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Los martillazos que perforaban su cabeza aumentaron su frecuencia mientras su leopardo brincaba y rugía por la supremacía. Ella jadeó para tomar aliento, quedándose sin huesos bajo la acometida de sus manos y su boca. La rodilla se deslizó entre sus piernas, empujando, la unión como un horno, incitándole más. Él bajó su delgada blusa, exponiendo sus senos, sin que su boca dejara la de ella, continuaba alimentándose ferozmente mientras sus manos encontraban la carne desnuda.

Tiró de su sostén, desesperado por sentir los montículos suaves y cremosos llenando sus palmas. La sensación del peso suave en sus manos desnudas casi le hizo llorar. Quería conocer cada pulgada de ella, necesitaba encontrar la manera de bajar la velocidad para saborear su sabor. Su boca dejó la de ella y dejó una huella de fuego al bajar desde su garganta hasta su pecho.

Emma se quedó sin aliento y se arqueó hacia él cuando la tomó en su boca, succionando con fuerza, su lengua dándole un golpecito al duro pezón, sus dientes bajaban dando pequeños mordiscos, provocando estremecimientos a través del cuerpo de ella.

Emma oyó su propio gemido de ansia y supo que tenía un terrible problema. La química entre ellos era explosiva, su piel estaba tan sensible que apenas podía soportar el roce de su ropa. No pudo evitar rozarle con sus rodillas. Su boca se sentía vacía, al igual que su cuerpo. Quería que él la llenara, que aliviara el terrible dolor que crecía y crecía hasta que necesitó gritar y suplicarle que entrase dentro de ella. Éste era Jake, el hombre que amaba con desesperación, y le deseaba con cada célula en su cuerpo.

Él la levantó con uno de sus fuertes brazos.

– Rodéame con tus piernas. -Necesitaba estar más cerca, necesitaba estar dentro de ella, compartiendo la misma piel.

Emma hizo lo que le pedía, abriéndose a él. Un extraño sonido de ronroneo surgió de ella mientras él se mecía contra ella, y restregó su tenso cuerpo contra su hinchada protuberancia. La delgada tela entre ellos la frustraba y bajó la mirada. Pudo verse a sí misma, sus senos llenos al descubierto, su cuerpo sonrojado y necesitado, sus caderas dando sacudidas contra él mientras sus piernas se entrelazaban a su alrededor apretadamente. Ella había perdido el juicio. Ella le estaba atacando.

– Alto -dijo en un susurro, un susurro ronco, necesitado, tomando aliento a boqueadas-. Tenemos que detenernos.

– Tenemos que quitarnos la ropa -replicó, con la boca ávida en su pecho.

Su cuerpo casi se convulsionó de placer. Estaba cerca del orgasmo, algo que raramente había tenido con Andrew, pero Jake ni siquiera la había penetrado.

– Jake, por favor -no sabía si le rogaba que la tomara allí mismo en el vestíbulo o si quería que la soltara. Nunca se había sentido tan desesperada por tener un hombre dentro de ella.

Sintió las manos de él palpando, tirando del cordel de sus pantalones mientras su boca continuaba succionando su pecho. Sus dientes tironeaban y raspaban mientras su lengua la acariciaba por todas partes. Ella sintió cada intenso toque en su vientre, hasta que sus músculos interiores se contrajeron. Estaba vacía y necesitada, ansiándole. Necesitaba apartarle pero no podía encontrar la fuerza para ello.

– No podría vivir conmigo misma -susurró-. O contigo.

Él se quedó en completo silencio. Incluso pareció que dejaba de respirar por un momento, y supo que él luchaba por recuperar el control. La sujetaba con fuerza contra él, tan apretada que podía sentir su pesado eje pulsando contra su montículo. Su boca dejó con desgana el pecho dolorido y él enterró la cara entre su cuello y su hombro. Se quedaron así durante largo tiempo, sin moverse, luchando por respirar, por retroceder de alguna manera, por una forma de deshacer lo que acababa de ocurrir entre ellos.

Jake se movió primero, bajando lentamente las piernas de ella de regreso al suelo, enmarcando su rostro con las manos.

– Lo siento, Emma. No tengo excusa y no voy a tratar de encontrar una.

No podía culparle sólo a él; ella era más que responsable. No sabía qué le había ocurrido. Se quedó allí, con la pared sosteniéndola, mirándole a la cara, con los pechos fuera del sostén, audaces y lascivos, con las marcas de sus dientes y su boca en ellos. Ella no podía encontrar su voz, o su voluntad.

Jake le levantó la blusa, pero la tela rozó contra sus pezones erectos, enviando pulsos de excitación que la estremecieron desde los pechos hasta el vientre que se contraía.

– Yo también lo siento -es todo lo que podía decir.

– Necesito saber qué fue lo que te dijo Linda -dijo Jake-, aunque no quieras contármelo. Es importante, Emma. No se trata sólo de mi ego ni es porque sea un fanático del control. Sé que crees que soy un paranoico contigo y los niños, pero tengo buenas razones.

Lo último que ella quería hacer era hablar y ser racional. Necesitaba tomar una ducha fría y después esconder la cabeza bajo las mantas durante el resto de su vida. Jake pareció poder desconectar la intensa excitación sin problemas. Su cuerpo estaba todavía duro, pero ella raramente le veía de otra forma. Todavía estaba cerca de ella, casi piel con piel, el calor de su cuerpo la calentaba y su perfume masculino la envolvía. Ella no se apartó porque sus piernas estaban tan débiles que tenía miedo de caer si daba un paso atrás.

Luchó por controlar su respiración e intentó serenarse, ser tan indiferente como él.

– Linda dijo que necesitaba hablar conmigo, que era importante. Aunque nunca lo dijo categóricamente, insinuó que tenía un mensaje tuyo para mí.

Él le frunció el ceño, sacudiendo la cabeza como si le hubiera decepcionado.

– Yo te habría llamado si hubiera sido así.

– Lo sé. Lo sé. No sé en qué estaba pensando. -Eso no era enteramente cierto. Había sentido curiosidad por ver quién era «la novia» de Jake. Emma tenía un olfato muy agudo, y muy a menudo percibía el olor de otra mujer cuando Jake cruzaba la puerta por la noche después haber estado en su oficina en la ciudad. La curiosidad y tal vez algo de celos habían sacado lo mejor de ella y había dicho a Jerico que escoltara a Linda hasta la casa.

– ¿Qué tenía Linda que decirte?

Emma trató de evitar el sonrojo en su cuello y su cara. Linda había dicho un montón de cosas, la mayoría categóricamente insultantes. Sólo le había llevado un minuto en compañía de Linda para darse cuenta de que el mensaje que había venido a entregar no era de Jake sino de la propia Linda. La esencia del asunto era: Emma nunca tendría a Jake porque Linda lo reclamaba para ella. Kyle desafortunadamente había oído gritar a Linda que no importaba cuántos bastardos ilegítimos tuviera con Jake, él nunca se rebajaría a casarse con alguien tan inferior.

– Emma -Jake dijo su nombre con un dejo de advertencia.

Emma levantó la barbilla hacia él.

– Estuvo insultante. Pero me encargué de ello. Fue una pena que Kyle oyese sin querer sus gritos. En realidad él nunca había oído gritar antes, así que creo que le perturbó y lo recordó. No te preocupes, Jake. Aprendí la lección. Fue muy incómodo, y después Kyle estuvo molesto. Le tuve que acunar para que se durmiera durante un par de noches antes de que se le pasara.

– Lloraste. -Su garganta se cerró inesperadamente. No había estado allí para confortarla cuando ella se fue a dormir.

– Un poco. No estoy acostumbrada a que la gente me grite ni a que me insulten. Dijo algunas cosas bastante feas, pero me pareció que ella piensa que estamos liados. Obviamente cree que tú eres el padre de Andraya…