– Se repondrá. -Le tendió a Ed el periódico-. Mira.
Al instante Ed abrió los ojos como platos.
– Mierda. Es el chico que compró las mantas.
– Y que se llevó el Z4 de Janet. -Daniel tamborileó sobre la página-. Adivina quién firma el artículo.
Ed le lanzó una mirada feroz.
– Está en ese árbol. He pensado que te gustaría ocuparte de hacerlo bajar.
– Será un placer. Fíjate en el nombre del chico.
– Sean Romney, de Atlanta. ¿Y?
– Pues que, según Woolf, el tal Sean Romney es el nieto de Rob Davis de Dutton, el propietario del Banco de Dutton. Eso quiere decir que Romney era primo segundo de Garth Davis, el alcalde de Dutton. ¿Te parecen suficientes referencias a Dutton? No quiero hacer acusaciones en vano -añadió Daniel con un susurro-, pero Garth Davis se graduó un año antes que Simon y Wade, solo que en la academia Bryson.
Ed dio un resoplido.
– ¿El alcalde? Será divertido tener que probar eso.
– Hablaremos más en el despacho. Ahora voy a hacer bajar a Woolf del árbol.
Woolf ya bajaba cuando Daniel se le acercó.
– Joder, Jim. ¿Qué te pasa? No paras de subirte a los árboles como si tuvieras doce años.
Woolf se encogió de hombros.
– Estoy en territorio público, o sea que no puedes echarme. La historia es fascinante, Daniel. Merece la pena difundirla.
«Fascinante.» La ira estalló dentro de Daniel como un volcán.
– A la mierda contigo y tu historia fascinante. Di eso a las víctimas y a sus familias. Tú tomas las fotos desde lo alto de un árbol; qué aséptico, qué delicadeza. Ven conmigo, vas a ver a una víctima de cerca, alguien con nombre y apellidos. -Se echó a andar y al momento se volvió. Woolf no se había movido del sitio. Daniel entrecerró los ojos-. No me obligues a arrastrarte, Jim.
Poco a poco Woolf lo siguió con una mezcla de curiosidad y aprensión en el rostro. Malcolm y Trey estaban levantando el cadáver de las angarillas para colocarlo dentro de la bolsa sobre la camilla.
– Retira la manta, Malcolm -ordenó Daniel con brusquedad. Malcolm hizo lo que le pedía.
– Está igual. Tiene la cara destrozada y cardenales alrededor de la boca.
– Lleva bastante quincalla -dijo Trey-. Tiene las dos orejas llenas de pendientes, lleva un aro en la nariz y un piercing en la lengua. -Señaló el hombro de la víctima-. Y también lleva un tatuaje. VYDV. Vive y deja vivir.
Detrás de ellos se oyó un ruido sordo. Daniel se volvió y descubrió que Jim Woolf se había quedado pasmado y su cámara había caído al suelo. De pronto, tuvo muy claro quién era aquella mujer. Tendría que haberse sentido culpable por obligar a Jim a mirarla pero todo cuanto sentía era lástima por la pobre chica cuya vida habían segado, por todas las mujeres cuyas vidas habían segado. Pensó con amargura que las cosas habían dado un giro «fascinante».
– ¿Jim?
Woolf abrió la boca en silencio, horrorizado. No dijo nada, solo miraba.
Daniel suspiró.
– Ed, ¿puedes acompañar al señor Woolf a tu coche? La víctima es su hermana, Lisa.
Atlanta, jueves, 1 de febrero, 8.35 horas.
Daniel y Ed se dejaron caer en sendas sillas junto a la mesa de reuniones. Chase y Luke ya estaban allí. Talia se había marchado a interrogar a las víctimas de violación que habían identificado gracias a los anuarios. Daniel esperaba que tuviera más suerte que él.
– Tenemos dos cadáveres más -anunció Daniel-. Sean Romney y Lisa Woolf. Al ver a su hermana en semejante estado, a Jim se le ha soltado un poco la lengua. Me ha dicho que en los casos de Janet y Claudia lo telefoneó un hombre pero que todos los otros avisos los ha recibido a través de mensajes de texto en un móvil desechable. No estaba registrado a su nombre, así que no lo habíamos incluido en la orden de rastreo.
– Y es imposible descubrir la procedencia de ninguno de los mensajes recibidos -observó Ed con un suspiro.
– Puede que ahora que su hermana es una de las víctimas deje de interesarle tanto difundir las proezas del asesino -soltó Chase con sarcasmo.
Luke estaba leyendo la portada del Dutton Review que Daniel había llevado consigo.
– ¿Quién es ese Romney?
– La policía de Atlanta ha recibido una llamada anónima informando de que el chico estaba muerto en un callejón -explicó Daniel-. Lo han encontrado con una bala en la cabeza. Al parecer no lo han identificado con la foto que llevaban en el parasol porque había demasiada sangre. No han conseguido identificarlo hasta que esta mañana, alrededor de las cinco, lo han llevado al depósito de cadáveres y lo han limpiado. Han avisado a Chase, y Chase me ha avisado a mí.
– Solo tenía dieciocho años -observó Luke-. Iba al parvulario cuando mataron a Alicia y violaron a esas chicas. Y se había criado en Atlanta.
– Pero tenía relación con Dutton -puntualizó Daniel en tono cansino-. Sean era el nieto de Rob Davis, el propietario del Banco de Dutton. Rob Davis es el tío de Garth Davis. El padre de Garth fue el alcalde durante años y es el mejor amigo del congresista Bowie. Creo que lo de Sean es algo parecido a lo de las llaves que ata en el pie de las víctimas, un claro mensaje.
– Y crees que el mensaje va dirigido a Garth Davis -aventuró Chase.
Daniel asintió, turbado.
– Garth tiene la edad apropiada, solo es un año mayor que Simon y Wade. Además, conocía a Simon, y no podemos obviar que todo esto está relacionado con las fotos de Simon.
– Tú conoces a Garth -dijo Ed-. ¿Es capaz de cometer actos tan depravados como los de las fotos?
– Yo diría que no, y espero tener razón. Yo estaba en el último curso cuando él entró en la escuela, o sea que tampoco lo conozco tanto. Recuerdo que vino unas cuantas veces a casa a buscar a Simon. No es que fueran exactamente amigos, pero a veces salían juntos.
Luke sacudió la cabeza.
– Una cosa es que conociera a Simon y otra que haya matado a esas mujeres.
Daniel se concentró en el presente.
– Es imposible que Garth haya matado a Claudia. Estaba en casa del congresista Bowie el lunes por la noche, en la franja horaria en que Felicity dice que ella murió. Pero él es la primera persona a quien podemos relacionar tanto con Simon como con una de las víctimas.
– No, Jim Woolf tiene relación con todas las víctimas -lo corrigió Chase-. Ha tomado fotos de todas para su puto periódico y le han servido todas las pistas en bandeja. El asesino debe de saber que estamos vigilando a Woolf. ¿Por qué iba a seguir informándolo de todo si sabe que nosotros lo seguiremos? -Arqueó las cejas-. A menos que quiera que lo investiguemos.
– Lo ha enviado incluso a la tumba de su hermana -dijo Ed-, lo cual es de lo más impactante.
– Ese tipo ha tenido que superar muchos obstáculos para llegar hasta Lisa Woolf -dijo Daniel, pensativo-. Ella estudiaba en la universidad de Athens. O bien ha tenido que desplazarse hasta allí o bien ha tenido que atraerla a ella hasta aquí. He pedido que rastreen las llamadas de la chica y he llamado al departamento de policía de Athens. Van a registrar su piso y a interrogar a sus amigos. Puede que alguien lo viera seguirla anoche.
Chase señaló el Review.
– Quiero saber cómo ha conseguido Woolf esa foto. El agente que le pisa los talones dice que anoche estuvo en su despacho desde las nueve hasta las dos. ¿Cómo pudo desplazarse hasta Atlanta para tomar la foto de Romney? Tuvo que enviar a otra persona.
– No debe de confiar en cualquiera -opinó Daniel-. Me apuesto cualquier cosa a que la amiga Marianne tiene algo que ver. Es la esposa de Jim. Claro que él ha omitido mencionar eso cuando me ha abierto su pecho.
Ed seguía mirando el periódico con atención.
– Espera. La policía de Atlanta ha identificado al chico hacia las cinco de la mañana, después de que limpiaran el cadáver en el depósito, pero Woolf tenía que tener listo el artículo a la hora de cerrar la edición, lo cual incluso para una birria de periódico como el Review debe de ser alrededor de la medianoche. El periódico se reparte sobre las seis de la mañana.