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—¿Qué dice?

—Léalo cuando lleguemos a casa. No espero que me crea a mí.

—¡Jubal! Es usted el hombre más exasperante que he conocido en mi vida.

—Y usted es una muchachita preciosa y una excelente cocinera, así que no me importa su ignorancia. De acuerdo, se lo diré; pero compruébelo luego. Algunos de los vecinos de Lot llamaron a su puerta y dijeron que deseaban conocer a aquellos dos tipos de fuera de la ciudad. Lot no discutió con ellos: en vez de eso, les ofreció un trato. Tenía dos hijas vírgenes (al menos, ésa era su opinión…), y dijo a aquel grupo de hombres que les entregaría a esas dos muchachitas para que las usasen como les viniera en gana: que las violasen en masa, que las prostituyesen como y con quien quisieran, les suplicó que hiciesen cualquier maldita cosa que les apeteciera con sus hijas, a cambio de que, por favor, se marcharan y dejasen de aporrear su puerta.

—Jubal… ¿de veras dice eso la Biblia?

—Mírelo usted misma. He modernizado un poco el lenguaje, pero el significado es tan inconfundible como el guiño de una ramera. Lot ofreció a un grupo de hombres, «jóvenes y viejos», dice la Biblia, que abusaran de dos jóvenes vírgenes bajo su protección a cambio de que no echaran abajo su puerta. ¡Vaya! —se inclinó hacia delante, y sus ojos chispearon—. ¡Quizá hubiera debido probar eso cuando los de los Servicios Especiales estaban rompiendo mi puerta! Quizá eso me hubiera valido el Cielo…, y San Pedro sabe que mis posibilidades no son muy buenas de otro modo… —frunció el entrecejo y pareció preocupado—. No, no hubiera funcionado. La receta exige claramente «virgins intactae»…, y no hubiera sabido a cuáles ofrecer.

—¡Hum! No lo hubiera sabido de mí.

—Posiblemente no hubiera podido averiguarlo de ninguna. Incluso Lot pudo haberse equivocado. Pero eso es lo que les prometió: sus hijas vírgenes, jóvenes, tiernas y asustadas. Animó a aquella pandilla callejera a que las violase…, ¡con el exclusivo objeto de que le dejasen a él en paz! —Jubal soltó un bufido—. Y la Biblia cita a este tipo de escoria como un hombre justo.

—No creo que nos lo enseñaran de ese modo en la escuela dominical —dijo Jill lentamente.

—¡Maldita sea, examínelo usted misma! Probablemente le ofrecieron una versión expurgada. Y ésa no es la única sorpresa que aguarda a cualquiera que realmente lea la Biblia. Considere a Eliseo. En la Biblia se dice que Eliseo estaba tan repleto del fuego sagrado, que devolvía la vida a un hombre muerto con sólo tocar sus huesos. Pero era un viejo cascarrabias calvo, como yo. Y así, un día, algunos chiquillos la tomaron con él y empezaron a burlarse de su calvicie, como esas díscolas muchachas de mi alrededor hacen con la mía. De modo que Dios intercedió personalmente y envió un par de osos, que redujeron a cuarenta y dos niños pequeños a ensangrentados jirones de carne. Eso es lo que dice la Biblia: capítulo segundo del libro dos de los Reyes.

—Jefe, yo nunca me he burlado de su calva.

—¿Quién envía entonces mi nombre a todos esos curanderos charlatanes que dicen ser repobladores de cabezas? ¿Dorcas, quizá? Quienquiera que sea, Dios lo sabe…, y vale más que esa muchacha se mantenga atenta, por si los osos. Podría volverme piadoso en mi chochez, y empezar a gozar de la protección divina. Pero no voy a ofrecerle más ejemplos. La Biblia está repleta de relatos así: léala y descúbralos. Crímenes que le revuelven a uno las tripas son presentados como hechos ordenados por la divinidad o sancionados por ella…, junto con, debo reconocerlo, muchos ejemplos de sentido común y valiosas normas prácticas de conducta social. No trato de desprestigiar la Biblia; soporta bastante mejor el examen que algunos otros escritos sagrados. No es ese parche cosido sobre sádica y pornográfica basura que pasa por ser los escritos sagrados de los hindúes. O una docena de otras religiones.

»Pero tampoco condeno a ninguna de ésas. Resulta enteramente concebible que alguna de tales mitologías mutuamente contradictorias sea la palabra literal de Dios…, que Dios sea en verdad el tipo de paranoico sediento de sangre que hace pedacitos a cuarenta y dos niños pequeños por haber tenido la osadía de burlarse de uno de sus sacerdotes. No me pregunte a mí cuál es la política de la Gerencia; yo sólo trabajo aquí. Mi punto de vista es que la Nueva Revelación de Foster, hacia la que tan desdeñosa se muestra usted, es por lo menos tan dulce y luminosa como las escrituras de cualquier otra confesión. El patrón del obispo Digby es un Don Fulano jovial; quiere que la gente sea feliz aquí en la Tierra sin perder su opción a la bienaventuranza eterna en el Cielo. No espera que uno castigue su carne «aquí y ahora», a fin de alcanzar las recompensas una vez muerto. ¡Oh, no! Ése es el paquete económico gigante moderno. Si a uno le gusta la bebida y el juego y el baile y las mujeres, como les ocurre a la mayoría, pues adelante, que acuda a la Iglesia y lo haga bajo los sagrados auspicios. Que lo haga con la conciencia libre de cualquier rastro de culpa. Que se divierta realmente. ¡A vivir! ¡A ser feliz!

Jubal distaba mucho de parecer feliz. Prosiguió:

—Naturalmente, hay una pequeña contrapartida: el Dios de Digby espera ser reconocido como tal. Pero eso ha sido siempre una debilidad de los dioses. Quienquiera que sea lo bastante estúpido como para negarse a ser feliz de acuerdo con sus condiciones es un pecador, y como tal merece cualquier cosa que le ocurra. Pero ésta es una regla común a todos los dioses y diosas de la historia; no puede reprochársele sólo a Foster y a Digby, siendo que ellos no la inventaron. Su aceite de serpiente marca registrada es absolutamente ortodoxo en todos los aspectos.

—Jefe, habla usted como si estuviera medio convertido.

—¡En absoluto! No me gustan las danzas de la serpiente, desprecio las masas y no consiento que mis inferiores sociales y mentales me digan dónde debo ir los domingos…, y no me gustaría el cielo si esas masas tuvieran que ir a él. Me limito simplemente a poner objeciones a que les critique por cosas equivocadas. Como literatura, la Nueva Revelación presenta un nivel por encima de la media, y eso es lógico: fue compuesta a base de plagiar otras escrituras. En cuanto a la consistencia lógica e interna, las reglas mundanas no se aplican a los textos sagrados. Pero incluso sobre esta base, la Nueva Revelación debe ser considerada superior a la media; difícilmente se morderá alguna vez la cola. Intenta reconciliar a veces el Antiguo Testamento con el Nuevo, o la doctrina budista con los apócrifos budistas.

»En cuanto a la moral, el fosterismo es simplemente la ética freudiana endulzada para personas incapaces de aceptar la psicología a palo seco, aunque dudo que el viejo libertino que la redactó…, perdón, que «fue inspirado a escribirla», lo supiese; no era ningún erudito. Pero estaba en tono con su tiempo, pulsaba bien el zeitgeist. Miedo, sensación de culpabilidad y la pérdida de la fe… ¿Cómo podía fallar? En fin, calle un poco ahora; voy a echar una cabezada.

—¿Quién está hablando?

—«La mujer me tentó» —Jubal cerró los ojos.

Al llegar a casa, descubrieron que Caxton y Mahmoud habían ido allí a pasar el día. Ben se había sentido desilusionado al saber que Jill estaba ausente, pero soportó la decepción sin echarse a llorar gracias a los buenos oficios de Anne, Miriam y Dorcas. Mahmoud siempre les visitaba con el propósito declarado de ver a Mike, su protegido, y al doctor Harshaw; sin embargo, él también mostró una valerosa fortaleza de ánimo al conformarse sólo con la comida, el licor, el jardín y las odaliscas de Jubal para entretenerse durante la ausencia de su anfitrión. Estaba tendido boca abajo y Miriam le frotaba la espalda, mientras Dorcas le acariciaba la cabeza.