– Eso no me parece motivo suficiente para matarla -dijo Chase poco convencido-. ¿Qué habéis descubierto sobre la familia de Jared O'Brien?
– Solo lo que he podido encontrar en internet -respondía Luke-. Pero seguro que te gustará. Los O'Brien eran los propietarios de la fábrica de papel de Dutton. Larry O'Brien tenía dos hijos. Jared era el mayor y estudió en la academia Bryson. Tenía la misma edad que Simon. Por lo que he leído en los anuarios, Jared tenía bastante éxito con las chicas. Lo nombraron el rey de la fiesta de antiguos alumnos y también fue el rey de su fiesta de graduación. -Luke les entregó una copia de la foto de Jared que aparecía en el anuario-. Era un tipo muy atractivo. El hermano menor de Jared se llama Mack; es nueve años más joven que él.
Hizo una pausa y arqueó las cejas.
Daniel ahogó un grito.
– De modo que fue a clase con Janet y las demás.
– Al principio sí -explicó Luke-. Pero si miráis los anuarios, veréis que Mack asistió a la escuela pública en algún momento entre los primeros y los últimos años de sus estudios. Era demasiado joven para aparecer en ninguna de las listas de compañeros de Simon y no asistió a la academia Bryson durante los años de los que buscamos información sobre las mujeres asesinadas. Larry O'Brien, el padre, murió de un ataque al corazón un año después de que dieran por muerto a Simon la primera vez. Jared era el hijo mayor, así que se puso al frente del negocio. No se ha publicado mucha información al respecto, pero parece ser que mucha gente se quedó sin trabajo; no da la impresión de que Jared fuera un as de los negocios.
– Kate dijo que era un borracho -recordó Daniel-. Sé que tenía antecedentes; le he pedido a Leigh que buscara su ficha. Lo detuvieron dos veces por conducir bajo los efectos del alcohol en Georgia.
– Jared desapareció el año en que Mack empezaba los estudios secundarios -explicó Luke-. La fábrica de papel se fue al garete porque Jared malgastó todo el dinero, y ¿sabéis quién la compró?
Chase suspiró.
– ¿Quién?
– Rob Davis.
Daniel se quedó boquiabierto.
– No puede ser.
– Sí -repuso Luke-. La viuda del padre, Li la O'Bri en, se declaró en quiebra unos meses después.
– Y Mack pasó a estudiar en la escuela pública. -Daniel arqueó las cejas-. Las fechas cuadran. Los O'Brien no debieron de obtener mucho con la venta si Mack tuvo que cambiar de escuela.
– La fábrica es una propiedad privada, así que no puede consultarse la cifra -dijo Luke-. Pero yo diría que tu observación es acertada.
– Ya tenemos un posible motivo de venganza contra los Davis -apuntó Chase-. Pero ¿y el resto? ¿Cómo es posible que Mack supiera lo de la cuadrilla? En esa época él tenía nueve años. Y ¿qué hay de Jared? Desapareció, pero nadie ha encontrado su cadáver. Hasta donde sabemos, también él podría haber vuelto y haber iniciado todo esto.
– Cabría esa posibilidad de no ser porque también encaja la siguiente pieza del puzle. -Luke hizo una pausa enfática-. A Mack lo detuvieron por asalto con violencia y robo durante el último año de escuela. Ya tenía dieciocho años, así que lo juzgaron como a un adulto y acabó ingresando en prisión. Cumplió cuatro años de los doce a que lo condenaron y entonces obtuvo la libertad condicional. Justo hace un mes.
– Uau. -A Daniel le entraron ganas de sonreír, pero se contuvo. Todavía quedaban muchos cabos por atar-. Todo cuadra, pero tenemos que averiguar por qué mató a Janet y a las demás, y por qué imitó el asesinato de Alicia. Y, tal como ha dicho Chase, cómo es que sabía todo eso.
– Entonces vamos a buscarlo y a traerlo aquí para hacerle unas preguntitas -dijo Chase en tono peligroso-. ¿Tienes alguna foto suya, Luke?
Luke deslizó una sobre la mesa.
– Ahí está su careto.
Daniel examinó la imagen de Mack O'Brien. Tenía el pelo oscuro y graso, el cuerpo esquelético y la cara llena de horribles señales por culpa del acné.
– No se parece mucho a Jared -comentó-. Daremos la orden de busca y captura.
– Llamaré a la junta de libertad condicional y pediré una foto más reciente -se ofreció Luke-. De momento, más vale eso que nada.
– ¿Qué hay del resto de la familia O'Brien? -preguntó Chase.
– La madre murió mientras Mack estaba en la cárcel -explicó Luke-. Jared dejó a una esposa y dos hijos pequeños: Viven a las afueras de Arcadia.
– ¿También has averiguado eso en internet? -se extrañó Daniel.
– Ahora el periódico de Dutton está disponible en formato electrónico. Pueden consultarse todos los ejemplares de diez años a esta parte. -Luke se encogió de hombros-. Es uno de los aspectos en los que Jim Woolf se ha modernizado. Además, las fechas del nacimiento y de la muerte constan en el registro provincial, y la detención de Mack consta en nuestros archivos. Lo juzgaron aquí en Atlanta, por cierto; no en Dutton.
– ¿Qué agente lo arrestó? -quiso saber Daniel. -Un tal Smits, de la zona dos.
– Gracias, hablaré con él. -Daniel miró a Chase-. Tenemos que comunicar la noticia a los Anderson lo antes posible, pero también me gustaría hablar con la viuda de Jared.
Chase asintió.
– Yo me encargo de hablar con los Anderson. Tanto Davis como Mansfield están vigilados; si tratan de huir, los pillaremos.
– Chase. -Leigh entró en la sala y Alex apareció tras ella. Las dos estaban muy pálidas-. Acaba de llamar Koenig. Han encontrado a Crighton, pero ha sacado una pistola y ha disparado a Hatton en el hombro.
– ¿Está muy mal? -preguntó Chase.
– Está mal -respondió Leigh-. Lo han llevado a Emory; se encuentra en estado crítico. Koenig ha ido al hospital. A él también lo han herido, pero lo suyo no ha sido tan grave.
Chase exhaló un suspiro.
– ¿Lo saben sus esposas?
– Koenig acaba de llamarlas. Las dos están de camino.
Chase asintió.
– Muy bien. Hablaré con los Anderson y luego iré hacia allí. Luke, quiero toda la información que puedas obtener sobre Mack O'Brien; quiero saber incluso qué desayunaba cuando era pequeño. Y búscame los datos financieros de los otros; Mansfield, Garth y su tío.
– Te llamaré en cuanto tenga algo.
Y Luke se marchó con el portátil bajo el brazo.
Chase se volvió hacia Daniel.
– Crighton puede esperar. Lo tendrán entre rejas hasta que podamos ocuparnos de él.
– Tienes razón. Iré a hablar con la esposa de Jared.
– Espera -lo interrumpió Leigh-. Acaba de llegar el correo, tanto de Cincinnati como de Filadelfia.
– Las llaves -exclamó Daniel. Abrió los sobres y dejó caer las llaves en la mesa. Resultaba fácil adivinar cuál de las cinco llaves que Ciccotelli había enviado desde Filadelfia era la buena; era prácticamente idéntica a la que había enviado el ex marido de Alex.
Daniel las sostuvo las dos en alto, una en cada mano-. Los dientes son distintos, pero las dos parecen del mismo fabricante.
– ¿Serán de una caja de seguridad? -preguntó Chase, y Daniel asintió.
– Yo diría que sí.
– ¿Del banco del tío de Garth? -preguntó Chase, y Daniel volvió a asentir.
– No puedo irrumpir en el banco de Davis y exigirle abrir las cajas fuertes sin una orden judicial. Y, aunque la tuviera, lo estaría poniendo sobre aviso.
– Llama a Chloe y solicita la orden -indicó Chase-. Así cuando tengamos más información, por lo menos ya tendremos solucionados los trámites burocráticos.
– Me parece bien. Alex, tendrás que quedarte aquí. Lo siento; no puedo ocuparme de protegerte y de hacer todo eso al mismo tiempo.
Ella apretó la mandíbula.
– De acuerdo, lo comprendo.
Él le dio un rápido beso en la boca.
– No salgas del edificio. ¿Me lo prometes?