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Nell aumentó la ampliación. Movió el cursor sobre la pantalla con la ayuda de un ratón para indicar el borde curvo de una de las hormigas-disco.

– Eso que hay en el borde son ojos, ¿los ve?

Miró a Pound, quien tosió al tiempo que asentía.

– Veinte ojos estereoscópicos entre sus veinte brazos -continuó explicando Nell-. Los brazos se retraen de manera telescópica. Creemos que sus nervios ópticos tienen interruptores de encendido y apagado activados por un detector de posición similar a un oído interno, de modo que pueden mirar delante, detrás o encima de ellas mientras ruedan, como si lo hicieran a través de un zoótropo.

– ¿Un zoótropo?

Pound miró su reloj Chronoswiss Pathos, pero no recordaba en qué zona horaria se encontraba y todas las manecillas parecían empañarse juntas.

– Ya sabe, una de esas antiguas novedades giratorias -dijo el doctor Cato-. Si mira una serie de fotografías a través de una ranura a medida que giran, las fotos parecen una sola imagen en movimiento.

– Oh, claro. -Pound se quitó las gafas y volvió a frotar los cristales empañados-. Continúe.

– La sofisticación del sistema nervioso es simplemente asombrosa para un animal de este tamaño -explicó el doctor Cato.

– El tamaño de su cerebro en forma de anillo en relación con la masa corporal es el doble del tamaño relativo del cerebro de un alguacil -añadió Nell.

– Y los alguaciles poseen el cerebro más grande en relación con la masa corporal de cualquier animal conocido -dijo el doctor Cato-. Cuando estas hormigas no están rodando, pueden andar sobre cualquiera de sus dos lados planos y llevar la comida en la parte superior. Cuando ruedan, pueden llevar la comida en ambos lados, alimentándose ellas y sus crías al mismo tiempo.

Pound volvió a ponerse las gafas.

– Muy bien, ¿Y?

Nell orientó la cámara hacia un espécimen que estaba boca abajo.

– En la zona de la «cola» se pueden observar tres espirales de Fibonacci que parten del centro hacia el borde. Uno de esos tubos en forma de espiral es el canal del parto. Alimenta con vitelina, una especie de yema de huevo primitiva, a las crías no nacidas. El otro tubo es un canal de expulsión de los detritus. Y el tercero -Nell amplió el primer plano- es en realidad una fila de crías esperando que alguien las lleve, alineadas como perlas en un collar. De modo que cada hormiga es, en realidad, una colonia. Las crías entran en acción cuando sus madres mudan las escamas, ayudando a devorar y eliminar el viejo exoesqueleto. Aún no hemos descubierto sus órganos sexuales, pero estos bichos parecen ser hermafroditas que se aparean una vez y dan a luz constantemente durante el resto de sus vidas utilizando una reserva de esperma almacenado de su compañero. Es probable que también puedan autofertilizarse, como lo hacen los percebes. -Nell miró a Pound esperando una reacción, pero no encontró ninguna-. Estas criaturas dan a luz miniaturas preparadas para entrar en acción que las infestan hasta que son lo bastante grandes para abandonar el hogar o comerse a sus padres, a menos que mamá o papá se los coman antes a ellos. Cuando crecen, paren crías de mayor tamaño, que tienden a alimentarse de las crías más pequeñas, manteniendo un precario equilibrio hasta que la comida comienza a escasear. Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, se convierten en hormigas-disco por sí mismas.

Nell volvió a ampliar la imagen. En una de las diminutas hormigas-disco se observaba una espiral similar de miniaturas en la parte superior que esperaban el momento de salir.

– La cría de la hormiga también da a luz a bichos del tamaño de ácaros. -Miró a Pound-. Y están constantemente infiltradas por otros pasajeros de diferentes hormigas-disco, que se alinean de forma automática según su tamaño.

– Cada individuo que usted ve -dijo el doctor Cato- es una colonia de miles de ejemplares que ayudan a que cada madre mude las escamas y recicle los componentes de quitina para la siguiente muda.

– Y ayudan a atacar a las presas y los ejércitos de parásitos que protegen a sus presas.

Nell dio unos golpecitos con los nudillos en el grueso cristal.

Al percibir el sonido, las hormigas-disco que estaban tendidas sobre sus lados se apoyaron sobre los bordes. Sus patas, como las de un ciempiés, se orientaron telescópicamente y echaron a rodar hacia el lugar donde Nell golpeaba el vidrio. Algunas de ellas se lanzaron como si fueran frisbees, retrayendo las patas y rebotando contra la ventana, dejando diminutas muescas en el acrílico. Pound vio que había muchas más muescas similares en el cristal. Una de las hormigas se quedó aferrada: una marea de hormigas diminutas surgió del lomo abovedado de la criatura y se diseminaron por la ventana mientras otras permanecían detrás y comenzaban a devorar a su anfitriona.

– Dios santo -musitó Pound. Esos bichos le recordaban a los cangrejos que había adquirido durante una actividad particularmente imprudente en Fort Lauderdale unas vacaciones de primavera en sus días en Darmouth.

Nell se alegró al ver que el asesor presidencial se veía debidamente alarmado.

– Debería ver lo que les hacen a las hormigas devastadoras. Atrapamos a estos especímenes colocando una salchicha en la jungla mediante un brazo robótico. Diez segundos más tarde, la salchicha había desaparecido; prácticamente se fundió mientras las nanohormigas salían del interior de sus madres y atacaban.

Nell miró a Pound directamente a los ojos y le tocó el brazo.

– Estas criaturas son omnívoras, señor Pound, y pastorean también ese material verde que crece en las laderas de la isla y el follaje de los árboles. Ha llegado usted a tiempo de presenciar otra de nuestras pruebas.

Pound trató de mostrarse impresionado, pero no lo estaba. Quería ver el gran cuadro, la visita completa. El presidente tenía escasa paciencia para las minucias, y esas hormigas-disco eran la definición de ello. ¡No me cuentes los trabajos del parlo -le gustaba decir al presidente-, sólo muéstrame al bebé!

– ¿Por qué no podemos bajar a la sección inferior del laboratorio y echar un vistazo al interior de la jungla? -sugirió Pound con visible irritación-. Estoy aquí para conseguir una grabación en vídeo que debería haberle entregado al presidente hace tres días.

– Hay muchas cosas para ver aquí, señor Pound -le recordó el doctor Cato.

Pound bajó el tono de voz, mirando a los otros científicos que trabajaban alrededor de ellos.

– Doctor, no creo que sea consciente de la gran presión a la que se halla sometida esta investigación. Tenemos que descubrir si esa isla representa un serio peligro biológico. No podemos mantener silenciados a los medios de comunicación para siempre mientras ustedes se dedican a estudiar bichos, sin ánimo de ofender. El resto del mundo se está inquietando. -Miró las hormigas-disco, que parecían dormir sobre sus lados en el interior de la cámara de los especímenes-. Y, francamente, esto no es lo que Estados Unidos necesita en este momento desde el punto de vista de las relaciones públicas. -Miró fijamente al doctor Cato al tiempo que susurraba-: ¡Nadie está feliz viendo cómo monopolizamos esta situación!

– ¡Yo nunca he dicho que debiéramos mantener a otros países al margen de esto! -dijo el doctor Cato, indignado.

Ahora Pound se dirigió a ambos con un tono de suave urgencia en la voz.

– El presidente ha decidido que necesitamos conservar una opción militar, algo que se hace rápidamente imposible si hay otros países implicados. Ya hemos incluido en esta investigación a científicos británicos, ya que ellos mantienen una tenue reclamación sobre esta isla, pero cualquier cosa más que eso, y no importa cuán peligrosa resulte ser la vida en esa isla, y el problema será incontenible. Necesitamos saber qué es lo que ocurre allí. No entiendo por qué no podemos ir al otro extremo del laboratorio y echar un vistazo en el interior de la jungla para el presidente.