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– Puede cambiar perfectamente -dijo Lori-, pero no sé si lo hará.

– Te conozco, Lori -Madeline ladeó la cabeza-. Una situación así con una paciente anciana no hace que te des a la botella. Pasó algo más. Yo diría que tiene algo que ver con un ex jugador de béisbol.

– Gloria estalló conmigo y yo con él -Lori dejó escapar un gruñido-. No paraba de decir que su representante la había fastidiado y que todo era un desastre.

– ¿No fuiste tan comprensiva como él esperaba? -preguntó su hermana con las cejas arqueadas.

– No exactamente -Lori dio otro sorbo de vino-. No te había contado esto antes porque no querías que pensaras…

Lori se detuvo. No podía engañar a su hermana, Madeline la conocía demasiado bien.

– Hace un par de días estuve hablando con Sandy y, no sé cómo, me contó que ella y Kristie se acostaron con Reid durante sus entrevistas -volvió a sentirse furiosa-. ¿Puedes creértelo? Allí mismo, en el despacho del bar. Es repugnante. Él debería estar buscando las mejores enfermeras, no acostándose con ellas. ¿Tiene cerebro o es una leyenda? ¿Todos los hombres son así? ¿Todos aspiran a ser como él? A mí me parece que es una pesadilla en muchos sentidos.

– Te molesta que se acostara con ellas y no contigo -Madeline ni siquiera parpadeó.

– ¡Ni hablar! No me acostaría con él aunque… -tragó saliva-. Más que molesta, me siento humillada. No soy como ellas ni lo seré jamás. Los hombres como Reid ni siquiera ven a las mujeres como yo, lo cual no me importa. No quiero un hombre como él.

– No es verdad -le contradijo su hermana con delicadeza-. Quieres uno exactamente como él.

– Me estoy ocupando de ese asunto -Lori frunció el ceño-. Acabaré con él.

– A lo mejor no deberías hacerlo.

– Por favor… Nunca le interesaré, y yo no puedo aceptar cómo es por dentro. Es como el algodón de azúcar. Si lo metes en agua, se disuelve.

– Pero te gusta.

– No. No me gusta. Lo desprecio. Sólo tengo una reacción física muy fuerte ante él. Eso no significa nada.

– Te equivocas. Nunca te había pasado con otro hombre.

– Y nunca volverá a pasarme.

No saldría bien. Reid representaba todo lo que detestaba de un hombre y, además, era invisible para él. Tomó aliento.

– Lo despaché. No le gustó.

– Se repondrá. Además… -Madeline sonrió-. Los hombres son tontos cuando se trata de las mujeres. Puedes usarlo a tu favor.

Lori miró a su maravillosa hermana y supo que muchos hombres habían sido tontos por ella.

– Se me ocurrirá una manera de lidiar con esto. Una manera de deshacerme de él.

– Sigo queriendo que busques la forma de que las cosas salgan bien. Te mereces una aventura y Reid parece el indicado.

Lori pensó que su hermana era muy amable al pensar que tenía la posibilidad, pero antes de poder decir nada, llamaron a la puerta trasera.

– ¡Dios mío! -exclamó Madeline mientras iba hacia el fondo de la cocina-. Ha venido.

– ¿Qué has hecho? -preguntó Lori con un nudo en el estómago.

Entonces la puerta se abrió y su madre entró en la cocina. Sonrió a sus dos hijas y levantó dos bolsas enormes.

– He traído comida china -dijo Evie Johnston-. Tendréis restos para unos días.

– Estupendo, mamá -dijo Madeline mientras dejaba las bolsas en la encimera y daba un beso a su madre-. Huele de maravilla. Tengo hambre.

– Perfecto. Creo que no comes lo suficiente -Evie sonrió a Lori-. ¿Qué tal estás?

– Bien.

Lori sonrió sin ganas mientras luchaba contra el fastidio y la sensación de sobrar allí. Daba igual que fueran su casa y su familia. Cuando estaba con su madre y su hermana, no encajaba.

– Tienes buen aspecto -Evie miró a Madeline-. ¿Descansas mucho? ¿Haces lo que te ha dicho el médico?

– Estoy bien -Madeline se rió-. Me siento estupendamente. Lori me mantiene a raya.

– Tiene que hacerlo. Es enfermera. Hazle caso. Lori, tienes que cuidar mejor a tu hermana.

Lori pasó por alto la crítica y empezó a vaciar las bolsas de comida. Estaba acostumbrada a que su madre pensara que no estaba a la altura. Hacía años, cuando ella decidió que iba a ser enfermera su madre se limitó a decirle que nunca aprobaría el examen de enfermera titulada, y que lo pasaría mal vaciando cuñas para vivir; que intentara ser esteticista.

Madeline y su madre siguieron hablando. Lori puso la mesa y dispuso la comida en el centro. Era la primera en reconocer que Evie había tenido una vida difícil. Se casó joven, se quedó embarazada muy pronto y su marido se fue con otra antes de que Lori, su segunda y no deseada hija, naciera. Había vivido toda su vida en una caravana y aceptado cualquier trabajo que le permitiera beber a espuertas. Lo único brillante en su sombría vida había sido tener una hija perfecta.

Madeline fue preciosa desde que nació; aprendió a hablar y andar enseguida; era simpática, encantadora y abierta con todo el mundo. Lori no fue nada de eso y su madre no se lo perdonó.

Evie llevó los platos a la mesa.

– Lori, no deberías beber vino. Sabes que es malo para ti. Además, Madeline no puede beberlo y se siente incómoda al verlo.

Madeline agarró el vaso de vino y lo dejó en el sitio de Lori.

– Mamá, no me importa. Lori trabaja mucho y si quiere un vaso de vino al final del día, debe beberlo.

– No está bien -insistió Evie con los labios apretados.

Lori no estaba segura de si su madre se preocupaba por Madeline o por sí misma. Llevaba siete años sin probar el alcohol.

– Lo retiraré -Lori tapó la botella y volvió a guardarla en la nevera-. No la habría abierto si hubiera sabido que ibas a venir.

– A mí no me importa -Evie la miró-. No me importa estar cerca del alcohol.

– Entonces ¿por qué lo mencionas siempre?

– El alcohol es malo para ti.

– Eso ya lo has dicho. No creo que un vaso de vino signifique que tengo un problema.

– Así se empieza.

– Tú lo sabes muy bien… -Lori giró el vaso.

– Efectivamente -replicó Evie-. Crees que estoy criticándote, pero sólo quiero ayudarte.

¿Diciéndole todo lo que hacía mal? Lori no lo dijo y vació el vaso en el fregadero.

– Yo tomaré té helado -intervino Madeline-. Esta mañana hice una jarra. ¿No os parece refrescante?

Lori hizo un esfuerzo por no salir corriendo. Su hermana intentaba por todos los medios poner paz en la familia y, aunque ella quería respetar sus deseos, había demasiado mar de fondo entre Evie y ella.

– Lori estaba contándome su día -comentó Madeline mientras se sentaba-. Está ocupándose de una anciana muy complicada y hoy tuvieron un rifirrafe.

– ¿Qué pasó? -le preguntó Evie.

Lori resumió la actitud de Gloria en general y el enfrentamiento de esa tarde.

– Creo que va a intentar cambiar. Eso espero. Su familia lo intenta una y otra vez y ella los ahuyenta; qué forma tan triste de vivir.

– ¿Le has dicho que si cambia, tendrá una segunda oportunidad? -le preguntó su madre mirándola fijamente.

Lori captó el peligroso derrotero de la conversación, pero no sabía cómo cambiar de tema.

– Algo así.

– No pensé que creyeras en las segundas oportunidades ni en que la gente pueda cambiar…

Capítulo7

Reid se sentía más cansado de lo que le habría gustado. Había sido la conversación con Lori y todo lo que ésta le había dicho. Si bien casi toda la perorata fue una sandez, algunas de sus frases dieron en la diana. Efectivamente, fue irreflexivo al acostarse con Sandy y Kristie durante las entrevistas, pero las dos se le abalanzaron. Las dos estaban deseándolo, él era libre, nadie estaba casado… Entonces ¿cuál era el inconveniente? Tampoco eran malas alternativas para cuidar a su abuela. Daba igual las vueltas que le diera para exculparse, toda la situación era un poco… vulgar. Era, lo reconocía, un ejemplar repugnante de la especie humana.