Reid se inclinó sobre ella y la besó levemente.
– ¿Vas a dejar que lo consiga?
– No seas demasiado agudo. Cambiaría mi opinión de ti.
– Puedo soportarlo. ¿Vas a contestarme?
– No lo sé -reconoció lentamente ella-. Algunas veces quiero de verdad que lo consiga.
– ¿Pero…?
– Pero todavía estoy furiosa con ella -Lori arrugó la nariz-. Ya sé que es espantoso. Es mi madre. Está recomponiendo su vida y yo sigo rabiosa por cómo me trató cuando tenía doce años. Tendría que olvidarlo y seguir adelante.
– Eso lo dice tu cabeza, no tu corazón.
– Espera un segundo -ella entrecerró los ojos-. Un título en antropología cultural no te permite jugar al psicólogo conmigo.
– ¿Qué te parece si jugamos desnudos? -Reid sonrió.
– Estamos desnudos y mi respuesta es: no.
– No eres una mujer fácil -Reid la besó.
– Gracias. Toda mi vida he ambicionado no ser fácil.
– Te creo. ¿Por qué no te has casado?
Reid era de una tenacidad que ella no se había imaginado. No estaba dispuesta a reconocer el verdadero motivo y contestó una verdad a medias.
– Nadie me lo ha pedido.
No le explicó que tampoco había dejado que nadie se acercara lo suficiente para pedírselo.
– ¿Nadie estuvo a punto? -preguntó Reid sin cambiar de expresión.
– Nadie.
– Entonces, o no encontraste al hombre adecuado o estabas asustada.
Aquello empezaba a entrar en un terreno demasiado personal.
– ¿Y tú? -preguntó ella-. Puede decirse lo mismo de ti.
– No he salido con muchos hombres. Lo intenté una temporada, claro, pero solamente fue un arrebato.
– Sabes lo que quiero decir -replicó ella entre risas.
– Me enamoré una vez, ¿te acuerdas? Estaba deseando casarme.
Con una mujer que no lo quiso, recordó Lori con tristeza. La vida era perversa.
Dani entró en el Daily Grind y miró alrededor buscando a Gary. Hacía un par de semanas habían fijado una cita para tomar café. Lo saludó con la mano cuando lo vio sentado en un rincón. ¿Qué indicaría sobre su vida que el mejor chico que había conocido desde hacía mucho tiempo fuera homosexual?
– ¿Qué tal la búsqueda de trabajo? -le preguntó Gary mientras ella se sentaba frente a él.
– Bien. He tenido un par de entrevistas, pero no me han convencido. La cuestión es que me encanta trabajar con Penny en The Waterfront. Se trabaja mucho, pero somos un equipo -Dani hizo una mueca-. Menudo topicazo…
– Desde luego, pero no tiene nada de malo. ¿Preferirías trabajar en otro sitio donde no formaras parte de un equipo?
– No. Por eso rechacé la última oferta de trabajo. Ya sé que me dijiste que tuviera paciencia, y tenías razón. Pero… -tomó aliento-. Me fastidia tener que reconocerlo, pero si Walker dirige la empresa, no me apetece cambiarme. Tratar con él hace que me sienta conectada a la familia.
– Seguirá siendo tu familia independientemente de dónde trabajes. ¿Sigues pensando en buscar fuera de Seattle?
– Debería, pero no he empezado. No quiero marcharme -contestó Dani.
– Entonces no estás obligada. No hay ninguna ley al respecto.
Él sonrió. Fue una sonrisa delicada y amable que hizo que ella se alegrara de que fueran amigos. Era bueno, y saber que nunca habría nada sexual entre ellos había ayudado mucho. No quería más errores con el mundo masculino.
– No puedo reprocharte que quieras quedarte -siguió él-. Yo no me marcharía de Seattle. Toda mi familia está aquí también. Los quiero, incluso a mi hermana, que se ha pasado los últimos seis meses presentándome a todas las mujeres solteras que conoce. Hasta me da miedo contestar sus llamadas. La última era muy simpática, pero tenía una voz tan chillona…
Él siguió hablando, pero Dani no lo escuchaba. Estaba tan atónita que no podía dejar de mirarlo fijamente. Si su hermana le presentaba mujeres, eso quería decir…
– ¿No eres homosexual? -preguntó a bocajarro.
Gary se quedó con la taza de café a medio camino de la boca y el ceño fruncido por la perplejidad.
– ¿Creías que soy homosexual?
Dani quería que la tragara la tierra. ¿Cómo había podido equivocarse? ¿Qué pensaría de ella? Peor aún, era encantador y le gustaba, pero ella le había dicho casi a gritos que había algo en él que le hacía pensar que no le gustaban las mujeres. Ningún hombre heterosexual se lo tomaría como un halago.
– Lo siento -susurró ella haciendo un esfuerzo para mirarlo-. No debería haberlo dicho. No quería decir…
¿Qué era lo que no quería decir? No había muchas interpretaciones posibles. Le había preguntado claramente si no era homosexual.
– Homosexual… -Gary dio un sorbo de café-. Interesante.
– ¿No me odias? -preguntó ella temerosamente.
– No. ¿Por qué iba a odiarte?
– Algunos hombres no lo considerarían un halago.
– Ya, pero así intentaré vestir mejor.
– Vistes bien -Dani sonrió vacilantemente.
– Un poco conservador -Gary se encogió de hombros y se miró la camisa color marfil y los pantalones oscuros-. Mi hermana no para de perseguirme para que me ponga algo de color. Una camisa rosa… -bromeó él-. Así parecería mucho más homosexual.
– Estás tomándotelo muy bien -Dani se sonrojó.
– Es emocionante. No me había imaginado que hubiera tenido otra vida secreta -la miró con un brillo de emoción en los ojos grises-. ¿Por qué pensaste que era homosexual?
– No lo sé muy bien. Eres amable y callado, y no has intentado seducirme. No es que todos los hombres lo hagan… Tampoco soy para tanto.
– Yo creo que sí lo eres.
Dani no supo cómo interpretarlo. ¿Estaba coqueteando con ella? Si estaba haciéndolo, ¿qué le parecía a ella?
– No estás casado…
– Tú tampoco.
– Lo estuve. Acabo de divorciarme.
– ¿Lo has pasado mal? -preguntó él con cierta compasión.
– No peor que cualquier otra, estoy segura. Hugh no era un mal tipo -Dani hizo una pausa-. Espera un segundo. ¿Sabes una cosa? Sí, era espantoso.
Le explicó cómo se conocieron Hugh y ella en la universidad y que en el último curso él se lesionó jugando al fútbol americano.
– Estuve a su lado durante la operación y la rehabilitación. No pedía nada a cambio, pero allí estuve. Lo amé aunque sabía que se quedaría paralítico de cintura para abajo y que nunca más volveríamos a tener una relación normal. Quise casarme con él.
– ¿Qué pasó?
– Nos casamos. Me empeñé en que se licenciara y siguiera su formación. Al final, consiguió un puesto de profesor universitario y yo empecé a trabajar en Burger Heaven. Creía que éramos felices.
Naturalmente, no lo eran, pero ella pensó que sus problemas eran como los de cualquiera. Algo de aburrimiento, demasiados fines de semana que pasaban haciendo cosas distintas…
– No era perfecto -siguió ella-. pero pensé… Estaba equivocada.
– ¿Pidió el divorcio?
– No sólo eso. Me dijo que yo no había madurado como persona. Que no me había mantenido a su lado. Fue humillante.
Dani se acordó de que quiso gritar por lo injusto de la acusación. Quiso recordarle que había pasado todo su tiempo libre cuidándolo y manteniéndolos a los dos. Si no había madurado, había sido porque había estado partiéndose el espinazo por él.
– Peor -siguió ella-. Un desastre absoluto. Él había tenido una aventura con una de sus alumnas, o más, no lo sé.
– Lo siento -Gary le tomó la mano.
Ella se lo permitió y miró los dedos entrelazados. Su contacto era agradable, se sentía segura. No hubo el más mínimo estremecimiento, pero después de lo que había vivido, había decidido que la atracción sexual estaba sobre valorada.
– Te olvidarás de él -la tranquilizó Gary-. Te repondrás.
– He olvidado a Hugh, pero la cosa no acaba ahí.