– Lo sabías al entrar -dijo Isabeau- y no me lo dijiste.
– Imelda Cortez nunca se deja ver a menos que tenga absoluto control sobre la situación, si va a concurrir a esta fiesta en la residencia de Philip Sobre, significa que lo tiene metido en el bolsillo. Después de leer las sospechas de Marisa, no fue difícil saber por dónde comenzar nuestra investigación. No estaba muy alejada del rastro. Cada uno de nuestros leopardos despreciaba instintivamente al hombre -señaló Elijah.
– Y Conner acaba de ponerse en una situación comprometida -dijo Isabeau-. Sobre le desprecia y después de esa humillación pública buscará cualquier excusa para matarlo, e Imelda le deseará porque hizo quedar mal a Sobre. ¿Tengo razón?
Elijah asintió.
– A eso vinimos, necesitamos introducirnos.
– Y Conner quiso apartar la atención de Sobre de mi persona atrayéndola hacia él -adivinó.
– Eso también. Es importante que manipules a Sobre sin que se dé cuenta, Isabeau. Esta es la primera vez que te ves en una situación como ésta y ninguno de nosotros sabía cómo lo harías.
Ella alzó la barbilla.
– ¿Y si me hubiera ido con él?
– Nadie te sacó la vista de encima en ningún momento. Eso no hubiera sido permitido. Soy el gran primo malo y Rio y Felipe son nuestros guardianes personales. Si le ordeno a uno de ellos que acarree tu culo al coche, lo hará sin dudarlo y nadie sospechará nada. -Tenía la mano en la manivela de la puerta, pero no la abría.
– Puedo hacerlo -le aseguró.
– ¿Estás segura? No puede haber errores, Isabeau. Hay demasiadas vidas en juego y no tenemos pruebas de nada. En todo caso, puedes apostar que cualquier representante de la ley de por aquí está con Imelda o le tiene terror. Demonios, a la mayoría de ellos le están pagando dinero extra por custodiar la fiesta de Sobre.
– Dije que podía hacerlo. Conner, está allí fuera, arriesgándose -dijo-. Voy a cubrirle la espalda. Y no creas que no haré cualquier cosa que sea necesaria para asegurarme de que salga vivo de ésta.
Elijah estudió su gesto decidido y luego asintió.
– Buena chica. -Le alborotó el cabello y le frotó el rostro, dejando manchas de color en su piel y haciendo que sus labios parecieran un poco hinchados como si hubiera estado besándola.
– Esperemos que Conner no me arranque el corazón y me lo meta por la garganta.
Ella se obligó a sonreír.
– Me aseguraré de parpadear conteniendo un par de lágrimas, para hacerte parecer realmente malvado.
– El primo cabrón no quiere que su besable prima ande coqueteando con nadie más, has recibido una fuerte reprimenda y luego nos reconciliamos.
– Sobre no se opondrá a ti, no sin el permiso de Imelda -señaló Isabeau.
– Y eso es lo que te mantendrá a salvo. Ahora permanece cerca de mí. Tócame de manera ocasional, pero hazlo sutilmente. Quiero que vean la relación sin tener que refregárselas por la cara.
– Como si estuviéramos ocultándola.
– O al menos como si no quisiéramos que fuera de público conocimiento. Ahora, Isabeau, existe un riesgo. Por un lado, en tanto piensen que tienen una oportunidad de hacer negocios conmigo, es la manera perfecta de mantenerte a salvo, pero por otro lado, si deciden que deben mantenerme a raya o que deben tratar de influenciarme mediante una amenaza, tú serás la primera en estar en peligro. Esa es la forma en que piensan.
Ella asintió.
– Soy consciente de ello. Realmente, Elijah, puedo hacerlo. Dejando de lado mi relación con Conner, traeros a vosotros aquí fue idea mía y estoy dispuesta a correr el riesgo junto con vosotros.
Él abrió la puerta y allí estaba Rio mirando hacia la casa, con expresión ausente, como si ella fuera solo otro cuerpo al que resguardar. A Isabeau le sorprendía la forma en la que todos ellos se las arreglaban para parecer siniestros, peligrosos y profesionales todo al mismo tiempo.
Le dedicó a Elijah una pequeña sonrisa cuando él le puso la mano en la parte baja de la espalda de forma casual
– Apuesto a que Sobre daría cualquier cosa por tener a nuestros guardaespaldas.
– Guardianes personales -le corrigió, haciéndole un guiño.
Caminó más cerca de Elijah de lo que lo había hecho anteriormente, pero manteniendo igualmente una distancia que podía ser considerada discreta. El portero les dejó entrar. La música parecía estar más fuerte y las habitaciones mucho más atestadas. Elijah la tomó por el codo con actitud posesiva y la guío a través de la muchedumbre. Rio lideraba el camino y Felipe iba a la retaguardia. Notó que la multitud se apartaba a su paso y que nadie chocaba con ellos
Marcos, con Leonardo a su lado, estaba en un rincón hablando con Philip. Teresa, la criada, estaba de pie junto a Marcos y tenía aspecto desdichado. De vez en cuando Marcos le frotaba el brazo o la parte baja de la espalda y ella saltaba, pero no se apartaba. Mientras se aproximaban al pequeño grupo, Philip levantó la vista, su rápida inspección tomó nota de la apariencia levemente desarreglada. Isabeau se aseguró de que captara el brillo de las lágrimas antes de pestañar para apartarlas. La mirada de Philip bajó hasta los dedos que Elijah le estaba clavando en el codo antes de volver a mirar a Marcos.
– Teresa se sentirá más que feliz de hacerte sentir muy bienvenido, ¿no es verdad?
La criada asintió, con aspecto más desdichado que nunca. Philip le frunció el ceño y ella se obligó a sonreír.
– Por supuesto.
Marcos le palmeó el trasero íntimamente.
– Más tarde. No te pierdas.
Rápidamente Teresa hizo efectiva su huida. El suelo donde había ocurrido el derramamiento, estaba inmaculado y Philip era todo sonrisas, ahora que pensaba que Marcos utilizaría las habitaciones del piso superior. Isabeau levantó la mano y frotó la comisura de la boca de Elijah quitando lápiz labial imaginario y luego bajó la mano rápidamente.
– No has probado las tartas de hongos -le dijo Philip a Elijah.
– Están fabulosas -coincidió Marcos, haciendo ver que él y Philip se habían convertido en grandes amigos-. Y las tartas de cangrejo son aún mejores. Realmente debes probarlas, Elijah.
Elijah asintió sonriendo levemente.
– Siempre has sido un buen juez de comida, Marcos. Sé que nunca me darás un mal consejo.
– También es un buen juez de mujeres -dijo Philip, mirando a Isabeau con una sonrisa maliciosa-. Teresa es hermosa.
Elijah deslizó el brazo alrededor de Isabeau y la apartó del camino de Philip cuando éste los condujo hacia la larga mesa de buffet. Lo hizo de forma casual, como si estuviera simplemente ayudando a su prima, pero sabía que Philip lo tomaría como un gesto posesivo. Isabeau le pertenecía a Elijah y todo el resto del mundo debía apartarse de ella. Philip exhibía una recóndita sonrisa mientras les señalaba las variadas exquisiteces.
– ¿Te gustaría bailar, Isabeau? -le preguntó, con otra sonrisa.
Fiel al papel que representaba, ella miró a Elijah como si titubeara y éste le devolvió la mirada con expresión ceñuda. Apresuradamente, negó con la cabeza.
– No, gracias. Creo que quiero probar la tarta de cangrejo.
– Verás que tengo un chef excelente -dijo Philip.
Elijah lo miró, con expresión aburrida.
– Es asombroso que puedas atraer a cualquier persona hasta este lugar.
El rostro de Philip se ruborizó solo un poco, pero se las ingenió para conservar la sonrisa ante el insulto implícito.
– Secretos, todo el mundo tiene secretos. Es cuestión de acumular algunos de ellos.
Una lenta sonrisa, con solo un leve toque de admiración, iluminó el rostro de Elijah durante un momento. Isabeau quedó impresionada con su apariencia. Fue como si hubiera agitado una varita mágica frente a Philip.