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Él gimió suavemente y la empujó cerca otra vez. Ella podía oír su corazón.

– Sé qué crees que eres fuerte, Isabeau y te quiero por ello, pero tu gata va a tener que hablar y no va a ser fácil. Los gatos son celosos y temperamentales y nosotros no siempre podemos controlarlos. Me has visto con Jeremiah y me gusta el chico. Si desprecias a una mujer, ¿cómo crees que tu gata va a reaccionar al saber que coqueteo con ella, o peor?

– Si tu gato lo puede manejar, entonces la mía tendrá que hacerlo, ¿no? -Levantó el mentón-. Quiero recuperar a los niños, a todos, pero especialmente a Mateo porque es nuestro. Y era de Marisa. Quiero detener a esa mujer. Si alguien propone otra manera de entrar en su fortaleza, lo aceptaremos, pero si todo lo que tenemos es asegurar una invitación para ti, entonces tendremos que tomarlo. -Recobró el aliento de repente-. ¡Elijah! Conner, Elijah lo podría hacer.

Él sacudió la cabeza, rompiendo sus esperanzas.

– Tres razones. Una, Mateo es mi hermano y fingir que quiero dormir con esta mujer será un trabajo de mierda que no se lo endosaré a otra persona. Dos, Elijah, tan bueno como es y es bueno, muy frío bajo el fuego, es relativamente inexperto. Y tres, Imelda no irá a por alguien a quien supondría como igual a ella. Desea un macho dominante, pero no uno como su igual. La he estudiado y Elijah supondría una amenaza. Quizás quiera tomar su posición de poder. Un guardaespaldas no haría eso.

Ella dejó salir el aliento y forzó una sonrisa.

– Entonces vamos con nuestro plan.

Volvieron, cogidos de la mano, a la cabaña donde los otros esperaban. Conner elaboró varias rutas de escape por la selva tropical, mostrándoles las áreas más seguras donde podrían refugiar a los niños y seguir moviéndolos así como los mejores campamentos para ellos. Tendrían que ir y marcar los sitios de descanso.

– Iré y llevaré a Jeremiah conmigo -concluyó Conner-. Iremos como leopardos. Será más rápido y más seguro. Dará a Jeremiah la experiencia que necesita para trepar rápidamente y no dejar ninguna huella. Rio siempre vuela en el helicóptero. Elijah es nuestro hombre de los suministros.

Felipe sonrió a Jeremiah y presumió de músculos.

– Leonardo y yo somos las armas grandes, la fuerza.

– Eso significa que no tienes cerebro. -Jeremiah sonrió burlonamente.

Eso le ganó un puñetazo ligero de Rio, pero Jeremiah sólo se rió, en lo más mínimo disuadido. Isabeau podía ver que ya estaban desarrollando una clase de compañerismo con el miembro más nuevo de su equipo. Quizá estuviera bajo prueba y en entrenamiento, pero ya le trataban con cariño creciente.

– Entonces entramos, Conner y Felipe serán protectores personales para Marcos -Rio volvió al asunto-, Leonardo y yo seremos lo mismo para Elijah.

– No te preocupes por nuestro tío -se apresuró a asegurar Felipe-. Puede tener sesenta pero es rápido y astuto cuando es necesario. No me gustaría levantarme contra él. Y con Elijah, somos seis, todos leopardos.

– ¿Qué hay de mí? -preguntó Jeremiah.

Rio se encogió de hombros.

– Sabes que Suma estará allí y ha tratado de alistarte. No te puede ver. ¿Cómo son tus habilidades disparando?

Jeremiah pareció feliz de nuevo.

– Soy un crack disparando.

– No lo digas si no es verdad -advirtió Conner.

– Viento fuerte. Sobre un kilómetro y medio.

Los hombres se miraron los unos a los otros.

– Te daremos una oportunidad de demostrar lo que puedes hacer -dijo Rio-. Si no estás exagerando, nos vigilarás las espaldas.

– ¿Y yo? -se aventuró Isabeau-. Podría entrar como la novia de Elijah. Ninguno de ellos me ha visto nunca. Elijah podría estar aquí para verme y se enteró de que venía su viejo amigo Marcos.

– De ninguna manera. -Conner lo indicó como un hecho.

– Tiene que ser protegida -indicó Elijah-. No podemos dejarla fuera y lo sabes, Conner. Podría resultar una ventaja valiosa. Tienen dos leopardos renegados. Esos leopardos no pensarán en nada más que en Isabeau.

– Eso es lo iba a hacerme estar de acuerdo, ¿verdad? -dijo Conner, el sarcasmo goteaba de su voz.

– No su novia -dijo Rio-. Algo más cercano. Una hermana o prima. Un pariente. Eso provocará la guerra si la tocan. Una novia podría ser considerada de usar y tirar y los renegados sabrán que es leopardo. Se lo tragarán. Ha venido a verla y a traerle algunas noticias de casa. Mientras tanto, sospecharán que Marcos y Elijah tienen una reunión secreta. Cortez no podrá arriesgar el cebo. Es demasiado dulce. Elijah y Marcos, aliados que podrían abrirle puertas y tú, Conner. Por no mencionar a todos los leopardos.

Conner se frotó las sienes y miró la cara levantada de Isabeau. Parecía tan inocente. Ella no tenía la menor idea de con que monstruos estaba tratando. Ella había visto su trabajo, pero no tenía la capacidad de comprender las profundidades de la depravación y la avaricia.

– Si te decimos que salgas, Isabeau…

– Soy muy inteligente, Conner. Aceptaré órdenes de aquellos con experiencia.

No tenía objeto protestar. No había otra respuesta. Y tenía una mente aguda. Quizá fuera una ventaja.

– Vamos a establecer las rutas de escape y luego pensaremos en todas y cada una de las cosas que podrían fallar y haremos planes para cubrir eso también.

Capítulo 10

Las rutas de escape fueron difíciles de establecer. Isabeau, montada en el helicóptero con Rio y Elijah, se encontró utilizando unos prismáticos y esforzando los ojos para divisar el pequeño globo atado a un árbol. Había sido trabajo de Jeremiah trepar al árbol y marcar el lugar con un globo, señalando al helicóptero donde debían dejar caer los suministros a lo largo de la ruta de escape. Entonces, Conner guardaría los suministros y marcaría el lugar para que cualquier miembro del equipo supiera donde recuperar el alimento, el agua y el armamento. Incluso con el globo brillante, el dosel era casi impenetrable, un mundo a gran altura que cortaba todo bajo el cielo, haciendo muy difícil localizar el objetivo.

La selva tropical parecía diferente desde el aire. La niebla parecía colgar como velos de encaje a través del dosel. Los árboles extraían mucha humedad de las nubes en los que estaban amortajados. Isabeau casi se sentía como si pudiera estirarse y tocar las cortinas que se adherían a ramas y hojas. Se olvidó de estar asustada, aunque el helicóptero corcoveara continuamente cuando el viento entraba en ráfagas. Rio lo mantuvo justo por encima de las copas de los árboles una vez hubieron localizado el globo de Jeremiah.

Ella admiró la eficiencia con que trabajaban y se dio cuenta de que habían perfeccionado definitivamente la suave manera en que el equipo funcionaba. Quería ser parte de ello o como mínimo, sentir como si contribuyera de alguna manera. Trató de aprender mirándolos e incluso envidiaba un poco a Jeremiah por poder participar activamente.

Una vez de vuelta a la cabaña, donde comieron y desmenuzaron cada cosa concebible que podría fallar y cómo prepararse para ello, Isabeau se encontró fundida en las sombras para mirar a Conner mientras hablaban. Adoraba ver el juego de luz sobre su cara, profundizando el efecto de un hombre duro y peligroso. Era inteligente y seguro de sí mismo y el sonido de su voz se había convertido en un redoble en sus venas. Cada aliento que tomaba expandía su pecho y ondulaba los músculos bajo la delgada tela de su camisa.

Conner parecía magnético todo estirado en la silla, perezoso, como sólo un leopardo podría ser. Sus vaqueros eran cómodos, encerrando las piernas largas mientras reclinaba la silla, los ojos medio cerrados, su atención en la conversación, por lo menos parecía estar enteramente concentrado allí. Levantó la mirada de golpe y la encontró en las sombras y el corazón de Isabeau comenzó a palpitar con ese mismo redoble de las venas. Ella sintió que la matriz se contraía y un calor líquido empapó sus bragas.