A Daniel se le formó un nudo en el estómago al pensar que Mack O'Brien había estado tan cerca de ella.
– Mierda. ¿Y nadie lo reconoció? -preguntó con voz áspera.
– Marianne lo contrató; se encargaba de todos los trabajos administrativos del periódico. Pero ella no lo conocía. Mack debía de ser aún pequeño cuando vosotros estudiabais en la escuela secundaria. Repartía los periódicos cuando casi todo el mundo dormía y el resto del tiempo andaba de un lado para otro con la furgoneta de Marianne, observándolo todo. Mack observaba mucho.
– ¿A quién observaba?
– A todos ellos. Tenía fotos de Garth entrando en casa de Bailey, de Mansfield llevando a las chicas al bunker de Granville, de Mansfield…
– Espera. ¿Mansfield también estaba implicado en eso?
– Sí. Todavía no sabemos hasta qué punto, pero tomaba parte en el negocio de Granville.
Daniel cerró los ojos.
– Joder. Quiero decir… Santo Dios, Alex.
– Ya lo sé -musitó ella-. Por suerte parece que Frank no tenía nada que ver con eso. Ayer recibió un mensaje de texto en el que le decían dónde encontraría a Bailey. Él creyó que era de Marianne, pero lo envió Mack desde su móvil.
– Pero Frank falsificó las pruebas en el caso del asesinato que le imputaron a Fulmore. -Su voz sonaba como un graznido, y Alex le introdujo otra pastilla refrescante en la boca con una mirada de reproche.
– Utiliza el cuaderno y el bolígrafo. Sí, entonces Frank falseó las pruebas, pero no creo que ayer quisiera traicionarte. Bailey me ha contado que Frank la ayudó a escapar.
Daniel imaginó que eso suavizaba un poco las cosas. Aun así…
– Ojalá supiera por qué. Necesito saber por qué.
– Puede que estuviera protegiendo a alguien. Puede que lo chantajearan. -Le acarició la mejilla-. Espera a volver a estar fuerte. Entonces lo investigarás y con un poco de suerte darás con algunas respuestas.
Con un poco de suerte. Daniel sabía que tal vez no llegara a conocer nunca los motivos de Frank, pero quería creer que los tenía.
– ¿Qué más?
Alex suspiró.
– Mansfield contrató a Lester Jackson, el hombre que quiso atropellarme y que mató a Sheila y al joven agente de Dutton en Presto's Pizza. Chase encontró un móvil desechable en el bolsillo de Mansfield y los números coincidían con los de las llamadas que Lester Jackson recibió en su móvil el día en que trató de atropellarme.
– ¿Y los diarios?
– Chase los encontró con las cosas de Mack. Annette tenía razón en todo lo que dijo. Mack llevaba un mes siguiendo a Garth, a Rob Davis y a Mansfield. Creo que él tampoco estaba seguro de quién era el séptimo porque al principio guardó fotos de muchos de los hombres de la ciudad. Pero entonces vio a Granville en la puerta del bunker y desde entonces todas las fotos pasaron a ser de Toby, Garth, Randy y Rob Davis. Rob estaba liado con Delia, que supongo que Mack imaginó que cargándosela mataba dos pájaros de un tiro. Por una parte se vengaba de Delia por haber hablado mal de su madre y por la otra le hacía más daño a Rob Davis.
»Mack tenía fotos de cuando Mansfield mató a Rhett Porter. -Vaciló-. Y de nosotros dos juntos. -Sus mejillas se encendieron-. El jueves por la noche estaba enfrente de tu casa con la furgoneta. Nos fotografió a través de la ventana. No parece que las haya descargado en el ordenador. O en ninguna parte. -Se encogió de hombros-. Quería cerrar el círculo conmigo.
Ella lo dijo como la cosa más natural del mundo pero a Daniel le hervía la sangre.
– Qué hijo de puta -dijo entre dientes, y ella le frotó la mano-. ¿Qué hay de la caja de seguridad?
– Si Rob Davis sabe algo, no lo ha contado. Garth se ha puesto en manos de su abogado. Es posible que acabe dando alguna respuesta más, pero solo lo hará si a cambio interceden por él ante la fiscalía del estado.
– ¿Y Hatton?
Ella sonrió.
– Se pondrá bien. Es posible que no pueda ejercer de agente durante bastante tiempo, pero sobrevivirá. Dice que, de todos modos, le queda poco para jubilarse.
– ¿Y Crighton? -preguntó él, y la sonrisa de Alex se desvaneció.
– Encontraron sus huellas en el dormitorio de la hermana Anne; eran huellas de la sangre de la hermana, así que con eso podrían detenerlo por su asesinato. Chase dice que aunque Craig no confiese, podríais arrestarlo por el asesinato de mi madre o por conspirar con Wade para ocultar un delito.
– ¿Y lo de tus pastillas?
– No lo sabré nunca. No pienso ir a suplicarle que me lo cuente.
– ¿Lo has visto?
Ella se puso tensa.
– No.
– Yo te acompañaré -dijo.
Ella se relajó y Daniel se dio cuenta de que le daba miedo ir sola.
– Bailey cree que Wade y él me obligaron a tomar las pastillas, por algunos comentarios que hizo Wade entonces. Pero no tenemos pruebas.
– ¿Bailey está consciente?
Ella asintió.
– Llevo un rato paseándome de habitación en habitación -dijo con una ligera sonrisa-. Os he visto a ti, a Bailey, a Beardsley, a Hatton y a la chica a quien Bailey salvó. Bailey dice que una de las cosas que recuerda del día en que murió Alicia es que ella me echó algo en la sopa a la hora de comer para que me doliera el estómago. Esa noche pensaba ir a una fiesta y no quería que yo la acompañara. Seguía enfadada conmigo por lo del tatuaje y por haberles contado a los profesores que nos hacíamos pasar la una por la otra en los exámenes. Es probable que su cabreo me salvara la vida.
Él le asió la mano con más fuerza.
– ¿Y Hope?
– Sabe que Bailey está viva, pero todavía no la ha visto. Aún tiene muy mal aspecto. Daniel, Granville le pinchó heroína para obligarla a hablar. -A Alex le tembló la voz-. Llevaba cinco años sin probarla. Ahora tendrá que volver a pasar por todo eso. Él era médico.
– Un cabrón de lo más cruel, eso es lo que era. -Daniel se esforzó por pronunciar las palabras. Ella suspiró.
– Eso también. Bailey tenía una aventura con Garth, pero no está claro si él sabía que Mansfield y Granville la habían secuestrado o no. Como te he dicho, Garth se ha puesto en manos de su abogado. Luke ha intentado interrogarlo, pero hasta ahora no ha pronunciado palabra. Así es como están las cosas en resumen.
– ¿Y Suze?
– Todavía está aquí. Ha estado haciéndoos compañía a ti y a la víctima desconocida. -Al ver que él arqueaba una ceja, Alex añadió-: La chica a quien Bailey ayudó a escapar. No sabemos cómo se llama. Daniel, he estado pensando.
A él lo invadió el temor, pero enseguida lo apartó de sí. Era posible que ella acabara marchándose, pero no iba a dejarlo en aquel estado. De eso estaba seguro.
– ¿En qué?
– En ti. En mí. En Bailey y Hope. Tú cuando salgas estarás bien, pero Bailey… Le queda mucho camino por recorrer. Necesitará que alguien la ayude a cuidar de Hope.
– ¿Dónde? -preguntó.
– Aquí. Todos sus amigos están aquí. No voy a arrancarla de todo esto. Me quedaré aquí con ella. Tendré que buscar una casa donde podamos vivir Bailey, Hope y yo, pero…
– No -soltó él con aspereza-. Tú te vendrás a vivir conmigo.
– Pero tendré que cuidar de Hope cuando Bailey entre en rehabilitación.
– Tú te vendrás a vivir conmigo -repitió él-. Y Hope también. Bailey se podrá quedar a vivir con nosotros todo el tiempo que le haga falta. -Le entró un arranque de tos y ella le acercó un vaso de agua a los labios.
– Poco a poco -le ordenó cuando lo vio dispuesto a bebérsela de golpe-. Da un sorbito.
– Sí, señora. -Él se recostó y la miró a los ojos-. Tú te vendrás a vivir conmigo.
Alex sonrió.
– Sí, señor.
Él no apartó la mirada.
– Antes he querido decir lo que he dicho.
Ella no titubeó.
– Yo también.
Daniel exhaló un suspiro de alivio.
– Bien.
Ella le dio un beso en la frente.