– De ningún modo -dijo Jake amablemente-. No he tenido la oportunidad de decirte que nos alegramos de que hayas venido a visitarnos. Me gustaría que bajases a Andraya y Kyle a la cocina y les dieras de comer.
Susan miró un poco nerviosa, abriendo su boca varias veces para responder, pero nada salió hacia afuera. Ella tendió las manos a los niños. Kyle resbaló la mano en la de ella, pero Andraya se pegó a Jake.
Emma se dio media vuelta, pero la mano de Jake se extendió, cerrando los dedos alrededor de su muñeca como una pulsera.
– Oh, no, tú no. Tú no vas a ninguna parte. -Con una mano apartó a Andraya-. Ve con Susan. Sé una buena chica -murmuró.
Andraya estudió su cara por un momento para determinar si una rabieta serviría de algo, pero cuando vio la posición de su mandíbula, se fue voluntariamente con Susan. Jake esperó hasta que los niños hubieron ido escalera abajo.
– Tengo una norma en esta casa. No recibimos visitas a menos que las apruebe primero. Dije que el Senador Hindman y su hija eran bienvenidos a venir ocasionalmente, no recuerdo haber concedido nunca una autorización para nadie más. A menos que Susan sea considerada la «señora mala» y te haya hecho llorar, eso quiere decir que alguien más ha estado en mi propiedad y en mi casa.
Remarcó cada palabra, escupiéndolas entre los dientes, su voz era más baja de lo normal y rezumaba amenaza.
Emma dio un paso atrás, no pudo evitarlo, pero él la siguió, paso a paso, como un baile macabro, hasta que su espalda pegó en la pared y ella no pudo ir más lejos. Jake plantó sus manos contra la pared a ambos lados de su cabeza, atrapándola con eficacia. De cerca era enorme e intimidante y él lo sabía, y esta vez no le importó que ella le mirase con algo de miedo en los ojos. Un buen susto podría ser algo bueno.
– Inmediatamente después de que te fueras en este último viaje, Jerico estaba de guardia en el portón y llamó a la casa y me dijo que tu novia estaba aquí.
Su ceja subió rápidamente.
– ¿Mi novia? yo no tengo novias y tú lo sabes.
La impaciencia cruzó su expresivo rostro.
– Muy bien, entonces, la mujer con quien te acuestas.
– No me acuesto con mujeres, tampoco, a menos que seas tú. ¿Quién es esta mujer que pretendía ser mi novia? ¿Usó ella realmente esa absurda palabra?
La impaciencia se convirtió en pura exasperación.
– Jerico usó esa palabra. Dijo que tu novia, Linda Rawlins, estaba en el portón y necesitaba llegar hasta la casa.
– ¿Y tú te lo creíste?
– Pensé que salías con ella. Y que dormías con ella.
Él permitió que un absoluto sarcasmo mezclado con desprecio asomara en sus ojos.
– No tengo citas y no duermo con nadie. Ella vino a mi oficina en la ciudad y me hizo unas mamadas un par de veces. La follé, pura y simplemente, porque me duele como el infierno y quería que se detuviera. Ella sabía que no habría ataduras y que nunca lo habría. Mi novia. -Él sacudió la cabeza-. Pensé que tenías mejor criterio que eso. ¿Qué diablos quería?
Él sacó su radio y habló a través de ella.
– Drake, quiero que Jerico me espere en mi oficina inmediatamente. -Bajó la mirada hacia Emma-. Sé que le ordenaste a un guardia que entrara en la casa con ella. Dame un nombre.
– Jake… -inclinó la barbilla.
– No me hagas enfadar más de lo que estoy.
Emma suspiró, bajó los ojos y se encogió de hombros.
– Joshua. -Emma cerró los dedos en dos puños apretados.
Jake bajó la mirada hacia ella, acosándola deliberadamente, enfadado porque se hubiera puesto en la línea de fuego cuando había tenido tantos problemas para protegerla. Un minuto más y si ella no controlaba su genio, iba a golpearle. Él habló por radio una segunda vez.
– Que Joshua se reúna allí conmigo también. -Él atrapó la barbilla de Emma y la obligó a mirarle-. Una mujerzuela es una mujerzuela venga de donde venga, Emma, y tú deberías saberlo. ¿Cómo pudiste dejar que te engañara para invadir mi casa?
– ¿Si ella es una mujerzuela, en qué te convierte eso? -exigió Emma, casi escupiendo-. No es la única mujer que se lanza sobre ti para tener sexo contigo.
Sus ojos eran hermosos, casi ardiendo, como dos esmeraldas deslumbrantes. No se sorprendería si saltasen chispas sobre él de un momento a otro.
– La diferencia es que Linda vendería su alma al mejor postor y usa el sexo para intentar obtener lo que quiere.
– ¿Y tú no lo haces?
– Todavía no. Pero créeme, cariño, eso va a ocurrir pronto. Ahora dime qué pasó y cómo se involucraron los niños.
– Vete al infierno. -Su genio se alzó hasta el de él.
Los ojos de él se estrecharon, enfocados, ardiendo sobre los de ella. Su cuerpo se quedó inmóvil, agresivo, dominante, mientras la rodeaba de poder y calor.
Ella tomó aire. Él se había movido más cerca, y esa inhalación empujó sus senos contra el pecho de él hasta que los sintió subir y bajar, notó la silueta de sus pezones erectos contra él. Un relámpago le atravesó desde el pecho hasta la ingle. Quiso empujarla contra su cuerpo y frotarse contra ella como un gato. Estaba instantánea y ferozmente excitado, y tuvo una imagen de ella dejándose caer de rodillas y deslizando apretadamente su fantástica y perfecta boca alrededor de su gruesa y palpitante polla.
La cólera chisporroteó entre ellos, junto con una intensa conciencia sexual. Podía oler sus perfumes combinados, una poderosa mezcla intoxicante de perfumes sexuales que actuaban en él como un afrodisíaco. Inclinó más la cabeza hasta que la boca estuvo contra la oreja de ella.
– Ten cuidado con lo que me dices o vas a averiguar ahora mismo qué es lo que ocurre cuando me empujas demasiado lejos.
– No se me intimida tan fácilmente, Jake. Y me niego a saltar por el aro, como todos los demás a tu alrededor.
Su mano se deslizó alrededor de su garganta, inclinándola hacia atrás, forzándola a levantar la boca hacia la suya.
– ¿De verdad quieres jugar a luchas de poder conmigo, Emma? Porque puedo sentir cómo tu cuerpo responde al mío. ¿Crees que no puedo saber cuándo una mujer me desea? -La empujó, casi levantando su cuerpo sobre el de él hasta que su pesada erección estuvo acurrucada en su cálido montículo.
– ¿Así que debo ser otra de tu muchas mujerzuelas para que puedas sentirte superior? ¿Para que puedas poner esa mirada de desprecio en tu cara cada vez que menciones mi nombre? Una invitación encantadora, pero de verdad, no, gracias.
– No se apartó de él, ni desvió la mirada, igualando genio con genio-. Mi cuerpo puede responder al tuyo, no estoy muerta; y eres muy sexy, como bien sabes, pero créeme cuando te digo, mi cabeza me grita «cuando se hiele el infierno».
Él sólo oyó las palabras «cuando se hiele el infierno». La furia ardió en sus ojos y la atrapó por la parte superior de sus brazos, poniéndola bruscamente de puntillas, inclinando la cabeza hacia la de ella, los labios aplastando los de ella, atrapándolos entre los dientes. No había nada dulce en Jake en ese momento. Tomaba lo que deseaba, haciendo una declaración, exigiendo su respuesta, conquistándola, marcándola, la presión caliente la forzaba a abrir la boca para que pudiera tomar posesión de ella.
El calor y las llamas atravesaron su corriente sanguínea y lo que quería ser un castigo se convirtió en algo enteramente distinto. El cuerpo de Emma se oponía a él, pero su boca no, en lugar de ello se fundía con la de él, devorando ávidamente, sus lenguas se batían en duelo salvajemente mientras su cuerpo luchaba contra el repentino peso de Jake. Este la inmovilizó contra la pared, deslizando una mano sobre su pecho, hasta encontrar su pezón erecto, acariciándolo y tirando como había querido hacer durante los dos últimos largos años.
La emoción le inundó como si una represa se hubiera quebrado, estremeciéndole, inundando su sistema de inesperado y no deseado… ¿Qué? Amor no. No podía ser amor. La idea, el sentimiento, le aterrorizaba, pero no podía evitar tocarla, besarla, sentir su cuerpo fundiéndose con el de él era diferente a cualquier cosa que nunca se hubiera acercado a experimentar cuando pensaba que conocía la pasión y el gran sexo. Algo de Emma sacaba a la luz cada instinto masculino que tenía, incluso la ternura, aunque él nunca lo hubiera sabido por su cuenta. No había esperado las ondas de sensaciones que le golpeaban, la alegría que le atravesaba, arrollándolo con cada pulso de intensidad y acrecentando la fuerza de su necesidad física.