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—¡Jefe, no soy un conejillo de Indias! Por mí puede irse usted al infierno.

—A su debido tiempo lo haré, no lo dudes. No será difícil, muchacha; Mike no sufre enfermedades contagiosas, o no le hubiera permitido utilizar la piscina…, lo cual me recuerda: Miriam, cuando regrese Larry, dile que quiero que vacíe, limpie y vuelva a llenar la piscina esta noche…, ya no necesitamos el agua turbia. ¿Y bien, Dorcas?

—¿Cómo sabe que será nuestra primera vez?

—Eso es fácil de averiguar. Mike, ¿ha besado alguna vez a Dorcas?

—No, Jubal. Hasta hoy no he sabido que Dorcas es también mi hermano de agua.

—¿Lo es?

—Sí, Dorcas y Anne y Miriam y Larry. Son sus hermanos de agua, hermano Jubal.

—Hum, sí. Correcto en esencia.

—Sí. Es la esencia, la asimilación…, no el compartir el agua. ¿Hablo correctamente?

—Muy correctamente, Mike.

—Ellos son sus hermanos de agua —Mike hizo una pausa para pensar en las palabras—. En asociación concatenada, pues, son también mis hermanos —Mike miró a Dorcas—. Para los hermanos, acercarse es bueno. Pero yo no lo sabía.

—¿Y bien, Dorcas? —insistió Jubal.

—¿Eh? ¡Oh, cielos! ¡Jefe, es usted el tipo más incordiador del mundo! Pero Mike no incordia en absoluto. Es dulce —se acercó al Hombre de Marte, se alzó de puntillas y levantó los brazos—. Béseme, Mike.

Mike obedeció. Durante varios segundos se «acercaron». Dorcas se desmayó.

Jubal se dio cuenta e impidió que cayera al suelo, puesto que Mike era demasiado inexperto en estas situaciones. Luego Jill tuvo que hablar apresurada y secamente a Mike para impedir que sus temblores se convirtieran en retraimiento cuando vio lo que le había ocurrido a Dorcas. Por suerte, Dorcas recuperó el sentido al poco rato y pudo tranquilizar a Mike asegurándole que se encontraba bien, que realmente se habían «acercado», y que estaba dispuesta de muy buen grado a acercarse de nuevo…, pero que antes necesitaba recobrar el aliento.

—¡Uau!

Miriam había estado observando todo aquello con los ojos muy abiertos.

—Me pregunto si yo tendría el valor de arriesgarme.

—Por antigüedad, por favor —intervino Anne—. Jefe, ¿ya no me necesita en calidad de testigo?

—Por el momento no, al menos.

—Entonces sosténgame la toga —se la quitó—. ¿Quién quiere apostar?

—¿A qué?

—Ofrezco siete a dos a que yo no me desmayo…, pero no me importaría perder.

—Hecho.

—Dólares, no billetes de cien. Querido Mike…, acerquémonos mucho.

A su debido tiempo, Anne se vio obligada a ceder por pura hipoxia, puesto que Mike, con su adiestramiento marciano, era capaz de resistir mucho más rato sin oxígeno. Jadeó en busca de aire y dijo:

—No estaba preparada, jefe. Creo que voy a darle otra oportunidad de recuperar su dinero.

Se dispuso a ofrecer de nuevo su rostro a Mike, pero Miriam le dio unos golpecitos en el hombro.

—Fuera.

—No seas tan ansiosa.

—He dicho «fuera». A la cola, muchacha —insistió Miriam.

—¡Oh, está bien! —Anne ofreció un rápido beso a Mike y se dio por vencida. Miriam ocupó su lugar, le sonrió y no dijo nada. No fue necesario; se acercaron, y siguieron acercándose.

—¡Primera!

Miriam miró a su alrededor.

—Jefe, ¿acaso no ve que estoy ocupada?

—¡Está bien, está bien! Pero quítate del campo…, contestaré yo mismo al teléfono.

—De veras, no lo había oído.

—Evidentemente. Pero al menos por un tiempo hemos de dar la sensación de que tenemos un mínimo de dignidad aquí…, puede ser el secretario general. Así que fuera del campo.

Pero era Mackenzie.

—Jubal, ¿qué demonios pasa?

—¿Alguna dificultad?

—Hace unos momentos recibí una llamada loca de un tipo joven que aseguró que hablaba en tu nombre y me urgió a dejarlo todo y salir a escape, porque finalmente tenías algo para mí. Puesto que ya había ordenado a una unidad móvil que se trasladase a tu casa…

—Aquí no ha llegado nadie.

—Ya lo sé. Llamaron, después de vagar por alguna parte al norte de tu residencia. Nuestro despachador les concretó mejor las señas, y llegarán de un momento a otro. Intenté dos veces ponerme en comunicación contigo, pero tu circuito estaba ocupado. ¿Qué es lo que me he perdido?

—Todavía nada.

Jubal meditó sobre aquello. Maldición, hubiera debido hacer que alguien monitorizara la caja de parloteos. ¿Había emitido ya Douglas el comunicado de prensa? ¿Se había comprometido? ¿O se presentaría una nueva manada de polis en cualquier momento? ¡Y mientras, los chicos jugaban a la estafeta de correos! Jubal, te estás volviendo senil.

— Y no estoy seguro de que vaya a ocurrir algo, todavía no —dijo—. ¿Ha habido algún comunicado o noticia especial en el transcurso de la última hora?

—Bueno, no… Oh, sí, una cosa: el Palacio ha anunciado que el Hombre de Marte ha regresado al norte y está descansando en el… ¡Jubal! ¿Estás mezclado en eso?

—Espera un momento. Mike, ven aquí. Anne, coge tu toga.

—Ya la tengo, jefe.

—Mackenzie, te presento al Hombre de Marte.

Mackenzie dejó colgar la mandíbula, luego sus reflejos profesionales acudieron en su ayuda.

—Espera un momento. Espera aquí y déjame enfocar una cámara sobre eso. Tomaremos imágenes planas, directamente a través del teléfono…, y las repetiremos en estereovisión tan pronto como esos payasos míos se presenten ahí. Jubal… ¿puedo dar eso por seguro? No me…, no me…

—¿Hacerte una mala jugada con un testigo honesto junto a mi codo? Sí, lo haría, si fuese necesario. Pero no te estoy obligando a nada. De hecho, podemos esperar y contactar con la Argus y la Trans-Planet.

—¡Jubal! No puedes hacerme esto.

—Y no lo haré. El acuerdo con todos vosotros consistió en monitorizar lo que las cámaras vieran cuando yo diese la señal. Y utilizarlo si merecía la pena. Pero no prometí conceder entrevistas adicionales…, y la New World puede conseguir esta entrevista, oh, digamos treinta minutos antes que la Argus y la Trans-P…, si tú quieres —añadió, luego—. No sólo nos cediste todo el equipo para este enlace, sino que además me ayudaste mucho personalmente, Tom. No puedo expresarte lo mucho que me ayudaste.

—¿Te refieres, eh… a ese número de teléfono?

—¡Exacto!

—¿Dio resultado?

—Lo dio. Pero no admito preguntas sobre eso, Tom. No al aire. Pregúntamelo en privado dentro de un año.

—Oh, ya no me acordaré. Mantén tu boca cerrada y yo mantendré la mía. Ahora no te vayas…

—Otra cosa. Esa cinta de mensajes que tienes, para emitirlos también a mi señaclass="underline" asegúrate de que no sean lanzados. Envíamelos de vuelta.

—¿Eh? De acuerdo, de acuerdo…, los guardo en mi propio escritorio; estabas tan preocupado al respecto… Jubal, tengo la cámara enfocada a la pantalla del teléfono. ¿Podemos empezar?

—Adelante, dispara.

—¡Y voy a realizar esto personalmente! —Mackenzie volvió su rostro hacia un lado y, al parecer, miró hacia su cámara—. ¡Primicia informativa! Aquí su reportero de la NWNW transmitiendo desde el lugar donde arde la noticia. ¡Acaba de telefonearles el Hombre de Marte a través de esta emisora, y desea dirigirles la palabra a ustedes! Corten. Monitor, inserta unas cuantas ráfagas de noticias y un agradecimiento al patrocinador. Jubal, ¿debo hacer alguna pregunta especial?