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– ¿La violó?

Alex asintió.

– Sí.

– Hay más.

Alex sintió escalofríos. Granville había dicho lo mismo.

– ¿Te refieres a la carta que Wade te envió? La hemos encontrado, con ayuda de Hope.

– Eran siete. Wade y seis más.

– Ya lo sé. Excepto Garth Davis, todos están muertos, y a Garth lo han detenido.

Bailey volvió a estremecerse.

– ¿Garth? Pero él… Dios mío, qué estúpida he sido.

Alex recordó la llamada de Sissy y al hombre con quien se suponía que Bailey se había encontrado la noche anterior a su secuestro.

– ¿Teníais una aventura?

– Sí. Vino a verme después de que Wade muriera y me dio el pésame como el alcalde que era. -Cerró los ojos-. Una cosa llevó a la otra. Y mira que Wade me lo advirtió. «No te fíes de nadie.»

– ¿Te preguntó Garth por las pertenencias de Wade? -preguntó Meredith en tono quedo.

– Unas cuantas veces, pero no me planteé por qué; entonces todavía no había recibido las cartas de Wade. Estaba tan contenta de que alguna persona de la ciudad me tratara bien… Garth estaba buscando la puta llave; igual que él. Era por lo único que él me preguntaba, por la puta llave.

– ¿Quién te preguntaba por la llave? -quiso saber Alex, y Bailey se echó a temblar.

– Granville. -Lo dijo con amargura-. ¿Qué abría la llave?

– Una caja de seguridad -respondió Alex-. Pero estaba vacía.

Bailey levantó la cabeza, perpleja y desolada.

– Entonces, ¿por qué me ha hecho esto?

Alex miró a Meredith.

– Es una buena pregunta. Daniel y Luke creían que el séptimo hombre tenía un juego de llaves, pero me parece que Granville no lo tenía.

– O bien fue él quien sacó las fotos de la caja de seguridad -observó Meredith.

– Es posible -dijo Luke desde la puerta-. Puede que Granville sacara las fotos de allí hace años. Todavía no lo sabemos. Pero el hecho de que al cabo de todos esos años resultara que Simon seguía con vida los puso a todos nerviosos. Si Daniel encontraba la llave de Simon y Bailey la de Wade, habrían empezado a hacer preguntas, y Granville no quería que eso sucediera. -Se acercó a la cama de Bailey-. Chase quiere hablar contigo, Alex. ¿Cómo te encuentras, Bailey?

– Me pondré bien -dijo Bailey con denuedo-. Tengo que ponerme bien. ¿Cómo está la chica a quien encontré?

– Inconsciente -respondió Luke.

– Es posible que eso sea lo mejor -musitó Bailey-. ¿Cuándo podré ver a Hope?

– Pronto -le prometió Meredith-. Sufrió un gran trauma cuando te dieron la paliza, no quiero que vuelva a asustarse. Te lavaremos el pelo y trataremos de ocultar algunas cicatrices antes de traer a Hope a que te vea.

Bailey asintió con aire abatido.

– Alex, le conté a Granville que te había enviado la llave a ti. ¿Te hizo daño?

– No. La sangre de la blusa es casi toda suya. Está muerto.

– Bien -soltó Bailey con acritud-. ¿Ha sufrido?

– No lo suficiente. Bailey, ¿a quién más viste mientras estabas encerrada?

– Solo a Granville y alguna vez a Mansfield. A veces a los guardias. ¿Por qué?

– Por saberlo. -Alex esperaría un poco antes de contarle a Bailey que Granville había dicho que había más, y también esperaría antes de contarle que Craig había asesinado a la hermana Anne-. Ahora duerme. Luego volveré.

– Alex, espera. No quería decirle que tú tenías la llave, y él… -Sus ojos se llenaron de lágrimas al señalar las marcas recientes del brazo producidas por la aguja-. Me pinchó.

Alex se quedó mirando las marcas de la aguja, horrorizada.

– No.

– Llevaba cinco años sin probar nada. Lo juro.

– Ya lo sé. Hablé con Desmond y con todos tus amigos.

– Ahora tengo que volver a desengancharme. -A Bailey se le quebró la voz y a Alex se le partió el corazón.

– No tendrás que hacerlo sola esta vez. -Alex besó a Bailey en la frente-. Ahora duerme. Yo tengo que hablar con la policía. Querrán que les cuentes lo de las chicas.

Bailey asintió.

– Diles que les ayudaré en todo lo que pueda.

Atlanta, sábado, 3 de febrero, 10.15 horas.

Daniel se despertó y encontró a Alex durmiendo en una silla al lado de su cama. Pronunció su nombre tres veces antes de conseguir hacerlo lo bastante alto para despertarla.

– Alex.

Ella levantó la cabeza y pestañeó para prestarle atención de inmediato.

– Daniel. -Sus hombros se hundieron y por un momento él pensó que iba a echarse a llorar. El pánico se adueñó de él.

– ¿Qué? -La mera palabra le arrancó la piel de la garganta.

– Espera. -La pastilla refrescante que ella le introdujo en la boca le sentó de maravilla-. Acaban de retirarte el tubo de respiración, así que te dolerá la garganta unas horas. Aquí tienes un cuaderno y un bolígrafo; no hables.

– ¿Qué? -repitió él, ignorando sus palabras-. ¿Estoy muy mal?

– Dentro de unos cuantos días podrás salir del hospital. Has tenido suerte, la bala no te ha afectado ningún órgano vital. -Lo besó junto a los labios-. Ni siquiera han tenido que operarte. La herida está cicatrizando sola. Dentro de unas semanas o como mucho un mes estarás recuperado del todo y podrás volver al trabajo.

Aun así, había algo que iba mal.

– ¿Qué les ha ocurrido a Mansfield y a Granville?

– Mansfield, Granville y O'Brien están muertos. Y Frank Loomis también. Lo siento, Daniel. Probablemente murió pocos minutos después de que le dispararan. Pero Bailey está viva.

– Bien -dijo con tanto entusiasmo como pudo-. ¿Qué ocurrió allí, Alex? -preguntó con voz ronca-. Luke y tú… Os oí hablar, dijisteis algo de unas chicas.

– Granville estaba metido en una historia horrenda -dijo ella en tono quedo-. Encontramos los cadáveres de cinco adolescentes. Las había tenido prisioneras. Beardsley dice que debía de haber una docena en total. Granville empezó a sacarlas de allí, pero no tenía tiempo de llevárselas a todas y mató a las que quedaron.

Daniel trató de tragar saliva, pero no pudo. Alex deslizó otra pastilla refrescante en su boca, pero esta vez no le sirvió de ayuda.

– Una de las chicas consiguió escapar con la ayuda de Bailey. Está inconsciente, así que aún no ha podido contarnos nada. Luke dice que una de las chicas muertas le suena del caso que llevaba con anterioridad. -Suspiró con aire cansino-. Supongo que no olvida sus caras, igual que tú no olvidas las caras que aparecen en las fotos de Simon. Una de las chicas que encontramos aparecía en una de las páginas de pornografía infantil que el equipo de Luke clausuró hace ocho meses.

A Daniel se le revolvió el estómago.

– Dios.

– Llegamos una hora tarde. -Alex le acarició la mano con suavidad-. Daniel, antes de morir Granville dijo que él era el maestro de Simon, pero que había más. Qué él se debía a otra persona.

– ¿Quiénes son los demás?

– No lo dijo.

– ¿Y Mack O'Brien?

– El equipo de Chase ha descubierto el lugar en el que vivía.

– ¿En la nave que Rob Davis construyó en las tierras de su familia?

– Has acertado a medias. Vivía en una de las naves que el editor del Review destinaba a almacén. El coche de Delia estaba equipado con GPS y los hombres de Chase siguieron la señal y dieron con los otros coches que Mack tenía guardados. Luke encontró los emails en el ordenador de Mack. Pensaba vender el Porsche de Delia, el Z4 de Janet y el Mercedes de Claudia. Y pintó de nuevo el Corvette de Gemma. Parece que ese pensaba quedárselo.

– Espera. ¿Mack vivía en el almacén donde guardaban las copias del Review? ¿Por qué?

– El trabajaba para el Review, Daniel. Mack era el repartidor de periódicos. El martes estuve charlando con él en la puerta de casa como si tal cosa.