Emma le tendió la mano. El brazo dolía donde él la había agarrado, ya sabía que tendría magulladuras. Él era enormemente fuerte para alguien tan demacrado.
– Me alegro de conocerle. ¿Tiene hambre? Siempre hay café preparado en la cocina y generalmente tengo pan recién horneado o galletas para coger en cualquier momento.
– Jake me dio una de las cabañas con cocina. He traído algunas cosas, así que estoy bien, gracias.
– Él mantiene provisiones para los hombres en la despensa común. ¿Le mostró dónde? Cuándo tome algo de allí, sólo apúntelo en la lista. Me facilita reemplazar los suministros para evitar que escaseen.
Él asintió, luego retrocedió y levantó la mano ligeramente.
– Sólo quería presentarme para que no creyera que un extraño pasaba el rato con los niños.
– Gracias, aprecio eso -dijo Emma.
Le miró alejarse y se frotó el brazo otra vez. Junto con las magulladuras había un rasguño largo, como si las uñas se hubieran clavado cuando la puso derecha. Suspiró, dándose cuenta de que la última adición era como los otros en el rancho. Drake con la pierna mala; Joshua con la sonrisa fingida y el dolor en los ojos; Evan con su problema del habla; Conner con las cicatrices; y por supuesto, el rescate más grande de Jake: Emma, con su marido perdido y el embarazo difícil. Jake reunía a descarriados tanto si lo sabía como si no. Ella había conocido a varias de las personas con las que él trabajaba. Una era una pareja mayor, profundamente leal a él, y había oído a Jake hablando por teléfono con ellos en varias ocasiones, arreglando algún fondo para ellos y devolviéndoles una casa que había sido embargada.
Jake tenía tantas personalidades. Podía ser difícil y a veces incluso cruel, pero era tan generoso. Ella pasaba demasiado tiempo pensando en él. Por mucho que intentara no hacerlo, durante el resto del día se encontró soñando despierta acerca de Jake, desconcertada, preocupada, molesta, frustrada… tantas emociones. Por lo menos su cuerpo no iba a estallar en llamas ante su mero olor mientras limpiaba la casa y jugaba con los niños. Había algún alivio en eso.
Susan era una gran ayuda, aunque hablara mucho, en su mayor parte acerca de Jake y Evan. Al final del día, después de que Emma escuchara a Susan durante horas y pusiera a los niños en la cama, lo que realmente quería era ponerse cómoda, con los pies en alto, pero se tomó una ducha y lavó el pelo. Lo llevaba por la espalda, del modo en que a Jake más le gustaba. Siempre había tenido un gran cabello, el único atributo que adoraba de sí misma. La mayor parte del tiempo lo llevaba arriba para que no le estorbara, pero Jake a menudo le soltaba el pelo del gancho para que los sedosos mechones cayeran en cascada por su espalda hasta la cintura. Encontró una blusa corta de seda, largamente olvidada, que combinaba con su falda suelta predilecta, y bajó las escaleras.
– Estás hermosa -saludó Susan en el pasillo-. ¿Adónde vas esta noche?
– A ver una película, pero salgo tan raramente -más bien nunca-, que pensé que me aprovecharía al máximo. -¿Era parte de su enfado con Jake por hacer tan imposible el estar con él? Se detuvo, con miedo de estar más molesta con él de lo que se había dado cuenta. Había sido honesta con Greg, diciéndole que quería salir sólo como amiga, pero quizá eso no era verdad.
– Está guay que Jake te lleve a ver una película.
Emma se tensó.
– No voy con Jake. Tiene una reunión de negocios esta noche.
Susan frunció el entrecejo.
– ¿Vas tú sola? Creí que habías dicho que era una cita.
– Algo parecido a una cita. Es un amigo.
La ceja de Susan se disparó hacia arriba.
– ¿Él? ¿Lo sabe Jake?
El estómago de Emma se anudó. El temor se curvó dentro de ella, poniéndola más molesta y determinada que nunca.
– Lo que hago no es asunto de Jake.
Susan pareció sorprendida.
– Bueno, Emma. Estás provocando a un tigre.
– Ya te lo he dicho, Jake y yo no estamos de esa manera.
– Quizá tú no, pero le he visto contigo. Definitivamente le gustas. Sin bromas, Emma. Si no lo sabes, eres la única persona en este rancho que no lo sabe.
Emma cerró los ojos, deseando brevemente que hubiera más que eso.
– Le gustan todas las mujeres, Susan. -Agarró un cárdigan negro corto y alcanzó su bolso. Hacía bastante frío, pero se figuró que en el cine haría bastante calor-. No me esperes levantada.
– No te preocupes por eso. No quiero estar levantada cuando Jake vuelva a casa y encuentre que te has ido -dijo Susan-. Él es del tipo que podría matar al mensajero, y ya estaba de camino a la cama de todos modos.
Emma puso los ojos en blanco.
– Eres tan dramática. A Jake no le importa lo que hago fuera del rancho. -Empezó a bajar por el vestíbulo.
– Sigue creyendo eso -dijo Susan.
Emma corrió a la cocina, mirando su reloj.
– Uno de los hombres permanecerá en la casa, así que si necesitas ayuda, sólo llama. -Descolgó el teléfono y pulsó el botón del intercomunicador a la cabaña principal-. Joshua, envía a uno de los guardaespaldas a la casa para el resto de la noche. Voy a salir.
Hubo un silencio aturdido y entonces Joshua dio un graznido.
– ¿Fuera?
Ella no iba a explicarse. Sólo que ese tono la había irritado. Era obvio que había esperado demasiado tiempo para hacerse valer.
– Sólo envía a alguien ahora.
Se apresuró hacia el Jeep que solía estar aparcado cerca de la casa para su uso en la propiedad.
– ¡Espera! -Una figura salió volando hacia el Jeep, a través de la oscuridad. Joshua se inclinó en el vehículo por la ventana abierta y quitó las llaves del arranque-. ¿Adónde vas? Son las ocho y treinta. -La miró fijamente-. Te has arreglado. ¿Qué estás haciendo, Emma? -Sonó sorprendido.
– Voy a una cita, Joshua -contestó calladamente, luchando contra la mezcla de indignación y diversión.
– ¿Una cita? -resonó él, su voz subiendo a una nota aguda-. ¿Con un hombre?
Ella le sonrió dulcemente.
– Eso es bastante normal, verdad, o ¿lo he entendido mal, después de todo este tiempo?
– Nadie me lo dijo.
La mente de Joshua corría frenéticamente. Emma nunca iba fuera del rancho sin una escolta. ¿Quién se atrevería a pedirle salir? ¿Quién estaría tan loco como para arriesgar la vida? ¿Quién estaba fuera esa noche? Intentó permanecer en calma.
– No era consciente de que tenía que contártelo -replicó Emma suavemente. Le tendió las manos para que le diera las llaves-. Voy tarde. Dámelas.
Él retrocedió un paso, pequeñas gotas de sudor se le formaron en la frente.
– ¿Jake sabe algo de esto?
– Jake está en una reunión de negocios, Susan vigila a los niños y yo me tomo la noche libre. Es la primera vez en dos años. Lo merezco, ¿no crees?
Joshua se pasó una nerviosa mano por el pelo.
– Sí, bien, es justo que… ¿quién es el tipo?
– Nadie que conozcas. -Emma se asomó por la ventanilla del Jeep y le quitó las llaves de la mano-. No te preocupes, Joshua. Estás actuando como un padre. Volveré a casa a una hora razonable.
– Pero tú nunca sales -protestó-. Nunca llevas falda. -Se pasó una mano sobre la cara y parpadeó-. Nunca vas de esta manera.
Ella se rió con pesar.
– No estoy segura de que eso sea realmente un cumplido. Te veré mañana, Joshua.
– Oh, Dios, Emma. -Casi gimió-. ¿No estarás pensando en pasar la noche con ese tipo, verdad? Me matarán por esto. Estoy muerto. Hervido en el petróleo.