Felicity asintió.
– La bala que mató a Jackson dibujó una trayectoria ascendente. Entró y salió en línea recta, lo que indica que Mansfield estaba agachado cuando le disparó.
– Y por el ángulo de entrada, no la dispararon desde la puerta -añadió Koenig-. Mansfield estaba agachado junto a Cowell.
– ¿Por qué miente? -preguntó Talia-. Mansfield es ayudante del sheriff. Seguro que sabía que el informe de balística revelaría la verdad.
– Porque esperaba que el asunto se resolviera dentro del cuerpo de policía -dijo Daniel sin alterarse-. Esperaba que fuera Frank Loomis quien investigara el caso, no nosotros.
Chase parecía contrariado.
– ¿Estamos insinuando que el sheriff de Dutton no es trigo limpio?
A Daniel aún le costaba aceptarlo.
– No lo sé. Lo que sé es que en la investigación del asesinato de Alicia Tremaine nada se hizo como era debido. No se tomaron fotos del escenario, las pruebas no se guardaron bien y se perdieron con las inundaciones y no hay ningún informe archivado. Creo que es posible que tendieran una trampa a Fulmore para incriminarlo. Lo que está clarísimo es que alguien está ocultando algo.
– Yo tampoco he conseguido el informe del juez de instrucción -dijo Felicity-. El doctor Granville me ha contado que su antecesor no hizo los trámites burocráticos pertinentes.
– Pero en el juzgado tiene que estar -dijo Talia.
– No está -repuso Daniel-. Le pedí a Leigh que solicitara las actas judiciales y todo el papeleo relacionado con el caso. Lo ha recibido esta mañana y el archivador está casi vacío. Dentro no hay nada de todo eso.
– ¿Y qué hay del abogado de la acusación y del juez? -insistió Talia.
– Uno está muerto y el otro se ha retirado a un lugar apartado del mundo -respondió Daniel.
– Las cosas no pintan bien para Loomis -opinó Chase-. Tendré que poner en alerta a la fiscalía del estado.
Daniel suspiró.
– Ya lo sé. De todos modos tenemos que averiguar qué o quién trajo a Jackson hasta Dutton anoche. Quien sea tiene que ver con el intento de atropello.
– La llamada que hizo Jackson desde el móvil tuvo lugar justo después de que intentaran atropellar a Alex -explicó Koenig-. Creo que debió de querer informar a quien lo hubiera contratado de que falló.
– Tenemos que averiguar a quién pertenece ese número -concluyó Chase.
– Lo haremos mañana -respondió Koenig reprimiendo un bostezo-. Entre vigilar por la noche en casa de Fallon y trabajar todo el día, estoy derrotado. -Dio un codazo a Hatton, que se había quedado dormido-. Despierta, corazón.
Hatton lanzó una mirada asesina a Koenig.
– No dormía.
– Ya le he contado a Daniel lo que habéis averiguado de Craig Crighton -dijo Chase-. Si no tenéis nada más que decir, ¿por qué no os vais los dos a casa a dormir?
– Yo daré una cabezada y luego iré a Peachtree-Pine a buscar a Crighton -dijo Hatton-. Sé de un sitio que suele frecuentar. Me vestiré para la ocasión, a ver si así no desentono tanto como antes.
– Entonces yo iré contigo -se ofreció Koenig-. Déjame dormir un rato y también me disfrazaré de mendigo. Te seguiré de cerca y te cubriré la espalda.
Chase sonrió.
– Informaré a la patrulla de la zona de que los dos estaréis por allí vestidos de mendigo.
Felicity Berg también se levantó.
– Las heridas de bala de Jackson son todo lo que tenía que contaros de nuevo. Yo también me voy.
– Gracias, Felicity -dijo Daniel con sinceridad, y la obsequió con una breve sonrisa.
– De nada. No me traigas más cadáveres, Daniel.
Una de las comisuras de los labios de Daniel se elevó.
– Sí, señora.
Cuando se hubieron marchado, Chase se volvió hacia Ed.
– El pelo.
– El ADN corresponde exactamente al de Alex -afirmó Ed sin pestañear.
A Daniel le dio un vuelco el corazón. Ahora no solo tendría que explicarle lo del pelo que habían encontrado en los cadáveres, también tendría que decirle que le había arrancado el de ella sin permiso.
– Mierda -masculló Chase.
– Tendríamos que habérselo dicho antes -masculló Daniel a su vez-. Ahora estoy bien jodido.
– ¿Qué has hecho? -quiso saber Talia.
– Le arrancó unos cabellos a Alex para que yo pudiera examinarlos sin que ella lo supiera -explicó Ed, y Talia puso mala cara.
– Muy mal, Danny. Ya lo creo que estás jodido.
– Puedes probar a contarle la verdad -sugirió Mary McCrady desde el extremo de la mesa. Chase la miró con desaprobación y ella se encogió de hombros-. Solo era una idea -justificó.
– Joder -gruñó Daniel-. No tendría que haberte hecho caso, Chase.
– Tú siempre me haces caso. Ahora sabemos que quien mató a Claudia, Janet y Gemma puede conseguir pelo de una de las gemelas. ¿Cómo?
– De un cepillo, tal vez -sugirió Talia-. ¿Adónde fueron a parar las cosas de Alicia después de su muerte?
– Es una buena observación -admitió Daniel-. Se lo preguntaré a Alex. Talia, ¿qué has averiguado tú?
– He hablado con Car la So lomon y Rita Danner. Sus historias cuadran perfectamente con la de Gretchen French. Todo es idéntico, incluida la botella de whisky. Al volver he ayudado a Leigh a buscar en los anuarios y hemos identificado a las otras nueve víctimas. Entre todas asistieron a tres de las escuelas públicas que hay en Dutton y Atlanta. Ninguna fue a la escuela privada en la que estudiaron las mujeres asesinadas, o sea que no hay ningún vínculo por esa parte.
Daniel pensó en su hermana, Susannah, y se preguntó si habría más víctimas de la academia Bryson. «Tengo que hablar con Suze, esta misma noche.»
– ¿Viven todas las otras víctimas de violación? -preguntó Daniel, y Talia asintió.
– Cuatro se han mudado a otros estados pero el resto sigue viviendo en Georgia. Necesito que se me paguen los gastos de viaje para ir a ver a las cuatro que viven fuera del estado. ¿Cómo ha ido en la cárcel, Daniel?
Daniel les contó lo sucedido y Mary se acercó para unirse al grupo.
– ¿De modo que crees que Gary Fulmore podría ser inocente? -preguntó Mary.
– No lo sé, pero hay cosas que no cuadran. Y a Alex parece preocuparle más que Fulmore no sea culpable que la agresión misma que sufrió su hermana.
– Es la única forma que tiene de dar el asunto por concluido, Daniel -dijo Ed en tono comprensivo.
– Es posible que tengas razón. -Daniel miró a Mary-. Mientras Fulmore hablaba del anillo que Alicia llevaba puesto, Alex se miraba las manos. Parecía haber entrado en trance.
– ¿Te ha dicho Alex que su prima y yo nos planteamos hipnotizarla?
Daniel asintió.
– Sí. Me parece una buena idea, si no empeora las cosas, claro.
– Lo único que hará la hipnosis es relajarla lo suficiente para que sus mecanismos de defensa no actúen. Creo que debemos practicarla lo antes posible.
– ¿Qué tal esta noche? -preguntó Daniel.
– La idea es que su prima saque el tema en el curso de una conversación.
– Muy bien. Cuando terminemos, iremos a casa de Bailey. Pero antes vamos a listar a los posibles miembros de la pandilla de violadores -sugirió Daniel-. Sospechamos de Wade, de Rhett y de Simon. Los tres se graduaron el mismo año y estaban en undécimo curso la primavera en que asesinaron a Alicia.
– Pero a Gretchen la violaron casi un año antes -le recordó Talia.
Daniel suspiró.
– El año en que expulsaron a Simon de la academia Bryson y lo enviaron al instituto Jefferson. Todo cuadra. Él entonces también tenía dieciséis años.
Chase extrajo una pila de folios de una de las cajas que había sobre la mesa.
– Leigh ha fotocopiado las fotos de los anuarios en las que aparecen todos los chicos que fueron al mismo instituto en el que estudió Simon. Estos -dijo, extrayendo una pila mayor- son los chicos que estudiaron en otros centros de enseñanza media, incluida la selecta escuela privada a la que fuiste tú, Daniel. -Chase arqueó una ceja con gesto ligeramente burlón-. En una votación salió que teníais más probabilidades de llegar a ser presidente de Estados Unidos.