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Ella se tensó. Aquí estaba. Algo que sabía que ella detestaría.

– Una zorra entró en el gallinero anoche. Mira a ver si puedes rastrearlo. Estoy seguro que disparas mejor que muchos hombres de por aquí.

Ella le miró fijamente.

– Y si necesitamos comida, deberás proporcionarla tú misma. Ahora mismo con la reconstrucción del molino, apenas tengo tiempo para eso.

Ella no podía creer lo que estaba escuchando y le odió por entenderla tan bien. No habría tenido nunca este tipo de libertad como esposa de Brandon. Pero Brandon no la habría mirado nunca como Cain la estaba mirando ahora.

La cama parecía más grande. Los hombros se le tensaron. Estudió los brillantes prismas que colgaban del globo de la lámpara sobre la mesa, después paseó la mirada sobre los libros que tenía cerca de la cama.

La cama.

Sus ojos le miraron las manos. De palma ancha, con dedos largos. Las manos que habían acariciado su cuerpo y tocado cada curva. Los dedos que habían explorado su…

– ¿Pan?

Se sobresaltó. Él le ofrecía un trozo de pan que no había comido.

– No. No, gracias -ella luchó por mantener la calma-. Miss Dolly estaba muy alterada hoy. Ahora que no necesito una chaperona, teme que la envíes lejos -lo miró tercamente-. Le he dicho que no harías algo así. Y que podría permanecer aquí mientras ella quiera.

Esperaba que protestase, pero él simplemente se encogió de hombros.

– Supongo que ahora lo queramos o no, Miss Dolly nos pertenece. Tal vez sea lo mejor. Ya que a ninguno de los dos nos importan un bledo los convencionalismos, ella nos mantendrá respetables.

Kit se levantó como un resorte de la silla.

– ¡Deja de ser tan razonable!

– De acuerdo. Quítate la ropa.

– No. Yo…

– ¿No pensarías que el baño y la cena era todo lo que quería?, ¿verdad?

– Si esperas algo más, tendrás que forzarme.

– ¿De veras? -él se inclinó perezosamente en la silla y la miró-. Desabróchate esos cordones. Quiero mirarte mientras te desnudas.

Ella se escandalizó al sentir un rubor de emoción, y luchó contra eso.

– Voy a acostarme. Sola.

Mientras Cain la veía dirigirse a la puerta, pudo ver la lucha que estaba manteniendo consigo misma. Ahora que había probado la pasión, le deseaba tanto como él a ella, pero lucharía antes de admitirlo.

Era tan condenadamente hermosa que le dolía con sólo mirarla. ¿Esta debilidad es la que su padre había sentido con su madre?

El pensamiento lo heló. Había querido presionarla esta noche para provocar ese carácter que siempre le fastidiaba. Debería haber sabido que ella era una adversaría demasiado poderosa para moldearla tan fácilmente en sus manos.

Pero era más que el deseo de hacerla salirse de sus casillas lo que había incitado su grosero comportamiento. Había querido infligirle una pequeña herida, humillarla, algo que demostrara lo poco que le preocupaban sus sentimientos. Una vez que ella entendiera eso, se sentiría seguro al cogerla en sus brazos y hacerle el amor.

Todavía tenía intención de hacerle el amor. Pero no como quería, con ternura y delicadeza. No era tan tonto.

Se levantó y fue hacía la habitación de ella. Había cerrado la puerta con llave, desde luego. No esperaba menos. Con un poco de paciencia, podría abatir su resistencia, pero no se sentía paciente y abrió la puerta de una única patada.

Ella todavía llevaba su ropa interior aunque se había aflojado la cinta de su camisola interior, y su pelo de seda negra colgaba libremente sobre sus hombros de marfil. Las ventanas de su nariz llamearon.

– ¡Vete! No me siento bien.

– Pronto te sentirás mejor -la cogió en brazos y la llevó a su cama, dónde ella pertenecía.

– ¡No voy a hacerlo!

Él la tiró en la cama. Ella aterrizó en un montón de enaguas y furia.

– Harás lo que yo te diga.

– Limpiaré tus botas, te maldeciré y prepararé tu cena. Pero eso es todo.

Él habló con calma, contra la furia de su sangre.

– ¿Con quién estás más enfadada? ¿Conmigo por hacértelo? ¿O contigo por querer que te lo haga?

– Yo no… yo no quiero…

– Sí que quieres.

Él se deshizo de sus ropas y su resistencia se fundió con las primeras caricias.

– ¿Por qué tiene que ser así? -susurró ella.

Él enterró la cara en su pelo.

– Porque no podemos evitarlo.

Fue una reunión de cuerpos, no de almas. Encontraron satisfacción, pero eso fue todo. Exactamente como él quería.

Excepto que más tarde, nunca se había sentido tan vacío.

Rodó sobre su espalda y miró el techo con detenimiento. Las escenas de su violenta e infeliz niñez, relampaguearon ante él. Su padre había perdido algo más que su dinero y a su esposa. Había perdido su orgullo, su honor y por último, su virilidad. Y Cain estaba obsesionándose con Kit, tanto como Nathaniel Cain lo había estado con Rosemary.

La comprensión lo aturdió. Su lujuria por esta mujer lo estaba atontando.

Respiró profundamente, inquieto. Kit podía desearlo, pero ese deseo no era tan fuerte como su pasión por Risen Glory. Y debajo de su deseo, ella lo odiaba tanto como antes.

Justo entonces, comprendió lo que debía hacer, y el conocimiento fue como un cuchillo en sus intestinos. Desesperadamente, intentó encontrar otra salida, pero no había ninguna. No dejaría que una mujer le robara su virilidad, y eso significaba que no podría tocarla. Ni mañana, ni la próxima semana, ni el próximo mes. No hasta que se hubiera librado de su embrujo. Y eso podría ser para siempre.

***

Una semana dio paso a otra, y cayeron en un patrón de coexistencia atenta pero distante, como dos vecinos que se saludan formalmente junto a la verja, pero rara vez se detienen a charlar. Cain contrató a hombres adicionales para trabajar en el molino, y en poco más de un mes, el daño del incendio estaba reparado. Era hora de instalar la maquinaria.

Los días estivales se hacían más largos, y la ira de Kit había dado paso a la confusión. Él no la había tocado desde aquella noche de domingo después de su regreso de Charleston. Entre tanto, ella le servía las comidas, preparaba su baño, y superficialmente al menos, interpretaba el papel de esposa respetuosa. Él la trataba con cortesía. Pero ya no la llevaba a su cama.

Caminaba pesadamente por los bosques, con sus pantalones y las botas embarradas, con su escopeta Spencer metida bajo un brazo, y un saco de arpillera conteniendo codornices o conejos bajo el otro. Aunque él quería que estuviera en casa cuando regresaba, no le preocupaba que tuviera un comportamiento apropiado para una mujer el resto del tiempo. Pero ni tan siquiera en los bosques, se sentía contenta. Estaba demasiado nerviosa, demasiado confusa.

Llegó una carta de Elsbeth:

Mi querida, queridísima Kit.

Cuándo recibí tu carta contándome tu matrimonio con Major Cain, grité tanto, que realmente asusté a mi pobre Mama de que me hubiera hecho daño.

¡Eres una pícara! ¡Y pensar como te quejabas de él! Sin duda es la histoire d'amour más romántica que jamás he oído. Y una solución tan perfecta para todos tus problemas. Has conseguido a la vez Risen Glory y un marido amoroso.

Tienes que contarme si su proposición fue tan romántica como me imagino. En mi mente, te veo con un maravilloso vestido (el mismo que llevaste en la fiesta de graduación) y con Major Cain arrodillado delante de tí, con las manos en el pecho de manera suplicante, justo como lo ensayábamos nosotras. ¡Oh mi querida Kit (mi querida Señora Cain!), cuéntame pronto si mi imaginación hace justicia al acontecimiento.

Espero que estés encantada con mis noticias, aunque sospecho que no serán una sorpresa. ¡En octubre seré una novia como tú! Ya te he contado en mis otras cartas que últimamente paso mucho tiempo con el amigo de mi hermano, Edward Matthews. Es un poco más mayor que yo y hasta hace poco sólo me veía como a una niña. ¡Pero te aseguro que ya no lo hace!