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Supongo que tuve uno de esos ataques míos. No me acuerdo.

– ¿Y cree usted que, durante ese ataque suyo, pudo matar a Horace Bonepenny?

Dogger asintió con aire triste y se tocó la parte posterior de la cabeza.

– ¿Quién más había allí? -preguntó.

¿Quién más había allí? ¿Dónde había oído eso antes? ¡Claro! ¿Acaso el inspector Hewitt no había utilizado esas mismas palabras pero referidas a papá?

– Baje la cabeza, Dogger -le pedí.

– Lo siento, señorita Flavia. Si maté a alguien, no era mi intención.

– Incline la cabeza.

Dogger se hundió en el sillón y se inclinó hacia adelante. Cuando le aparté el cuello de la camisa, dio un respingo. En la nuca, en la zona posterior e inferior de la oreja, tenía un formidable y oscuro cardenal con la forma y el tamaño del tacón de una bota. Se encogió de nuevo cuando se lo toqué.

Se me escapó un silbido.

– ¿Fuegos artificiales, dice usted? -le pregunté-. No eran fuegos artificiales, Dogger; lo que pasó fue que lo dejaron fuera de combate. ¿Y lleva usted dos días dando vueltas por ahí con ese cardenal en el cuello? Debe de dolerle mucho.

– Duele, señorita Flavia, pero los he tenido peores.

Supongo que lo observé con cara de incredulidad.

– Me he mirado los ojos en el espejo -añadió-. Las pupilas están del mismo tamaño. Una pequeña conmoción, pero no es grave. Me pondré bien.

Estaba a punto de preguntarle dónde había obtenido esos conocimientos cuando él se apresuró a añadir:

– Pero es sólo lo que he leído por ahí.

De repente, se me ocurrió una pregunta aún más importante.

– Dogger, ¿cómo pudo usted matar a alguien si estaba inconsciente?

Se quedó inmóvil, con el aspecto de un niño a punto de ser castigado con la palmeta. Abrió y cerró la boca en varias ocasiones, pero no llegó a decir nada.

– ¡Lo atacaron! -dije-. ¡Alguien lo golpeó con una bota!

– No, no creo, señorita -repuso con aire triste-. Verá usted, aparte de Horace Bonepenny, en el jardín no había nadie más que yo.

Veinte

Me había pasado los tres últimos cuartos de hora intentando convencer a Dogger para que me dejara ponerle una bolsa de hielo en la nuca, pero no hubo manera. Lo único que servía en esos casos, me dijo, era descansar, tras lo cual se alejó rumbo a su habitación.

Desde mi ventana, veía a Feely tumbada en una manta en el césped del sur, tratando de desviar la luz del sol hacia los dos lados de su cara con un par de ejemplares del Picture Post. Cogí unos viejos binoculares del ejército que pertenecían a papá y observé detenidamente la piel de su rostro. Tras mirarla un rato, abrí mi cuaderna de notas y apunté lo siguiente:

Lunes, 5 de junio de 1950, 9.15 horas. El aspecto del sujeto sigue siendo normal. 54 horas desde la administración. ¿Solución demasiado diluida? ¿Sujeto inmune? Es sabido que los esquimales de la isla de Baffin son inmunes a la hiedra venenosa. ¿Significa eso lo que yo creo que significa?

Pero no tenía la cabeza para esas cosas. Era difícil convertir a Feely en objeto de estudio cuando no hacía más que pensar en papá y en Dogger. Necesitaba poner en orden mis ideas. Abrí el cuaderno por una página en blanco y escribí:

Posibles sospechosos:

Papá: Es quien tiene el mejor móvil. Conoce al muerto prácticamente de toda la vida; amenazado con desvelar secretos; se sabe que discutió con la víctima poco antes del asesinato. Nadie conoce cuál era su paradero en el momento en que se cometió el crimen. El insp. Hewitt lo ha detenido y acusado de asesinato, ¡así que ya sabemos de quién sospecha el inspector!

Dogger: Es una especie de enigma. No sé mucho de su pasado, pero sí sé que es extremadamente fiel a papá. Oyó la discusión de papá con Bonepenny (pero yo también) y tal vez decidiera eliminar la amenaza de desvelar secretos. Dogger sufre de «episodios» durante y después de los cuales experimenta pérdidas de memoria. ¿Pudo matar a Bonepenny durante uno de esos episodios? ¿Pudo tratarse de un accidente? Pero, si es así, ¿quién le golpeó en la cabeza?

La señora Mullet: Carece de móvil, a no ser que quisiera vengarse de la persona que dejó una agachadiza chica muerta en la puerta de la cocina. Demasiado vieja.

Daphne de Luce y Ophelia Gertrude de Luce (¡Tu secreto ha quedado desvelado, Gertie!): ¡Menuda risa! Están tan absortas, la una en sus libros y la otra en sus espejos, que ni siquiera matarían a una cucaracha que se paseara por su plato. No conocían al muerto, no hay móvil y, además, dormían a pierna suelta cuando a Bonepenny le llegó la hora. Caso cerrado en lo que se refiere a ese par de taradas.

Mary Stoker: Móviclass="underline" Bonepenny intentó propasarse con ella en el Trece Patos. ¿Pudo seguirlo hasta Buckshaw y cargárselo en el huerto de pepinos? Parece poco probable.

Tully Stoker: Bonepenny se alojaba en el Trece Patos. ¿Se enteró Tully de lo ocurrido con Mary y decidió vengarse? ¿O un huésped que paga es más importante que el honor de una hija?

Ned Cropper: Ned está coladito por Mary (y también por otras). Sabía lo ocurrido entre Mary y Bonepenny. Tal vez decidió liquidarlo. Buen móvil, pero no hay pruebas de que estuviera en Buckshaw esa noche. ¿Podría haber matado a Bonepenny en otro sitio y llevarlo hasta allí en una carretilla? Entonces, también podría haberlo hecho Tully. ¡O Mary!