Por supuesto, se sentía más una «dama» que nunca…, aunque prefería pensar en sí misma como una «persona». Pero ya no era capaz de ocultar a su mente consciente —ni sentía ningún deseo de hacerlo— que había algo dentro de ella tan alegremente desvergonzado, como una gata en celo que fuera a ejecutar su danza del vientre para excitación de todos los gatos machos del vecindario.
Trató de explicarle todo esto a Mike, comunicándole su teoría de las funciones complementarias y la naturaleza funcional de la exhibición narcisista y del voyeurismo, utilizándose a sí misma y a Duque como ejemplos clínicos.
—Lo cierto es, Mike, que noto que algo se agita dentro de mí cuando todos esos tipos me contemplan…, un sinfín de individuos y casi ningún hombre. Así que ahora asimilo por qué le gusta a Duque tener montones de fotos de mujeres, cuanto más sensuales mejor. Es lo mismo, sólo que a la inversa. Eso no quiere decir que desee irme a la cama con ellos, del mismo modo que Duque no desea irse a la cama con una de sus fotografías; demonios, querido… ni siquiera siento deseos de decirles «hola».
»Pero cuando me miran y me dicen, mejor dicho lo piensan, que soy deseable, eso me produce un hormigueo, una sensación cálida ahí en la boca del estómago —frunció ligeramente el entrecejo—. ¿Sabes?, debería hacer que me tomaran una foto realmente indecente y enviársela a Duque. Sólo para decirle que lamento haberle desdeñado y no haber conseguido asimilar lo que pensé que no era más que una debilidad suya. Porque, si se trata de una debilidad, también yo la tengo…, pero como mujer. Si fuera una debilidad… Pero asimilo que no lo es.
—De acuerdo. Buscaremos un fotógrafo por la mañana.
Ella negó con la cabeza.
—No, me limitaré a pedirle disculpas la próxima vez que vayamos a casa. En realidad, no le enviaría nunca a Duque una foto así. Nunca hizo la menor insinuación de querer propasarse conmigo…, y no deseo que se le ocurran ciertas ideas.
—Jill, ¿no desearías a Duque?
Ella oyó en su mente un eco del concepto de «hermano de agua».
—Hum…, en realidad jamás pensé en ello. Supongo que ha sido porque me he sentido «fiel» hacia ti, lo cual de todos modos no ha sido ningún esfuerzo. Pero asimilo que hablas correctamente: no rechazaría a Duque, y lo disfrutaría también. ¿Qué piensas de eso, querido?
—Asimilo bondad —repuso Mike seriamente.
—Hum…, mi galante marciano, hay momentos en los que a las mujeres humanas nos gusta apreciar al menos un conato de celos…, pero no creo que exista la más remota posibilidad de que asimiles alguna vez lo que es estar «celoso». Cariño, ¿qué asimilarías si alguno de esos primos, esos hombres de entre el público, no un hermano de agua, me formulara proposiciones deshonestas?
Mike apenas sonrió.
—Asimilo que él desaparecería.
—Hum. Asimilo que es posible. Pero, Mike…, escúchame con atención, querido. Me prometiste que no harías nada de eso a menos que surgiera una emergencia grave. Así que no te precipites. Si me oyeras chillar y gritar pidiendo ayuda, alcanzaras mi mente y comprobaras que me hallaba en un auténtico problema, entonces sería otro asunto. Pero yo ya me las arreglaba con lobos cuando tú aún estabas en Marte. En nueve de cada diez veces, si una chica es violada, en buena parte la culpa le corresponde a ella. La décima vez…, bueno, de acuerdo. Lánzale tu mejor empujón al pozo sin fondo. Pero descubrirás que la mayoría de las veces no es necesario.
—De acuerdo, lo recordaré. Quiero que mandes esa foto indecente a Duque.
—¿Qué, querido? Lo haré si tú lo quieres. Es sólo que, si alguna vez quiero insinuarme a Duque…, y puede que lo haga, ahora que me has metido la idea en la cabeza…, le cogería por los hombros y le diría: «Duque, ¿qué opinas? Yo estoy dispuesta». No me gusta el sistema de enviarle por correo una foto indecente, como hacían aquellas repugnantes fulanas contigo. Pero, si tú quieres que lo haga, entonces de acuerdo. Hum, tampoco es necesario hacerla demasiado indecente…, podría hacerme una foto clásica de corista profesional y decirle lo que estoy haciendo y preguntarle si tiene espacio para ella en su álbum. Puede que no lo interprete como una insinuación.
Mike frunció el entrecejo.
—Creo que he hablado de forma incompleta. Si deseas enviarle a Duque una fotografía indecente, hazlo. Si no lo deseas, entonces no lo hagas. Pero me hubiera gustado ver cómo tomaban esa foto indecente. Jill, ¿qué es una foto «indecente»?
Mike estaba desconcertado por toda aquella idea en generaclass="underline" por el cambio de Jill, de una actitud que nunca había comprendido pero que había aprendido a aceptar, a una actitud exactamente opuesta de placer…, más un tercer y antiguo desconcierto ante la colección «artística» de Duque, que evidentemente no tenía nada de artística. Pero el pálido y evanescente concepto marciano paralelo a la tumultuosa sexualidad humana no le proporcionaba ninguna base para asimilar ni el narcisismo ni el voyeurismo, ni el recato ni la exhibición.
—«Indecente» significa una incorrección —añadió—, normalmente una pequeña incorrección, pero asimilo que tú no quieres dar a entender ni siquiera una pequeña incorrección, sino más bien una corrección.
—Oh, una foto indecente puede ser cualquiera de esas cosas, supongo, según quien la mire, ahora que he vencido algunos de mis prejuicios. Pero… Mike, tendré que mostrártelo; no te lo puedo explicar. Pero primero cierra esas persianas, ¿quieres?
Las persianas venecianas se cerraron solas.
—Muy bien —dijo Jill—. Ahora, esta postura puede ser considerada un poco indecente; cualquiera de las chicas del espectáculo la utilizaría como recurso profesional…, y esta otra lo es un poco más, algunas de las chicas la usarían. Pero esta otra ya es inconfundiblemente indecente…, y ésta es indecente por completo…, y ésta es indecente en extremo, de tal modo que yo no posaría así ni con la cara envuelta en una toalla, a menos que tú lo desearas.
—Pero, si tu rostro estaba tapado, ¿para qué iba yo a quererla?
—Pregúntaselo a Duque. Eso es todo lo que puedo decirte.
Él siguió pareciendo desconcertado.
—No asimilo ninguna incorrección, tampoco asimilo corrección. Asimilo… —utilizó una palabra marciana que expresaba un estado absolutamente desprovisto de emociones.
Pero estaba interesado, precisamente porque se sentía tan desconcertado; siguieron hablando de ello, en marciano cuando era posible, debido a sus extremadamente finas discriminaciones para emociones y valores…, y en inglés también, cuando el marciano, pese a lo rico que era, era incapaz de reflejar los conceptos.
Aquella noche Mike apareció en una mesa de primera fila, después de que Jill le dijera cómo sobornar al jefe de camareros para que le diera aquel lugar; estaba decidido a proseguir con su investigación del misterio. Jill no estaba en contra de ello. Apareció trotando en el primer número de la producción, dirigiendo sonrisas a todo el mundo y un rápido guiño a Mike cuando se volvió y sus ojos se cruzaron con los de él. Descubrió que, con Mike presente, la cálida y agradable sensación que había disfrutado todas las noches se amplificaba enormemente: sospechó que, si las luces se apagaran, su cuerpo brillaría en la oscuridad.
Cuando el desfile terminó y las chicas formaron cuadro, Mike estaba a no más de tres metros de ella; Jill había sido promovida a la primera fila del coro. El director la había mirado de pies a cabeza a su cuarto día con el espectáculo y le había dicho: