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– Una pregunta más -dijo Daniel-. ¿Cuándo ocurrió?

– En mayo. Un año antes de que mataran a Alicia Tremaine.

Daniel y Talia se pusieron en pie.

– Gracias por su tiempo, señorita French -se despidió Talia-. Y por su franqueza. Sé que no ha sido fácil.

– Por lo menos ahora sé que no fueron imaginaciones mías. Y puede que encuentren a quien lo hizo. -Frunció el entrecejo-. ¿Hablarán con Rhett Porter?

Daniel se aclaró la garganta.

– No creo.

Talia abrió los ojos con gesto interrogativo. Gretchen se puso rígida.

– Ya entiendo.

– No, señorita French -repuso Daniel-, no creo que lo entienda. Porter sufrió un accidente de coche ayer y al parecer murió.

– Sí que lo entiendo. Está metido en un buen embrollo, agente Vartanian.

Daniel estuvo a punto de echarse a reír al darse cuenta de que la había subestimado.

– Sí, señorita. En eso tiene razón.

– Tendrías que haberme contado lo de Porter -le reprochó Talia cuando llegaron al coche.

– Lo siento, creía habértelo contado todo.

– Bueno, tal como ha dicho Gretchen French, estás metido en un buen embrollo. Supongo que es normal que te pase por alto un detalle.

Se abrocharon los cinturones de seguridad y Daniel puso en marcha el motor. Luego la miró a los ojos.

– Lo has hecho muy bien. Detesto tener que interrogar a víctimas de violación, nunca sé qué decirles. Tú, en cambio, has sabido en todo momento cómo tratarla.

– Tú te encargas de los homicidios. Seguro que eso tampoco es fácil.

Daniel puso mala cara mientras se incorporaba a la circulación.

– Eso de que yo me encargo de los homicidios suena fatal.

Ella hizo una mueca.

– Lo siento, no he elegido bien las palabras.

– Sobre todo dadas las circunstancias.

– Daniel, ¿crees que fue tu hermano quien mató a Alicia Tremaine hace trece años?

– No he dejado de preguntármelo. Pero detuvieron a otra persona, un indigente drogadicto. Tenía el anillo de Alicia en el bolsillo y la ropa manchada con su sangre, y llevaba en la mano una llanta, también manchada de sangre.

– Y tú, ¿qué crees? ¿La asesinaron cuando la violaron o fue en otro momento?

Daniel tamborileó sobre el volante con ritmo regular mientras meditaba.

– No lo sé.

Sin embargo, ahora le preocupaba otra cosa. Algo que tendría que haber tenido en cuenta antes, pero no lo había hecho. Había apartado de sí la idea hasta que el dolor y el miedo que observó en los ojos de Gretchen French la habían situado en el centro de sus pensamientos.

– ¿Daniel? Piensa en voz alta, por favor. Y deja de tamborilear, me estoy poniendo frenética.

Daniel suspiró.

– Alicia Tremaine tiene una hermana gemela, Alex. -Se concentró en la carretera para evitar que el miedo invadiera su mente-. Alex tiene pesadillas y ataques de pánico, y han empeorado desde que llegó a Dutton hace unos días.

– Ah. -Talia se volvió para mirarlo de frente-. Te preguntas a cuál de las hermanas violaron.

– Alex niega que le sucediera nada.

– Eso no es raro. ¿Tienes algo más aparte de esa foto? ¿Algún informe forense?

– No. Tal como te he explicado, el sheriff de Dutton y su equipo no se han mostrado muy dispuestos a ayudar.

– Y eso te hace sospechar del arresto del indigente.

Él asintió.

– Sí.

– Creo que tendrás que ir a la cárcel del estado, Daniel.

– Yo también lo creo. Tengo que separar el asesinato de Alicia de la violación.

Talia se mordió el labio, pensativa.

– Una vez tuve un caso de dos gemelas idénticas. Una había sido víctima de una violación y más tarde murió a causa de las heridas producidas durante la agresión. Encontramos pelo suyo en casa del violador, pero el imbécil del abogado defensor no hacía más que alegar que no podíamos demostrar de cuál de las dos hermanas era el pelo. La cuestión creó muchas dudas, y con razón.

– Porque el ADN de los gemelos idénticos es idéntico.

– En ese caso la genética no nos ayudó. La cosa pintaba bastante mal hasta que el fiscal hizo subir al estrado a la hermana viva. El acusado se comportó como si hubiera visto un fantasma, se quedó blanco como el papel y empezó a temblar tan violentamente que los grilletes sonaron igual que Jacob Marley apareciéndose ante Scrooge. Causó un gran impacto en el jurado y lo declararon culpable.

– Desde que Alex llegó a Dutton no paran de confundirla con su hermana. A mí también me pasó la primera vez que la vi, y eso no va a ayudarme nada a descubrir cuál de las dos fue agredida.

– No -dijo ella en tono paciente-. Pero puede que si el tipo que está en prisión por el asesinato de su hermana la ve, suelte algo interesante. Es solo una idea.

Era una idea fantástica. Daniel entró en una carretera secundaria para cambiar de sentido.

– Sospecho que todas las mujeres a las que interroguemos nos contarán historias parecidas a la de Gretchen.

– Es probable que tengas razón. ¿Quieres que me encargue yo de hablar con ellas? Mientras, podrías ir a buscar a tu Alex y hacerle una visita al indigente, como se llame.

– Gary Fulmore. ¿No te importa hablar tú sola con las víctimas?

– Daniel, es mi trabajo. Pediré que me acompañe otro agente por motivos de seguridad. Tú tienes que invertir todos tus esfuerzos en lo que verdaderamente importa para resolver el caso y, a menos que alguna de esas mujeres recuerde un nombre o un rostro, por esa parte no obtendrás nada nuevo.

– Pero ellas siguen siendo igual de importantes -protestó Daniel.

– Claro que sí. Y todas se merecen que les expliquen que no están solas, igual que hemos hecho con Gretchen. Pero yo puedo encargarme de eso tan bien como tú.

– Probablemente mejor. -La miró-. ¿«Mi Alex»?

Talia sonrió.

– Lo llevas escrito en la cara, cielo.

Él notó que una cálida sensación se abría paso entre sus lúgubres pensamientos.

– Me alegro.

Atlanta, miércoles, 31 de enero, 12.45 horas.

Alex se apoyó en una farola mientras el agente Hatton hablaba con Daniel por teléfono. Solo llevaban dos horas buscando al padre de Bailey y Alex ya estaba cansada, física pero sobre todo anímicamente. Había visto muchas caras con mucho dolor y muy poca esperanza. En su mente había mucho ruido. Ya había desistido de intentar silenciarlo y en vez de eso había optado por centrar sus pensamientos en el rostro de Craig. Trató de imaginárselo trece años mayor, con una suave barba como la de Hatton.

De momento nadie había visto a Craig Crighton, o al menos nadie lo admitía. Pero todavía les quedaban manzanas enteras por recorrer, si sus rodillas no se lo impedían. Aún le dolían debido a la caída del día anterior y el hecho de pasarse tantas horas de pie no ayudaba.

Al final Hatton colgó y dijo:

– Vamos.

Ella se apartó de la farola.

– ¿Adónde?

– A mi coche. Vartanian pasará a recogerla, van a Macon.

Ella frunció el entrecejo.

– ¿A la universidad?

– Mmm, no. A la prisión del estado. Van a ver a Gary Fulmore.

– ¿Por qué? -Pero en cuanto las palabras salieron de su boca negó con la cabeza-. Qué pregunta tan tonta. Está claro que tarde o temprano tenemos que ir a verlo. Pero ¿por qué precisamente esta tarde?

– Eso tendrá que preguntárselo a Daniel. No se preocupe, yo seguiré buscando y la avisaré si lo encuentro.

Ella hizo una mueca de dolor al crujirle las rodillas.

– Primero tengo que pasar por el centro de acogida donde trabaja la hermana Anne, tengo que dejar un paquete. -Hatton la tomó por el brazo y la ayudó a guardar el equilibrio-. Seguro que se alegrará de librarse de mí, no hago más que entretenerlo.

– No pensaba recorrer las calles de Dutton a la carrera, señorita Fallon. A su ritmo vamos bien.