Predominaba el miedo. Odio. Furia. Todas bullendo debajo de la superficie. Ciertamente podía oler la lujuria pero no provenía de Marcos. Él solo estaba actuando. Igual que ella. Igual que haría Conner. Debía creer en eso.
Miró a Elijah. Lo sabía. Todos lo sabían. Esto era más que drogas y secuestro. No le habían dicho con qué esperaban encontrarse. Si lo hubiera sabido al entrar jamás hubiera sido capaz de sonreírle a Sobre. Lo habían hecho a propósito para que pareciera inocente en medio de una jungla llena de depredadores. Estaba dispuesta a apostar la vida a que habían descubierto que algunos de los preciados turistas que Sobre atraía a su parte del bosque tropical habían desaparecido sin dejar rastro. Sería tan fácil.
¿En qué estaba pensando? ¿Que el obsequioso hombre que le estaba dando otra copa de vino era en realidad un asesino en serie de hombres y mujeres jóvenes? ¿Que usaba su posición para su propio placer sádico? Para cubrir esos atemorizantes pensamientos, levantó la copa hasta los labios. Llegó a tomar un trago antes de que el aroma la golpeara. Estaba drogada. Se mojó los labios y volvió a mirar a Elijah. Esta vez él reaccionó, devolviéndole la sonrisa le quitó la bebida de la mano y se la llevó a la boca. A ella se le atoró la respiración en la garganta y casi le grita para que se detenga.
La criada chocó con fuerza contra Elijah, haciendo volar la bebida. La copa se estrelló contra el suelo y el contenido terminó en la inmaculada camisa de Elijah. La bandeja resonó contra el suelo y la comida se desparramó por todos lados.
– ¡Teresa! -rugió Philip, y su puño pasó a un mero centímetro de Isabeau al salir disparado hacia el rostro horrorizado de la mujer.
El chasquido de piel golpeando contra piel fue sonoro. Toda conversación cesó y la habitación quedó sumida en un silencio sepulcral. Conner estaba de pie delante de la mujer, con la mano de Philip en su puño. Nadie lo había visto moverse. Se veía severo. Peligroso. Sus ojos dorados fulminaban al hombre más pequeño.
– Tal vez no se dio cuenta, pero usted chocó con la mujer y la tiró sobre el señor Lospostos. -Habló en voz tan baja que Isabeau dudaba que alguien aparte de su pequeño grupo pudiera oír sus palabras-. Y casi golpea a la señorita Chandler.
Philip Sobre tenía aspecto homicida pero luego esa oscura promesa desapareció de sus ojos y sonrió.
– Supongo que no me di cuenta.
Conner soltó el puño de Philip y dejó caer el brazo a un lado. Isabeau sabía que las cámaras habían grabado cada momento e Imelda estaría intrigada por esa interesante jugada por parte del guardaespaldas. Había defendido a una sirvienta. Y se había movido tan rápido que en las cámaras debía haber aparecido como un borrón. Estaría más que intrigada. Querría acercarse a semejante hombre tan atrevido y peligroso. Ni una vez había mirado a los guardaespaldas de Philip, como si no fueran dignos de ser notados y no representaran ninguna amenaza para él.
El corazón de Isabeau comenzó a latir con fuerza y podía saborear el miedo en la boca. Conner se estaba poniendo en una situación comprometida y estos hombres eran asesinos. Hasta sospechaba que la comadreja de Philip, que volvía a comportarse afable y encantadoramente, ordenando a sus criados que ayudaran a Teresa a limpiar, era un asesino. Philip aparentó ignorar a Conner pero ella le vio mirar varias veces hacia la pared en sombras donde, una vez más, Conner había desaparecido.
Si Adán hubiera sabido algo de Sobre, nunca hubiera permitido que ella le convenciera sobre traer a un equipo que volviera a secuestrar a los niños. Entonces ¿cómo había conseguido Conner la información? Porque definitivamente ellos sabían que algo iba mal con el jefe de turismo y habían venido preparados. ¿Qué otras fuentes tenían?
– Isabeau, acompáñame a buscar una camisa limpia -ordenó Elijah. Dirigiendo otra mirada fulminante a Philip, la tomó por el brazo y la llevó en dirección a la entrada-. Te estás mordiendo el labio.
– ¿Sí? -Sentía que podía volver a respirar al estar lejos de la presencia del jefe de turismo y su tendencia a lastimar a los demás.
– Lo haces cuando estas alterada.
– ¿Cómo supiste lo de Sobre? Es un sádico, ¿verdad?
– Es un asesino. Le gusta lastimar a la gente. Se excita haciéndolo. Por lo que sé, le da igual que sean hombres o mujeres y en Imelda tiene a la socia perfecta. Ella comparte su sucio secretito, de hecho, lo alienta. En tanto mate a sus víctimas, ella puede controlarlo.
– Parecen la pareja perfecta.
– Fueron pareja durante un tiempo. Sospecho que Imelda necesita una personalidad dominante y Philip nunca será eso para ella. Le tiene demasiado miedo.
Elijah se apartó para permitir que Rio le abriera la puerta del SUV. Elijah le indicó que entrara al coche.
– Cuando regresemos adentro, quiero que parezca que acabas de recibir un sermón del cabrón de tu primo. Sobre supone que no quiero que te acerques a él… lo cual es cierto. Sé exactamente la forma en que funciona su mente. Piensa que tengo debilidad por mi prima y como él no se detendría ante nada para obtener lo que desea, cree que yo tampoco lo haría.
– Me da asco. Su olor. Sus ojos. La forma en que me mira. Todo en él. En esa bebida había algo.
Elijah asintió.
– Logré olerlo. -Se desabotonó la camisa-. Si la criada no hubiera chocado conmigo, hubiera encontrado la forma de tirarlo. ¿No te parece interesante que no me quiera drogado? Cortez ansía hablar conmigo más de lo que yo esperaba.
– ¿Cómo sabía Rio lo de Sobre?
– Adán le dio a Rio el diario de Marisa como prueba de quién era. Necesitaba demostrar que no deseaba hacernos daño. Ella estaba investigando a Sobre. Ya hacía un tiempo que sospechaba de él. Aparentemente… -sacó una camisa negra de una pequeña maleta, dedicándole una pequeña sonrisa-…siempre hay que estar preparado.
Ella hizo girar la mano un par de veces, trazando un círculo, para indicarle que continuara.
– Aparentemente… ¿qué?
– En los últimos años han desaparecido varias mujeres en el área, las suficientes como para que Marisa comenzara a sospechar. Ella era la «mujer médico» por estos lados y era solicitada por mucha gente, tanto de las tribus como de otras aldeas por eso se enteraba de más cosas que los demás.
– ¿Y ella oyó hablar de Sobre?
Elijah asintió mientras se abotonaba la camisa.
– Ella lo puso en la mira después de que desapareciera una joven inglesa. La mujer había venido con tres amigas a hacer una excursión por la selva tropical. De alguna forma se distanció de las demás y nunca más la encontraron.
– ¿Por qué Sobre?
– Sobre les había indicado un trayecto en particular, uno poco conocido y no les recomendó que llevaran un guía. Al menos eso fue lo que dijeron las otras dos mujeres. Él afirma que mencionó ese trayecto en una conversación que mantuvo con ellas y que hasta les entregó tarjetas con los nombres de algunos guías turísticos.
– ¿Qué más? -Sabía que había más y no sabía si sentirse enojada o sólo asqueada por haber entrado en la guarida de Sobre sin que su equipo le hubiera revelado todo lo que sabía.
– Sobre llegó aquí a los diecisiete años. Ahora tiene cincuenta y uno. Marisa descubrió que hacía treinta y cuatro años que estaban desapareciendo mujeres.
Ella presionó los dedos contra su boca.
– Dios mío, realmente es un asesino en serie.
– Esa fue la conclusión que sacó Marisa.
– ¿Crees que Sobre sabía que estaba tras su pista? ¿Puede haber usado deliberadamente a Suma y la incursión en la aldea teniéndola a ella como objetivo?
– Tal vez, pero posiblemente nunca lo sepamos. Es casi seguro que Imelda Cortez lo sabía y probablemente no solo lo haya alentado, sino que también debe haberle ayudado. Tienen un vínculo, esos dos, que es depravado, corrupto y definitivamente enfermizo.