– Yo también te amo.
Él se volvió y comenzó a caminar junto a Marcos Santos, el tío de Felipe y Leonardo. Le dolía el corazón y era difícil adoptar el papel de guardián personal. Rio le tocó el hombro suavemente y él desvío la vista hacia el líder del equipo.
– La cuidaremos -le aseguró Rio.
Isabeau era inteligente y aprendía rápido. Había estado entrando y saliendo de la selva tropical la mayor parte de su vida. Y comprendía muy bien a la gente. Debía confiar en sus habilidades. Le hizo un gesto afirmativo con la cabeza a Rio y continuó examinando su entorno mientras comenzaban a abrirse camino por el sinuoso sendero hacia la casa.
La selva tropical era mantenida a raya por una multitud de trabajadores que luchaban continuamente contra ella. Cada vez que se le presentaba la oportunidad, el bosque intentaba reclamar la tierra perdida. Las raíces de las higueras formaban grandes jaulas a lo largo y ancho de la propiedad y las flores se ensortijaban sobre los troncos en una revolución de color. Las hojas de los filodendros, grandes como paraguas, se disparaban hacia arriba por los troncos y cada pilar imaginable, tornando al terreno en un enorme bosque de follaje.
Las plantas resguardaban la casa del bosque circundante más efectivamente que la cerca alta que había sido añadida. Ya las plantas estaban entretejiendo su camino por las cadenas y preveía que dentro de unos pocos años, la casa quedaría completamente oculta ante los extraños. Pero por ahora, Jeremiah tenía una vista bastante clara a través de las hileras de ventanas, a lo largo de los balcones y las terrazas.
La fuerza de seguridad que empleaba Philip Sobre estaba por todas partes, patrullando a pie los terrenos, exhibiendo armas, pero notó que nadie miraba hacia el alto dosel de hojas que había justo pasando el límite de la propiedad. Jeremiah podía estar tranquilo, al menos hasta que llegaran los leopardos renegados. Los hombres que había allí en ese momento, contratados para proteger a los que acudirían a la fiesta, no eran verdaderos soldados profesionales ni guardaespaldas. Conner sospechaba que eran hombres de la fuerza policial local ganándose algo de dinero extra.
Mientras Marcos se aproximaba a la puerta principal, Felipe le puso la mano en el hombro y se apartaron para permitir que Conner entrara antes, sin ellos. Conner adoptó una expresión severa e impasible y se acercó a la puerta, abriéndose la chaqueta para que no quedara duda de que iba armado. El portero comprobó la lista, asintió y permitió que entrara. Recorrió cada habitación cuidadosamente y era una casa endemoniadamente grande. Tomó nota de las cámaras de seguridad, ventanas, salidas y escaleras. Ya habían estudiado un plano de la casa, pero los bosquejos no eran exactos. Habló en voz baja hacia su radio, describiendo a los otros integrantes de su equipo las remodelaciones que no estaban en los planos.
Varias puertas del segundo piso daban a un patio donde crecían más plantas exóticas entre una serie de fuentes donde saltaban las carpas de estanque. Despachó la disposición a su equipo y a Jeremiah, dejando saber a Elijah y a Rio cuales eran las habitaciones donde sería más fácil proteger a sus «clientes», antes de dejar entrar a Marcos.
Philip Sobre el jefe de turismo, se apresuró a adelantarse para saludar a Marcos Santos. Obviamente ignoró a Conner y a Felipe. Al ser un invitado importante, Marcos fue acompañado al interior de la casa.
– Conmigo ha venido un amigo personal, Elijah Lospostos. Confío en que mi secretario le haya mandado una nota, ya que yo ya estaba de camino cuando me enteré que él estaba en su país. Vino a visitar a una prima que reside aquí. Ella también está con nosotros… Isabeau Chandler -dijo Marcos-. Si no son bienvenidos, nos podemos reunir en otra ocasión. -Su tono era casual como sólo podía serlo el de un hombre de negocios extremadamente rico que estaba acostumbrado a salirse con la suya-. Elijah trajo su propio servicio de seguridad con él. Uno de sus guardias personales es mi propio sobrino. Elijah es como un hijo para mí, al igual que mi sobrino. -Se dio media vuelta como si fuera a retirarse.
Philip hizo varias reverencias.
– Por supuesto que sus amigos son bienvenidos.
Y tenía órdenes estrictas de asegurarse de que Elijah Lospostos se sintiera muy bienvenido. Le hizo señas al guardia personal de Elijah para que entrara y le lanzó una mirada furiosa al portero cuando el hombre lo detuvo para examinarlo en busca de otras armas aparte de la que llevaba a plena vista.
Elijah apenas si saludó al hombre con la cabeza, dejando asomar brevemente sus dientes blancos en una especie de sonrisa, tenía aspecto de ser más peligroso que los animales salvajes que había en los alrededores de la propiedad. Rodeó a Isabeau con el brazo y la hizo entrar. Isabeau estaba vestida para la ocasión con una falda larga que oscilaba rozando sus tobillos y un top que acentuaba las curvas de su cuerpo. Tenía el esplendor y la seducción de una mujer cercana al Han Vol Dan. Su perfume era femenino y tentador. Era una visión vestida de azul y cuando Philip la vio, dio un traspié. Le tomó la mano, la miró fijamente a los ojos mostrando demasiada codicia y se inclinó sobre su mano como si fuera a besarla.
Mientras ella sonreía gentilmente, Elijah le apartó firmemente la mano antes de que esos labios fríos pudieran tocar su piel.
– Esta es mi prima favorita. -Volvió a dejar asomar sus blancos dientes y esta vez se veían un poco más afilados-. La tengo en gran estima. -Era una clara advertencia y todo hombre que estuviera lo suficientemente cerca como para oírlo reconoció la amenaza implícita.
– Isabeau -murmuró Philip. Pareciendo incapaz de quitarle los ojos de encima.
Elijah estudió a su anfitrión de cerca, inhalando su aroma. Habían investigado al hombre. Se mostraba ávido y dado a los excesos en el decadente estilo de vida que llevaba. Tenían informes de mujeres que habían sido retiradas de su casa mientras él observaba, con una leve sonrisa en los labios envuelto en una bata de seda y tomando un whisky. Dondequiera que se mirara se podían apreciar los signos de su opulento estilo de vida.
Marcos tomó una copa de una bandeja, y sus ojos pálidos y brillantes examinaron a la criada. Desvío la mirada hacia Conner, que le hizo un leve gesto afirmativo con la cabeza. La mujer estaba vestida con pantalones oscuros y una blusa blanca. En un lado de su rostro tenía un tenue moretón cubierto por una gruesa capa de maquillaje. Al ofrecer la bandeja de plata le temblaba levemente la mano.
Rio les indicó que se adentraran más en la casa, hacia una de las habitaciones que Conner había señalado como la más segura. Tenía varias salidas y una disposición más expuesta. Philip los siguió, charlando acerca del nuevo hotel que se estaba construyendo y de lo necesario que era. De los trabajos, las ganancias y la cantidad de nuevas oportunidades turísticas que ofrecía. Marcos le escuchaba atentamente y murmuraba educadamente, mientras Conner se retiraba hacia las sombras, sabiendo que eso le haría aparecer más misterioso y más peligroso a los ojos de la gente de seguridad de Imelda Cortez cuando examinaran las grabaciones antes de permitirle entrar.
Había estudiado cuidadosamente el perfil de Imelda. Deseaba un hombre dominante, uno que fuera muy peligroso, que la hiciera temblar, que le inspirara un poco de temor, pero uno del que pudiera deshacerse cuando se cansara de él. No, Elijah tenía el carisma y representaba el peligro que ella buscaba, pero era demasiado poderoso y nunca sucumbiría a la tentación, Conner estaba seguro de tener razón acerca de ella.
Isabeau se paseó por la habitación y se detuvo frente a un mostrador. Látigos, azotes, bastones y varios otros instrumentos de tortura estaban desplegados en una gran caja de cristal. Philip se puso a sus espaldas. Cerca. Demasiado cerca.
– ¿Te interesan estos instrumentos?
Isabeau giró la cabeza para mirarlo por encima del hombro, con expresión desdeñosa.