– He estado pensando en nuestra situación.
– Bien, no lo hagas -dijo él bruscamente, endureciendo sus duros rasgos. Los ojos le brillaban peligrosamente, desafiándola a continuar la conversación.
Emma le frunció el ceño, ignorando la silla y recostándose contra el mostrador para mirarle con ojos molestos.
– Pensaba que querías que te contara lo que me preocupaba. Sólo porque no te guste algo no significa que se marche.
Un breve destello de diversión se deslizó a través del mal genio de Jake.
– Seguro que sí. Si te digo que dejes de preocuparte por algo, es porque yo lo tengo controlado.
Ella puso los ojos en blanco.
– ¿De verdad, Jake? A veces me haces querer tener doce años y meterme el dedo por la garganta para amordazarme. ¿Piensas honestamente que me puedes ordenar no preocuparme y que yo simplemente pararé?
– Seguro. ¿Me has visto alguna vez no pudiendo manejar un problema, especialmente uno sobre el que estuvieras preocupada? -Se encogió de hombros.
Emma plantó las manos en el mostrador detrás de ella y se levantó hasta sentarse. Él se encargaba de cualquier problema. Incluso si ella lo mencionaba casualmente, él se fijaba inmediatamente en el asunto más pequeño. Lo hacía tan suavemente que ella a menudo ni lo advertía.
– Este no es ese tipo de cosas.
– Bien. Escúpelo.
Ahora que ella tenía su atención, deseaba haberle dejado desviar la conversación. Intentó escoger cada palabra con cuidado.
– Sólo estaba pensando en el futuro. He estado vagando hacia adelante sin ningún plan verdadero. Es tan cómodo esto y no espero irme realmente.
Algo peligroso cruzó la cara de Jake y ella se detuvo. Él se había quedado muy quieto, dejando caer los párpados y estrechando su mirada. Los ojos se habían vuelto completamente dorados, deslizándose a esa concentración absoluta y resuelta que ella encontraba desconcertante.
– Andraya y Kyle son más cercanos que hermanos de sangre. Se quieren el uno al otro y nos quieren a ambos. Si tú encontraras a alguien y desearas…
– Emma, eso son sandeces. No vas a ir a ningún sitio. Y no voy a encontrar a nadie más. -Agitó la mano con desdén.
– Tenemos que pensar en ello. Tenemos que hacerlo, Jake, tanto si quieres encararlo o no. Cuanto más tiempo estén los niños juntos, más duro será separarlos. El pensamiento de perder a Kyle ya es más de lo que puedo soportar.
– No vas a perderle porque no vas a marcharte. ¿Qué demonios te ha estado diciendo Susan Hindman para molestarte?
– No es Susan, Jake. Eres legalmente el padre de Andraya. Yo no soy la madre de Kyle. Si algo sucediera, yo sería la única que perdería, posiblemente a ambos.
Él se puso de pie, alto, enormemente fuerte, dominando sobre ella, pareciendo de repente despiadado y un poco cruel. El genio le estaba dominando.
– Bueno, ahora me estás cabreando a propósito, joder. ¿Qué significa eso, Emma? Dime lo que quieres decir con eso.
Ella estiró la mano para rechazarle, pero él siguió acercándose, introduciendo las piernas entre las caderas de ella y agarrándola por los brazos para darle una pequeña sacudida. Los dedos se hundieron profundamente. Los ojos parecía joyas brillantes, calientes y enojados, su cuerpo exhalaba un calor ardiente.
– Eres el único que siempre me dice que piense en el futuro en vez de en el pasado. No es como si pudiéramos permanecer aquí, de este modo, para siempre. ¿Y entonces que me sucederá? No finjas que no demandarías tus derechos de visita con Andraya.
Sin moverse visiblemente, Jake serpenteó la mano, abriendo los dedos en abanico sobre la garganta de ella, dejándola sentir su inmensa fuerza. El pulgar le inclinó el mentón hasta que la obligó a alzar a mirada. Él era enormemente fuerte, y lo mostraba en sus bien definidos músculos que ondulaban y en el agarre poderoso de las manos.
– No vas a dejarme -gruñó muy suavemente. Su mirada cayó sobre la boca temblorosa de ella e hizo un esfuerzo por suavizar su voz-. Si estás tan malditamente preocupada por tus derechos, traigamos a John aquí esta noche, ahora, y que prepare los papeles de adopción. Nunca lo habías planteado, así que sólo asumí que sabías que eras su madre y que eso era todo. Pero si necesitas la legalidad de una adopción formal, entonces hagámoslo.
– Tú todavía tienes la ventaja, Jake. Conoces a todos los jueces.
Un músculo hizo tictac por la mandíbula. Por un momento el corazón de ella casi se detuvo. Él parecía más un leopardo que un hombre, un depredador a punto de saltar y devorar la presa.
– Si quieres casarte, sólo dilo y lo haremos junto con la adopción. Lo que sea para detener estas tonterías. Como mi mujer tendrás el mismo campo de juego y yo puedo garantizar lo bastante que les gustarás a los jueces más que yo. Y no me sueltes gilipolleces sobre encontrar a alguien más. Si fuera a encontrar a alguien, ya lo habría hecho. Por amor de Dios, Emma.
– Bien, ¿qué sucederá si encuentro a otra persona?
– ¿Cómo vas a hacer eso, encerrada en esta casa con dos niños y todavía suspirando por alguien que nunca regresará? Ni siquiera miras a los hombres, Emma, así que no, estate segura como el infierno que no vas a encontrar a otra persona.
La furia barrió por Emma, su genio se encrespó saliendo de ningún lugar, algo raro pero mortal una vez que conseguía salir. Estuvo tentada de abofetearle la cara, pero no era su estilo. Se estiró atrás para mantener las palmas que picaban lejos de él y entraron en contacto con el atomizador en el fregadero. Sin pensarlo abrió el grifo y dirigió el agua fría contra su cara arrogante y hermosa.
– Quizá deberías parar de ser tan impulsivo, Jake.
Emma soltó el disparador y dejó caer el atomizador en el fregadero, dividida entre el horror de lo que había hecho, la ira ante su insensible propuesta y la implicación de que ella quizás nunca encontrara a otra persona, y la risa mientras el agua le corría por la cara sobre su expresión aturdida y goteaba sobre la carísima camisa empapada.
Hubo un completo silencio. Un latido del corazón. Dos. Las manos duras la agarraron, columpiando su cuerpo más pequeño sobre el hombro como si ella fuera un saco de patatas. Una mano bajó duramente sobre su trasero contoneante, un golpe picante que la hizo aullar mientas él salía a zancadas por la puerta y se la llevaba por el largo camino.
El calor destelló por su trasero y se extendió por su interior, el repentino golpe le provocó un recuerdo diferente, o quizá había sido un sueño erótico, de estar a través de su regazo, la mano bajando con fuerza y luego frotando sensualmente como él hacía ahora.
El corazón de ella saltó. ¿De dónde había venido eso? Últimamente había estado teniendo sueños con Jake, sueños de cosas sobre las que nunca había pensado conscientemente. Emma le golpeó la ancha espalda con los puños, echando humo, avergonzada, no por estar cabeza abajo sino por el calor que le subía por el cuerpo y la sangre que se encrespaba tan calientemente.
Jake le dio una segunda palmada, esta vez un poco más fuerte que la primera, y una vez más frotó su trasero para alejar el picor, disparando fuego por las venas.
– Para, Emma. Te mereces esto y lo sabes.
El profundo gruñido de su voz envió un estremecimiento ilícito por la sangre femenina. Ella deseaba que sus vaqueros no estuvieran tan apretados ni sus bragas fueran tan escasas. Podía sentir la mano de Jake ardiendo justo a través del fino material mientras la frotaba para aliviar el picor.
Ella vislumbró la cara asustada de Joshua mientras Jake pasaba rápidamente por delante de él. Ella echó una mirada alrededor rápidamente, viendo la dirección a la que se dirigían, y supo instantáneamente sus intenciones.
– No te atrevas, Jake. -Emma se agarró a la espalda de su camisa con ambos puños, dándose cuenta de lo que él planeaba-. Lo digo en serio. No te atrevas.
Él siguió andando al mismo ritmo, con largas y determinadas zancadas que se comían el suelo. Emma le agarró más fuerte, intentando desesperadamente no reírse de la ridícula situación. Debería haber sabido que Jake se vengaría. ¿Qué la había poseído para rociarle con el atomizador de la cocina? Había estado demasiado enfadada para pensar con claridad, pero no se le había ocurrido que Jake haría esto alguna vez.