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Los científicos que se encontraban más cerca de ellos y oyeron las palabras de Pound lo miraron con desprecio.

– Me temo que tenemos algunas dificultades técnicas en la Sección Uno, señor Pound -dijo Nell-. ¿Por qué, en cambio, no le echa un vistazo a esto?…

12.02 horas

El visor del casco del técnico de la NASA Jedediah Briggs ya estaba empañado cuando accedió al vestíbulo que conectaba la Sección Dos con la Sección Uno.

Cuando descendía por la escalera de aluminio para inspeccionar los daños en la Sección Uno, oyó unos estridentes silbidos a su alrededor. Unos golpes rítmicos reverberaban a través del laboratorio en la parte inferior. Miró a través del nublado visor los sensores que tachonaban el tubo de plástico.

Aproximadamente de tamaño de detectores de humo, los sensores que cubrían el vestíbulo expulsaban al exterior cualquier clase de vida microbiana que pudiera superar la barrera del recubrimiento exterior. Los sensores se encargaban de controlar el espacio herméticamente cerrado que había entre las capas interna y externa utilizando LAL extraído de la sangre de cangrejos bayoneta y que había sido inyectado en cada unidad.

Un pequeño tubo de cristal colocado en los sensores se suponía que debía tornarse amarillo en presencia de microbios. La NASA ya había empleado artilugios similares para asegurar que las sondas interplanetarias estuviesen libres de microbios durante su construcción.

Al bajar por la escalera de aluminio hacia la escotilla de la Sección Uno, Briggs advirtió que todo el LED verde contenido en los sensores se había vuelto rojo y que los tubos de prueba habían cambiado todos a amarillo.

Gracias al traje aislante azul que había maldecido minutos antes, Briggs llegó al final de la escalera y miró a través de la pequeña ventana de la escotilla en dirección a la Sección Uno.

Los rayos de luz solar inundaban el laboratorio filtrándose a través de grupos de agujeros en forma de anillo perforados a través del techo.

Los haces de luz iluminaban perfectamente a las criaturas que se arrastraban, revoloteaban y saltaban dentro del laboratorio.

El centro se derrumbó entre uno de los anillos de orificios que había en el techo e inmediatamente entraron por él animales de mayor tamaño.

Los enjambres de criaturas que ahora se reunían allí abajo parecieron percatarse de que los estaba observando a través de la pequeña ventana de la escotilla y todos se movieron a una velocidad irreal hacia él, lo que provocó un ciclón de papeles y desechos que volaban.

Una lluvia de avispas y gusanos se estrellaron como bichos contra un parabrisas mientras Briggs saltaba hacia atrás apartándose de la ventana. Súbitamente, una estridente alarma comenzó a sonar.

Se volvió y comenzó a subir la escalera a toda prisa.

A su alrededor, el revestimiento del vestíbulo titilaba ahora con un LED de color púrpura. Mientras corría recordó que la capa interior estaba provista de fibras ópticas que detectaban los daños estructurales en el vestíbulo. Todo el tubo se volvió de una tonalidad rojo púrpura cuando el revestimiento interior comenzó a agrietarse.

Briggs maldijo de nuevo el incómodo traje aislante mientras subía la crujiente escalera de aluminio.

12.03 horas

– ¿Dificultades técnicas? -dijo Pound-. La NASA ha invertido ciento ochenta millones de dólares en este laboratorio, doctor Cato. ¡Pensaba que estaba diseñado para esto!

– ¿Diseñado para esto? -Nell se echó a reír mientras miraba al doctor Cato con un gesto de pesar.

– Se han hecho algunas adaptaciones -respondió pacientemente Cato-. Incluso cuando el laboratorio era transportado y desde que fue instalado aquí. Es realmente un milagro que hayamos sido capaces de hacerlo. Pero el StatLab fue diseñado fundamentalmente como un laboratorio modular móvil que podía lanzarse sobre zonas remotas y peligrosas del planeta afectadas por enfermedades, señor Pound. No fue diseñado para estar sitiado por nada que fuera mayor que un virus.

Nell guió a Pound apoyando con firmeza una mano en su cintura.

– Muy pronto tendremos información acerca del estado de la Sección Uno. Mientras tanto, echemos un vistazo a algunas cosas que ya hemos descubierto, ¿le parece bien?

12.04 horas

Los quemadores auxiliares de un F-14 Tomcat rugieron al ser catapultado desde la cubierta del Enterprise.

Cuando el estruendo hubo pasado, una oficial de la marina reanudó su conversación a gritos con Zero por encima de la aceleración de un V-22 Sea Osprey que estaba detrás de ella, sobre la superficie gris de la cubierta de vuelo.

– Usted es el único que ha estado en la isla y consiguió sobrevivir -gritó ella.

Zero miró a su alrededor a los hombres y mujeres que trabajaban afanosamente en el gigantesco portaaviones.

– ¿Qué le hace pensar que quiero regresar allí? -gritó Zero a su vez.

– Cynthea dijo que quería salir del Trident -gritó ella-. Permanecerá allí en cuarentena hasta que la misión haya acabado. El presidente necesita que haya un camarógrafo en la isla; si lo quiere, el trabajo es suyo.

Zero miró irónicamente hacia el Trident.

– Maldita sea -murmuró para sí. Señaló un vehículo de aspecto monstruoso-. ¿En esa cosa?

En la cubierta, con un grueso cable unido al techo, estaba el vehículo todoterreno más sólido que Zero había visto en su vida. Aparte de la palabra «NASA» pintada con rojo en un lado, impresionante en sí misma, el vehículo explorador tenía dos enormes neumáticos nudosos en la parte delantera y medias orugas detrás. Tenía cuatro ventanillas como las de un submarino de aguas profundas, tres delante y otra en la parte posterior. Del frente del vehículo sobresalía una parrilla en forma de cuña similar al quitapiedras de una locomotora del siglo XIX. Dos pesados brazos articulados estaban plegados a ambos lados de la ventanilla delantera como si de los brazos de una mantis religiosa se tratara.

– El XATV-9 -gritó la oficial de la marina por encima del ruido de los motores del Osprey, señalando detrás de ella-. ¡En vehículo experimental de la NASA para las misiones a Marte! Enviado por orden especial del presidente. ¡No podría estar más seguro en los brazos de su madre, señor! ¿Qué me dice?

El camarógrafo que había en Zero contestó.

– Muy bien -gritó, maldiciéndose a sí mismo al hacerlo.

– ¡Tiene que subir ahora, señor!

Dos miembros de la tripulación de la cubierta de vuelo acompañaron rápidamente a Zero y cerraron la escotilla hermética tras él mientras se instalaba en un asiento hundido junto al conductor, delante de las tres ventanillas. El panel de control, que parecía salido de la serie «Buck Rogers», brillaba intensamente entre Zero y el conductor, un tipo de aspecto sano y pulcro vestido con un mono de paracaidista azul marino. Alzó los pulgares para tranquilizar a Zero y luego señaló una bonita Steadicam en un brazo articulado montado en el techo encima del asiento del acompañante.

– Abróchese el cinturón de prisa -le aconsejó el conductor-. Nunca ha hecho un viaje como éste.

Zero se ajustó el arnés del asiento y cogió las manillas de la Steadicam, que colgaban ingrávidas del techo del vehículo. Apoyó el amplio visor sobre el ojo izquierdo justo cuando el Osprey los elevaba desde la cubierta.

– ¡Yujuuu! -gritó el conductor.

Viajaron meciéndose sobre el océano y Zero tragó con dificultad mientras dirigía la cámara fuera de la ventanilla.

12.05 horas

Nell condujo a Pound a través de las estaciones de trabajo donde los científicos controlaban las cámaras a distancia.

Una de las pantallas mostraba hormigas-disco que rodaban por estrechos senderos; otra enfocaba a criaturas de aspecto horrible que parecían atacar la cámara.