– ¿Emma?
Ella sacudió la cabeza.
– Cariño. Sólo dímelo.
Emma permaneció silenciosa durante mucho tiempo, pero entonces levantó las pestañas y le miró a los ojos, buscando algo allí, alguna tranquilidad.
– Mi padre había estado vivo, pero alguien le había torturado. Había pequeños cortes por todo su cuerpo. Quienquiera que lo hubiera hecho había encendido un fuego y había dejado sus cuerpos para que ardieran. Pude ver huellas que se alejaban del coche.
– ¿Qué clase de huellas? -apenas podía respirar, sabiendo que ella había pasado por tal cosa, sabiendo cuan cerca había estado de los asesinos. ¿En qué había estado metido su padre?
– Huellas de un gato grande.
La boca de Jake se secó ante la revelación. ¿Huellas de leopardo? ¿Tenía Drake razón sobre ella, entonces? Todo señalaba que sí, pero ¿cómo podía ser? Tenía que reunir más información sobre ella. Ahora ciertamente no era el momento de mencionar que él podía cambiar y convertirse en gato.
– Les había dado mi palabra de que si algo iba mal, me marcharía, me iría a miles de kilómetros de distancia. Y lo hice. Me fui a California, porque se los prometí.
Si Emma daba su palabra, la cumpliría costara lo que costase. Si Emma se casaba con él, no habría engaños, ningún abandono, ninguna ruptura de votos.
– Conociste a Andrew y te casaste con él. -Cambiándose el apellido, hacía más difícil que la rastrearan-. Lo siento, Emma, esto debe haber sido tan difícil. -Transfirió la mano al pelo, deslizándola sobre los hilos sedosos. La acción le calmó casi tanto como a ella. Sintió la tensión resbalar de su cuerpo-. ¿A tu madre siempre le gustaron los leopardos? ¿Es de ahí de donde te viene el amor por dibujar leopardos también? -Quería que recordara a su madre de ese modo, algo hermoso que compartieron juntas.
– Sí, pero ella nunca hizo uno como la pintura que hice para ti, medio hombre y medio leopardo. Ella adoraba a los gatos grandes. Pintó asombrosas imágenes de ellos que parecían vivas, pero ninguna con una cara medio-humana, medio-gato. Creo a que veces tienes una calma y una manera de moverte, como el agua sobre la arena, fluida y silenciosa, eso me recuerda a un leopardo.
– ¿No a un tigre? -preguntó él curiosamente. Las perspicacias de Emma eran una de las cosas que admiraba en ella. Tenía unos instintos asombrosos. Estaba empezando a pensar que Drake quizás tuviera razón acerca de Emma, y si era verdad, él no sabía si eso ayudaría a su causa o la haría más difícil.
– Los leopardos son más imprevisibles -levantó las pestañas. Revolotearon. Él pudo ver la diversión en los ojos verdes. Ojos de gato-. Y tienes mal genio.
Él oyó la sonrisa en su voz y se inclinó más cerca para inhalar su perfume. A veces quería tomar esa felicidad en los pulmones, para llenar su cuerpo, la sangre, para mantenerla para sí. No sabía cómo ser feliz. Era violentamente protector, quizá demasiado para ser feliz. Había construido un imperio, y lo protegía ferozmente, pero siempre era consciente de que sus enemigos le rodeaban. Emma había atravesado una experiencia terrible, pero todavía tenía la capacidad de amar, de bromear, de encontrar la felicidad y la diversión.
– No tengo mal genio. Sólo me gusta que las cosas se hagan de cierta manera.
Ella hizo una pequeña mueca con los labios y el corazón de Jake dio bandazos. Su sangre se encrespó calientemente y su verga dio un tirón, caliente, dura y completamente excitada. Jake inspiró y lo expulsó, deslizando la palma por el brazo para enredar los dedos con los de ella para no ahuecar la tentación del seno. Tenía que ir despacio, dejar que se acostumbrara a la idea de tener un hombre en su vida otra vez. No había estado lista, pero él había plantado la semilla y con un poco de suerte ella soltaría a Andrew, y Jake estaría allí para ella.
Verdaderamente, había estado con ella mucho más que Andrew. Había conocido a su marido sólo durante un par de meses antes de casarse, y había estado con él cinco meses antes de su muerte. Emma había compartido la vida de Jake durante más de dos años. Andrew había sido un chico, no un hombre, y por muy dulce que hubiera sido con Emma, ella necesitaba a un hombre.
Jake podía decir que era bastante inexperimentada en lo que se refería al sexo. Apostaría su vida a que había sido virgen cuando conoció a Andrew. Las cosas que quería hacerle probablemente la sorprenderían. Atrajo la mano a su boca y le mordisqueó las puntas de los dedos.
– Eres muy oral -susurró ella, con diversión en su voz.
Sonaba somnolienta, y él sabía que estaba yendo a la deriva o nunca habría hecho ese comentario, y seguro que no le habría contado nada sobre el modo en que sus padres habían muerto.
– No tienes la menor idea, cariño -cuchicheó, deliberadamente malvado, y se inclinó con el fin de excitar ese lugar suave y vulnerable donde su hombro se juntaba con el cuello. La lengua le lamió la piel tibia, llenándolo con su sabor hasta que no pudo resistir frotar los labios sobre el lugar.
Ella levantó el hombro ligeramente, pero ya había vagado demasiado en el sueño para hacer otra cosa más que protestar suavemente. Jake dejó que los dientes rasparan de aquí para allá antes de morder suavemente. El leopardo en él le instaba a hacer más, a dejar su marca en ella, para proclamar su propiedad, pero Jake levantó la cabeza para darse suficiente espacio para respirar.
– Duerme bien, cariño -susurró-. Te veré por la mañana.
Capítulo 9
– ¿PAPÁ, qué significa iletimo? -preguntó Kyle.
Jake frunció el ceño y miró a Emma buscando una explicación. Ella siempre parecía saber exactamente qué decían los niños. Estaba apoyada en el marco de la puerta, observándole desenvolver los pequeños regalos de los niños que chillaban mientras él estaba sentado con ellos sobre la cama de Kyle. Andraya se lanzó a su regazo y enlazó sus brazos alrededor de su cuello, aferrándose como un mono, mientras Kyle le miraba a la cara muy serio.
Emma parecía lo bastante buena para comérsela, y puesto que él había estado despierto la mayor parte de la noche pensando en ella, acostada con ese delgado pijama sin nada más debajo, se encontraba muy hambriento. Se movió y pareció incómoda, encogiéndose de hombros y dirigiéndole una pequeña sacudida con la cabeza.
– ¿Todo el mundo está listo para el desayuno? -Ella sonaba alegre, demasiado alegre.
La mirada de Jake se centró en su cara. Ella sabía exactamente qué le había preguntado Kyle. No quería contestar. Él se volvió hacia Kyle.
– ¿Quién te dijo esa palabra?
– La señora mala.
Jake levantó con fuerza la cabeza otra vez y le sonrió a Emma.
– La señora mala -repitió, mirando a Emma en lugar de a su hijo-. ¿Qué señora mala?
– Kyle -intervino Emma.
Jake sostuvo en alto la mano, haciendo un gesto para silenciar a Emma mientras se ponía en pie lentamente con Andraya todavía en sus brazos, su enorme silueta dominaba la habitación.
– ¿Qué señora mala, Kyle? -preguntó Jake, con voz engañosamente amable.
– La que hace llorar a Mami.
Hubo un silencio sepulcral en la habitación. Nadie se movía, ni siquiera Andraya. Jake luchó para sofocar el volcán que amenazaba con explotar. Tomó aliento, contó hasta diez y lo dejó salir.
– ¿Susan? -Elevó la voz, gritando hacia el vestíbulo, sin separar ni una vez sus ojos de la cara pálida de Emma.
La muchacha llegó corriendo, su cara resplandeciendo casi con adoración, ansiosa por ayudarle.
– ¿Lo siento, llego tarde al desayuno?