Digby obedeció y aguardó. Foster hizo sonar su halo, una costumbre irritante que había adquirido durante sus momentos de reflexión.
—Hijo, no te estás modelando demasiado angélicamente.
—Lo siento.
—Las lamentaciones no encajan en la eternidad. Pero la Verdad es que te preocupas demasiado por ese joven sujeto, que puede o puede no ser nuestro hermano Miguel. Ahora aguarda… En primer lugar, no eres quién para Juzgar al instrumento utilizado para enviarte aquí desde los pastos. En segundo lugar, no es él lo que te preocupa, apenas le conoces: lo que en el fondo te roe por dentro es esa pequeña secretaria morenita que tenías. Se había ganado mi Beso durante el período temporal antes de que tú fueses llamado, ¿no es así?
—Aún estaba probándola.
—Entonces, no me cabe la menor duda de que te sentirás angélicamente complacido al observar que el obispo supremo Short, después de someterla al más completo de los exámenes… oh, de lo más detallado; puedo decirte que no ha quedado nada de ella por examinar…, la ha aprobado, y la muchacha disfruta ahora de la amplia Felicidad que merece.
»Hum. Un pastor debería hallar satisfacción en su trabajo, pero cuando es ascendido también debería experimentar alegría por ello. Resulta que ha surgido una plaza libre para un guardián en período de entrenamiento en un nuevo sector que va a abrirse. Es un trabajo por debajo de tu jerarquía nominal, lo reconozco, pero se trata de una buena experiencia angélica. Ese planeta…, bueno, puedes pensar en él como un planeta, ya verás…, está ocupado por una raza de tripolaridad en vez de bipolaridad, y estoy absolutamente convencido de que ni el mismísimo don Juan sería incapaz de descubrir ningún interés terrestre en ninguna de sus tres polaridades…, y eso no es una opinión; fue enviado como prueba. Chilló y rezó pidiendo que se le devolviera al infierno solitario que se ha creado para sí mismo.
—Así que se me envía a Mataplana, ¿eh? ¡Para que no interfiera!
—¡Oh, vamos, vamos! No puedes interferir. Es la única Imposibilidad que permite que todo lo demás sea posible; traté de decírtelo cuando llegaste. Pero no dejes que eso te preocupe; dispones de toda la eternidad para seguir intentándolo. Tus órdenes incluirán un bucle para que puedas comprobar el presente y el pasado sin ninguna pérdida de temporalidad. Y ahora, sal volando a escape; tengo trabajo que hacer.
Foster volvió al punto donde había sido interrumpido. Oh, sí, una pobre alma temporalmente designada con el nombre de «Alice Douglas»…, enviada como estímulo para una dura labor, y que se había enfrentado a ella de un modo firme y persistente. Pero su trabajo ya había sido completado, y ahora necesitaría descanso y rehabilitación tras la inevitable fatiga de la batalla; debía de estar pateando y chillando y espumeando ectoplasma por todos sus orificios.
¡Oh, necesitaría un exorcismo completo después de un trabajo tan duro! Pero todos los trabajos eran duros; no podía ser de otra forma. Y «Alice Douglas» era una operadora de campo de absoluta confianza; podía desempeñar cualquier operación para la que hiciese falta mano izquierda siempre y cuando fuese algo esencialmente virginaclass="underline" ser quemada en la hoguera o ingresar en un convento; siempre respondía.
No es que le importasen mucho las vírgenes, más allá de su respeto profesional por cualquier trabajo bien hecho. Foster lanzó una última y rápida mirada a la señora Paiwonski; allí había un compañero de trabajo digno de su aprecio. ¡La pequeña y encantadora Patricia! Qué santa y lozana bendición…
29
Cuando la puerta de su suite se cerró detrás de Patricia Paiwonski, Jill dijo:
—¿Y ahora qué, Mike?
—Nos vamos. Jill, supongo que has leído algo acerca de la psicología anormal.
—Sí, por supuesto. En mi instrucción. Aunque sé que no tanta como tú.
—¿Conoces el simbolismo del tatuaje? ¿Y el de las serpientes?
—Claro. Supe eso acerca de Patty en cuanto la conocí. Confiaba en que tú encontrases el medio de averiguarlo también.
—No pude hasta que fuimos hermanos de agua. El sexo es necesario, el sexo es una buena ayuda, pero sólo si se comparte y crea acercamiento. Asimilo que si lo hiciese sin acercamiento…, Bueno, no estoy seguro.
—Asimilo que aprenderías lo que no pudieras, Mike. Ésa es una de las razones, una de las muchas razones por las que te tengo cariño.
—Sigo sin asimilar «cariño». No asimilo «personas». Ni siquiera a ti. Pero no deseaba que Pat se marchase.
—Impídelo. Consérvala a nuestro lado.
—(Hay que esperar, Jill)
—(Lo sé)
Mike añadió en voz alta:
—Además, dudo que pudiéramos proporcionarle todo lo que necesita. Desea entregarse continuamente a todo el mundo. Ni siquiera sus reuniones de Felicidad, sus serpientes y sus primos son suficientes para Pat. Ella anhela ofrecerse en un altar al mundo entero, siempre…, y hacerlos dichosos. Esta Nueva Revelación…, asimilo que para muchas personas significa un montón de otras cosas. Pero eso es lo que representa para Pat.
—Sí, Mike. Querido Mike.
—Es hora de irnos. Elige el vestido que quieras y coge tu bolso. Dispondré del resto de la basura.
Jill pensó un poco tristemente que alguna vez le gustaría poder llevarse consigo una o dos cosas. Pero Mike siempre iba de un lado para otro con sólo lo puesto…, y parecía asimilar que ella lo prefería así también.
—Me pondré ese precioso vestido azul.
La prenda flotó en el aire, quedó suspendida sobre ella, se deslizó hacia abajo cuando ella alzó las manos; la cremallera se cerró. Los zapatos a juego avanzaron hacia ella, aguardaron mientras se metía dentro de ellos.
—Estoy lista, Mike.
Mike había captado el pensativo sabor de sus pensamientos, pero no el concepto; era demasiado extraño para las ideas marcianas.
—Jill, ¿quieres que paremos y nos casemos?
Ella pensó unos instantes en la proposición.
—Hoy no podríamos, Mike. Es domingo; no conseguiríamos una licencia.
—Mañana, entonces. Lo recordaré. Asimilo que te gustaría.
Ella siguió pensando en la proposición.
—No, Mike.
—¿Por qué no, Jill?
—Por dos razones. Una, no nos aproximaría más, porque ya compartimos el agua. Eso es lógico, tanto en inglés como en marciano.
—Sí.
—Y la otra, es una razón válida sólo en inglés. No me gustaría que Dorcas, Anne y Miriam…, e incluso Patty, pensaran que he tratado de echarlas fuera. Y una de ellas podría pensarlo.
—No, Jill, ninguna de ellas pensaría eso.
—Bueno, de todos modos no quiero correr ese riesgo, porque no lo necesito. Tú ya te casaste conmigo en la habitación de un hospital, hace siglos y siglos. Sólo porque eras de la forma que eres. Antes de que yo lo sospechara siquiera —vaciló—. Pero sí hay algo que puedes hacer por mí.
—¿Qué, Jill?
—Bueno, puedes llamarme de tanto en tanto con nombres cariñosos. De la misma forma que yo hago contigo.
—De acuerdo, Jill. ¿Qué nombres cariñosos?
—¡Oh! —ella le besó rápidamente—. Mike, eres el hombre más dulce, más encantador que haya conocido nunca…, ¡y la criatura más exasperante de dos planetas! No te molestes con los nombres cariñosos. Limítate a llamarme «hermanito» de vez en cuando…, eso hace que me estremezca interiormente de pies a cabeza.
—Sí, hermanito.
—¡Oh, Dios mío! Ahora ponte decente y salgamos de aquí, antes de que te lleve de vuelta a la cama. Vamos. Te espero en la recepción; estaré pagando la cuenta —se marchó precipitadamente.
Fueron a la estación de aerobuses de la ciudad y cogieron el primer Greyhound que iba a alguna parte. Una o dos semanas más tarde se detuvieron en casa, compartieron el agua durante un par de días, se marcharon de nuevo sin despedirse de nadie…, o más bien Mike lo hizo; despedirse era una costumbre humana a la que se resistía testarudamente, y nunca la utilizaba por voluntad propia. La usaba formalmente con los desconocidos sólo cuando Jill requería que lo hiciera.