir. Y eso es ilegal.

– ¿Estaba por encima del límite legal?

– No lo sé. Ni me preocupé por averiguarlo.

– ¡Rodney! -le reprochó ella en un susurro tajante.

– Me sacó de mis casillas, Lexie. Es un insolente y tiene una pinta muy rara. Estaba intentando ligar con Rachel y empezó a provocarme con insultos y, para rematar, dijo que trabajaba con… -Hizo una señal con la cabeza hacia Jeremy.

Lexie puso una mano sobre su hombro.

– Escúchame. ¿Lo harás? Sabes que te meterás en un buen lío si no sueltas a ese hombre ahora mismo. No puedes mantenerlo aquí encerrado sin cargos. Si Tom descubre lo que le has hecho a este cámara de televisión, con todo el trabajo que se ha tomado para asegurarse de que esta historia salga bien, no te permitirá vivir en paz. -Dejó que Rodney recapacitara sobre lo que le acababa de decir durante unos instantes, y luego prosiguió-: Y además, ambos sabemos que cuanto antes lo sueltes, antes se irán él y Jeremy del pueblo.

– ¿De verdad crees que se irá?

Ella miró a Rodney directamente a los ojos.

– Su vuelo sale mañana.

Por primera vez, Rodney no apartó la vista.

– ¿Te irás con él?

Lexie necesitó unos instantes para contestar a la misma pregunta que se había estado haciendo a sí misma durante toda la mañana.

– No -susurró-. Boone Creek es mi hogar. No pienso moverme de aquí.

Diez minutos más tarde, Alvin se dirigía al aparcamiento junto con Jeremy y Lexie. Rodney estaba de pie en la puerta de la prisión del condado, observándolos mientras se alejaban.

– No digas nada -advirtió Jeremy de nuevo, intentando agarrar a Alvin del brazo-. Sigue andando y no te des la vuelta.

– ¡Es un pobre desgraciado con una chapa y una pistola!

– No es verdad -replicó Lexie con voz firme-. Pienses lo que pienses, es un buen muchacho.

– ¡No tenía ningún motivo para arrestarme!

– Su trabajo es velar por la gente que vive en Boone Creek -dijo Lexie, intentando excusar a Rodney.

Llegaron al coche, y Jeremy le hizo una señal a Alvin para que se montara en el asiento trasero.

– Esto no quedará así -se quejó Alvin mientras entraba en el coche-. Pienso llamar al sheriff. No pararé hasta que lo echen de su puesto.

– Lo mejor que puedes hacer es olvidar lo que ha sucedido -intervino Lexie, observando directamente a Alvin a través de la puerta abierta.

– ¿Que lo olvide? ¿Estás loca? ¡Ese desgraciado no tenía razón, y tú lo sabes!

– Es cierto, pero puesto que no ha formulado cargos contra ti, será mejor que nos olvidemos del tema.

– ¿Y quién eres tú para decirme lo que debo hacer?

– Soy Lexie Darnell. Y no sólo soy una amiga de Jeremy, sino que además tengo que vivir aquí con Rodney, y puedo asegurarte que me siento mucho más segura con él vigilando el pueblo. Todo el mundo aquí se siente más seguro gracias a él. Tú, por otro lado, te marcharás mañana, y Rodney no volverá a molestarte nunca más. -Lexie sonrió-. Vamos, hombre; piensa en la maravillosa anécdota que podrás contar cuando regreses a Nueva York.

Alvin la miró con insolencia antes de desviar la vista hacia Jeremy.

– ¿Es ella? -le preguntó.

Jeremy asintió.

– Es guapa -comentó Alvin-. Quizás un poco quisquillosa, pero es guapa.

– Mejor aún, cocina como una verdadera italiana.

– ¿Tan bien como tu mamá?

– Diría que incluso mejor.

Alvin asintió y se quedó callado unos instantes.

– Supongo que crees que ella tiene razón sobre eso de olvidarme del altercado.

– Así es. Lexie conoce este lugar mucho mejor que tú o que yo, y de momento no me he equivocado siguiendo sus consejos.

– Entonces es espabilada, ¿eh?

– Muy espabilada -rectificó Jeremy.

Alvin arrugó la nariz con cara de niño travieso.

– No sé por qué, pero me parece que habéis pasado la noche juntos.

Jeremy no dijo nada.

– Debe de ser verdaderamente especial…

– ¡Eh, chicos! Por si no os habíais dado cuenta, estoy aquí. -Lexie decidió intervenir-. Puedo oír todo lo que estáis diciendo.

– Perdón -se disculpó Jeremy-. Es la vieja costumbre.

– ¿Nos vamos ya? -los apremió Lexie.

Jeremy miró a Alvin, quien parecía estar ponderando sus opciones.

– De acuerdo -aceptó finalmente, encogiéndose de hombros-. Y no sólo eso, sino que también me olvidaré de todo lo que ha sucedido; pero con una condición.

– ¿Cuál? -inquirió Jeremy

– Esos comentarios sobre comida italiana me han abierto el apetito, y no he probado bocado desde ayer. Invítame a comer, y no sólo me olvidaré de toda la cuestión, sino que además te contaré cómo salió la filmación de ayer por la noche.

Rodney los observó mientras se alejaban antes de volver a entrar en su despacho, cansado a causa de la falta de sueño. Sabía que no debería haber arrestado a ese tipo, pero aun así, no sentía remordimientos por lo que había hecho. Todo lo que deseaba era ejercer un poco de presión, y seguramente le empezarían a temblar las rodillas y acabaría soltándolo todo.

Se frotó la coronilla; no quería pensar más en esa cuestión. Tema zanjado. Sin embargo, lo que no podía zanjar era que Lexie y Jeremy hubieran pasado la noche juntos. Una cosa eran las sospechas, y otra bien distinta eran las pruebas, y no se le había escapado la forma en que ese par se había comportado esa mañana. De algún modo era distinto a como lo habían hecho la otra noche, en la fiesta, lo cual significaba que algo había cambiado entre ellos. No obstante, no había estado completamente seguro hasta que escuchó de los labios de Lexie la excusa para no contestar directamente a su pregunta. «No fui allí con él, si a eso te refieres.» No, él no se refería a eso; le había preguntado si había pasado la noche en la playa con Jeremy. Pero su vaga respuesta fue más que suficiente, y no se necesitaba ser un genio para suponer lo que había pasado.

La constatación de los hechos casi le rompió el corazón, y de nuevo deseó comprender mejor a Lexie. En el pasado había habido momentos en los que creyó que estaba a punto de descubrir qué era lo que verdaderamente le gustaba a ella, pero esto sencillamente demostraba todo lo contrario. ¿Por qué diablos ella permitía que volviera a repetirse la historia? ¿Por qué no había aprendido la lección con el primer forastero que apareció por el pueblo? ¿Acaso no recordaba lo mal que lo pasó después? ¿No se daba cuenta de que la única que volvería a salir herida de toda esa película era ella?