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– Para. No lo hagas. -No pudo evitar que su voz se convirtiera en una súplica. O que la risa jugueteara en los bordes. Siempre había tenido el peor sentido del humor.

Jake la columpió sobre el hombro, sosteniéndola por un momento, entonces la sostuvo lejos de su cuerpo y la dejó caer bruscamente en el abrevadero de los caballos. Ella se levantó farfullando, salpicándole agua ferozmente sobre su cara, riéndose con tanta fuerza que apenas podía sostenerse de pie.

Jake se paró sobre el abrevadero, el agua caía como una cascada sobre él mientras ella usaba la mano para enviar una ola inmensa en el aire. El tiempo se ralentizó hasta que las gotitas de agua brillaron como diamantes y el sol pareció rodear la cabeza de Emma, volviendo su rojo cabello en una aureola brillante de luz y haciendo relucir sus dientes color perla. Su risa era contagiosa, melódica, irresistible, y él se encontró riendo con ella. Riendo. Profundamente en su interior, la felicidad floreció y se esparció. Él nunca había pensado mucho acerca de ser feliz. No de este modo, algo sencillo. Algo que no fuera venganza, ni oscuro y feo. Algo que no fuera acerca de ganar dinero. Solo reír de lo absurdo de su argumento.

Se estiró hacia al abrevadero y la sacó, balanceándola fácilmente al suelo, un brazo cerrado alrededor de su cintura, sosteniendo su cuerpo mojado contra el suyo. El aire era seco y frío y ella tiritaba, pero su cara sonriente estaba girada hacia la de él, que Dios le ayudara, estaba tentado casi más allá de todo control. Comenzaba a comprender la historia de Adam y Eva.

– Estás loca, Emma. ¿Lo sabes? -Su voz fue brusca. Fuerte. Él podía oír la necesidad casi tanto como que sentía el dolor, no en su ingle, aunque estaba tan duro como una roca, sino en su pecho. Realmente apretó una mano sobre su corazón-. Vamos a meterte dentro. No me di cuenta de que hacía tanto frío aquí fuera.

Ella se deslizó bajó su hombro de forma natural, como si perteneciera allí, el brazo se curvó alrededor de la cintura de Jake, todavía riéndose de él.

Risas disimuladas estallaron detrás de ellos y ella se dobló bajo el brazo de Jake para escudriñar a los peones. Ellos estaban parados con anchas sonrisas en las caras, doblados de reír.

– ¿Tienes un pequeño problema, jefe? -llamó Joshua.

– ¿Necesita una mano? -Darrin, otra voz, gritó.

– ¡Oye! -Se opuso Emma-. Nada de galletas para ninguno de vosotros durante un mes.

El leopardo en Jake olfateó verdadero compañerismo, una sorpresa honesta que desentonaba con su conducta y risa verdadera. No supo cómo reaccionar. Una parte de él quería unirse a la risa, compartir el momento del modo en que lo hacía Emma, divertirse. Infierno. Esta tontería era divertida. No sabía cómo reaccionar, ni que decir, así que sólo sonrió, haciéndoles señas de que volvieran al trabajo y siguió caminando con ella hacia la casa, ligeramente incómodo de que sus trabajadores le hubieran visto actuando de forma tan jovial, pero todavía sintiendo un pequeño resplandor.

– Nunca lograré borrar esto -dijo Emma, golpeándole en el pecho-. No puedo creer que me tiraras al abrevadero de los caballos. -Le golpeó otra vez-. Y me zurraste. Sheesh, no tengo dos años, lo sabes.

Él dejó caer la palma inmediatamente sobre la tentadora curva de su trasero, frotándola en una caricia.

– No pude resistirlo.

Ella hizo muecas.

– No creo que eso sea una disculpa.

– ¿No? Imagínate.

Ella se estiró hacia atrás y quitó la mano.

– Y ahora estás siendo un pervertido.

Él inclinó la cabeza hasta que los labios le acariciaron la oreja.

– No un pervertido, Emma, un oportunista.

Emma mantuvo la cabeza gacha él la besaba a menudo, la tocaba a menudo, pero nunca con esa insinuación persistente y posesiva en su toque. ¿Era su imaginación porque ella estaba de repente tan consciente de él? ¿Porque él la había besado hasta dejarla sin sentido con su gracias por el cumpleaños? Tenía que calmarse. Estaba tan incómoda, tan inquieta y de un humor tan variable últimamente.

Se decía mientras estaba tumbada en la cama de noche, incapaz de dormir, que echaba de menos el toque de un hombre, la sensación de su cuerpo. Definitivamente echaba de menos a Andy. Él no había sido como Jake, tan diferente que era casi imposible encontrar cualquier punto en común entre ellos.

Andy había sido un amante divertido y sencillo. No abrigaba secretos obviamente dolorosos. No había intriga acerca de Andy en nada. Era exactamente lo que veías, abierto y honesto y listo para ayudar a cualquiera. No bloqueado emocionalmente, como estaba Jake. Él confiaba en la gente y siempre pensaba lo mejor de todos. Jake no se fiaba de nadie y esperaba que la gente le engañara en cada vuelta. Andy tenía belleza juvenil y encanto, donde Jake era todo bordes duros, un hombre amenazador y peligroso que exudaba sexo por cada poro, un hombre en cada sentido de la palabra.

Jake raramente sonreía, rugía órdenes y era tan protector que los niños apenas podían moverse sin guardaespaldas bajo los pies. Ella dudaba si Andy habría advertido peligro incluso si le golpeara en la cara, si simplemente imaginara o sospechara que algo o alguien fuera a herirles. Andy tomaba como su derecho que ella cocinara y horneara e hiciera todas las pequeñas cosas que ella adoraba hacer para él, pero Jake siempre pareció asombrado e incluso un poco cauteloso de cualquier bondad hecha para él. Advertía todo lo que ella hacía, y a menudo no parecía saber que decir ni hacer para contestar, pero lo notaba.

La mano de Jake se envolvió alrededor de la nuca de ella.

– Te has ido otra vez, Emma. Lo has estado haciendo mucho últimamente.

Ella se las ingenió para darle una rápida sonrisa tranquilizadora.

– Se que tienes trabajo que hacer esta tarde, Jake. Siempre lo tienes. Pero te he hecho un bizcocho. Pensé que después de cenar podrías hacer la fiesta de cumpleaños con los niños. Ellos crearán un lío terrible, pero lo adorarán.

Ella no pudo evitar la ansiedad en su cara levantada. No debería haber dicho que los niños iban a tener una fiesta de cumpleaños con él, pero había estado planeando la sorpresa durante días y ellos habían visto los preparativos. Contuvo la respiración.

– ¿Emma, os dejo plantados a ti y a los niños a menudo?

Ella vaciló, insegura de cómo contestar. Él hacía todo por ella y los niños.

– Por supuesto que no, Jake. Cuidas de todo. -Eso por lo menos era honesto.

Él se movió más cerca de ella, tratando de rodear su cuerpo tembloroso con calor mientras estaban juntos justo fuera de la cocina.

– No hablo de esas cosas. Tienes esa mirada en tu cara, como si pensaras que yo ignoraría la fiesta que has planeado. ¿Hago yo eso? ¿No estaré allí por ti y los niños emocionalmente? No lo creo. Si algo es importante, necesitas dejármelo saber. No soy muy bueno en la cuestión familiar. No sé realmente que hago la mitad del tiempo, así que sigo tu ejemplo.

Emma respiró y exhaló, queriendo de repente llorar por él. Él podía hacer esto en un latido del corazón, con una revelación de su pasado, hacerla sentir su vulnerabilidad, su resolución absoluta y firme de aprender cómo vivir en una familia. Odiaba herir a Jake. Él realmente lo intentaba con ellos, y quizá era sólo con ellos, pero todas las noches estaba en casa, metía a los niños en sus camas y definitivamente parecía disfrutar de las cenas familiares. Sólo que a menudo no estaba en casa. Siempre preguntaba por los niños cuando llamaba, siempre quería cada detalle, pero no participaba mucho en el verdadero cuidado de los niños.