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Jill negó con la cabeza.

—Eso no serviría.

—Bueno, conocí a un mago que solía vestir a su ayudante al estilo de los Felices Noventa…, quiero decir, de los mil ochocientos noventa: ni siquiera mostraba las piernas. Luego, en escena, hacía desaparecer las prendas una tras otra. A los primos les encantaba. Pero no me interpretes mal, querida…, no era nada falto de tacto y refinamiento. La muchacha terminaba con tanta ropa encima como la que tú llevas ahora…, o casi.

—Patty —dijo Jill francamente—, haría nuestro número completamente desnuda si los payasos no nos cerrasen el espectáculo.

Mientras lo decía, se dio cuenta que lo decía en serio…, y se preguntó cómo la enfermera graduada Boardman, supervisora de planta, había alcanzado el punto en el que hablaba en serio cuando decía aquello. A causa de Mike, por supuesto…, y se sentía completamente feliz al respecto.

La señora Paiwonski negó con la cabeza.

—No podrías, cariño. Los primos se amotinarían. Sólo un toque más de ginger ale, querida. Pero, si tienes una figura escultural, ¿por qué no utilizarla? ¿Adónde crees que llegaría yo como dama tatuada si no me desnudase todo lo que me permiten?

—Hablando de eso —intervino Mike—, no pareces muy cómoda con toda esa ropa. Creo que se ha estropeado el acondicionador de aire de este agujero, y lo menos estamos a treinta grados… —Mike vestía una bata ligera, su concesión a las relajadas convenciones del mundo del espectáculo. El calor extremo, había averiguado, le afectaba de un modo muy leve, hasta el punto de que a veces tenía que ajustar su metabolismo. Pero sabía que su amiga estaba habituada a la auténtica comodidad de no llevar casi nada, y sólo se vestía como ahora para cubrir sus tatuajes cuando andaba entre primos; Jill se lo había explicado—. ¿Por qué no te pones cómoda? «No hay nadie aquí excepto nosotros los pollos». —esta última frase, sabía, formaba parte de un chiste, y era apropiada para enfatizar la intimidad entre amigos…, Jubal había intentado explicárselo y había fracasado. Pero Mike había anotado cuidadosamente cuándo y cómo podía ser usada.

—Naturalmente, Patty —confirmó Jill—. Si no llevas nada debajo de esta ropa, te traeré algo ligero y confortable. O simplemente podemos decirle a Mike que cierre los ojos.

—Oh…, bueno, me metí en uno de mis vestidos al salir.

—Entonces no seas envarada con los amigos. Voy a buscarte unas zapatillas.

—Dejad que me quite las medias y los zapatos.

Continuó hablando mientras pensaba cómo podía llevar la conversación hacia el tema de la religión, que era lo que deseaba. Benditos fueran; esos chicos estaban maduros para convertirse en buscadores, estaba segura…, pero ella había confiado en disponer de toda la temporada para llevarles a la luz, no sólo de una visita apresurada antes de que se fueran—. Lo principal del negocio del espectáculo, Smitty, es que primero tienes que saber lo que desean los primos…, y tienes que saber que eres tú quien se lo proporcionas y cómo hacer que les guste. Ahora, si eres un auténtico mago… Oh, no pretendo decir que no seas hábil, querido, porque lo eres… —introdujo las medias cuidadosamente enrolladas en los zapatos, se soltó el portaligas y se libró modestamente de él, y dejó que Jill le pusiera las zapatillas—. Quiero decir que tu magia parece real, como si hubieras hecho un pacto con el diablo. Eso no puede discutirse. Pero los primos saben que no son más que simples juegos de manos. Así que tienes que darles también un show alegre para animarles. ¿Has visto alguna vez un comefuego con una ayudante guapa? Cielos, una preciosidad a su lado le estropearía el número; los primos se fijan en él esperando que se queme vivo o estalle en llamas de algún modo.

Se quitó el vestido por encima de la cabeza; Jill lo tomó y besó a Patty.

—Así pareces más natural, tía Patty. Siéntate y disfruta de tu bebida.

—Sólo un segundo, querida —la señora Paiwonski rezó intensamente para sí en solicitud de guía; deseaba tener habilidades de predicador…, o al menos el don de hablar convincentemente. Bueno, los dibujos en su cuerpo hablarían por sí mismos; para eso los había puesto George allí—. En cuanto a mí, esto es lo que tengo para enseñar a los primos, esto y mis serpientes… pero esto es más importante. ¿Habéis mirado alguna vez mis dibujos, los habéis mirado de verdad?

—No —admitió Jill—, supongo que no. Nunca quisimos mirarte como si fuéramos un par de primos.

—Entonces miradme ahora, queridos, que para eso George, bendita sea su dulce alma en los cielos, los puso aquí. Para que los mirasen… y los estudiasen. Aquí, debajo de la barbilla, está la escena del nacimiento de nuestro profeta, el santo Arcángel Foster…, en aquellos momentos un bebé inocente que ignoraba lo que el cielo le tenía reservado. Pero los ángeles lo sabían, ¿no los veis a su alrededor? La siguiente escena es su primer milagro, cuando un joven pecador de la escuela rural a la que él asistía disparó contra un pobre pajarillo…, y él lo recogió y lo acarició y lo lanzó al aire para que reanudara ileso el vuelo. ¿Veis el edificio de la escuela detrás? Ahora hay un salto, y tengo que volverme de espaldas. Pero cada uno de los santos acontecimientos de su vida está convenientemente fechado.

Explicó cómo George no había dispuesto de una tela vacía sobre la que trabajar cuando inició su obra maestra…, puesto que ambos habían sido pecadores y la joven Patricia tenía ya muchos tatuajes. Cómo, con gran esfuerzo y un genio inspirado, George había sido capaz de transformar «El ataque contra Pearl Harbour» en «Armagedón», y «La línea del cielo de Nueva York» en «La Ciudad Santa».

— Pero —admitió sinceramente—, aunque ahora hasta el último de ellos es una pintura sagrada, se vio obligado a buscar huecos y aprovechar al máximo mi piel para poder registrar sobre la carne viva el testimonio de todos los hitos de la existencia terrena de nuestro profeta. Aquí le veis predicando en la escalinata del impío seminario teológico que le rechazó; ésa fue la primera vez que le arrestaron, el principio de la Persecución. Y ahí, en mi espina dorsal, le veis destrozando las imágenes idólatras…, y el dibujo siguiente le representa en la cárcel, con la luz divina cayendo sobre él. Entonces los Pocos Fieles irrumpieron en la prisión…

El reverendo Foster había comprendido muy pronto que, en lo que a defensa de la libertad religiosa se refería, la utilización de nudilleras de bronce, estacas, y la voluntad de oponerse con la violencia a los polis era algo mucho más efectivo que la resistencia pasiva. La suya había sido una Iglesia militante desde un principio. Pero también había sido táctica; las batallas organizadas se desarrollaban sólo en lugares donde la artillería pesada estuviera del lado del Señor.

—… y le rescataron, y embrearon y emplumaron al juez idólatra que le había puesto allí. Mirad ahora por delante. Oh, no podéis verlo muy bien; mi sujetador lo tapa. Una vergüenza.

—(Michael, ¿qué es lo que quiere?)

—(Tú lo sabes mejor. Díselo.)

—Tía Patty —dijo Jill en voz baja—, quieres que miremos todos tus dibujos, ¿verdad?

—Bueno…, tal como dice Tim en los folletos, George utilizó toda mi piel para dejar constancia de la historia completa.

—Si George se tomó tanto trabajo, estoy seguro de que su intención era que los dibujos fueran vistos. Quítate esa prenda. Ya te dije que a mí no me importaría hacer nuestro número completamente desnuda…, y lo nuestro es puro entretenimiento. tienes una finalidad…, una finalidad sagrada.

—Bueno…, de acuerdo. Si realmente queréis que lo haga.

Entonó un silencioso aleluya y decidió que el propio Foster la estaba sosteniendo. Con la bendita suerte y los dibujos de George, todavía podía conseguir que esos queridos chicos buscasen la luz.