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– ¿No? ¿Qué pasó?

– El clavo para sacar otro clavo. Ryan. Era perfecto. Era encantador, guapo, cariñoso y todo lo que necesitaba para olvidarme de Hugh. Sabía exactamente qué decir y cómo decirlo.

– ¿Cuál era el inconveniente?

– Estaba casado. Una comadreja mentirosa y farsante. Pensé pegarle un tiro, uno de mis hermanos fue marine…,pero lo dejé vivir.

– Seguramente, hiciste bien. No te gustaría la cárcel.

– Al menos, me ahorraría mi desastrosa vida amorosa.

– Es una historia extraordinaria -dijo él.

– Efectivamente, no creo que puedas igualarla.

– No. Y ahora, ¿qué?

– Ahora busco un trabajo y a mi padre. Fundamentalmente, por tu culpa. No paras de hablarme de lo importante que es una familia y tengo que buscarla. No sé ni por donde empezar.

– ¿Lo has intentado con un detective?

– No lo había pensado. A lo mejor sirve de algo. No tengo muchos datos, pero…

– Puedo darte un par de nombres. Los dos son muy buenos.

Ella se soltó la mano.

– ¿Cómo es posible que alguien que da clases de teología y matemáticas conozca detectives?

– Soy un hombre de recursos.

– Eso parece. Más bien, es evidente. Me vendrán bien esos nombres.

Él sacó un bolígrafo del bolsillo de la chaqueta y le pasó una servilleta.

– ¿Por qué no me das tú número de teléfono y te llamo para darte la información?

Quince minutos antes, ella no lo habría dudado. Gary el homosexual no era un peligro, pero si no lo era, las cosas eran distintas. Podría llamarla para invitarla a salir…

Dani no sabía qué pensar. Meterse en una historia debería estar prohibido para ella. Sin embargo. Gary le caía bien y nada hacía pensar que pudiera ser una amenaza. Aunque los vecinos de los asesinos en serie siempre decían que eran tipos muy simpáticos… Aun así, apuntó el número de su teléfono móvil y se lo dio. Algunas veces había que dar una oportunidad a los demás.

Lori llegó a trabajar un poco antes de su hora. Cerró el coche y miró la imponente casa. Por primera vez desde que la contrataron para cuidar a Gloria, no quiso entrar. Podría imaginarse mil motivos, pero sólo había uno verdadero. Estaba aterrada. El día y la noche anteriores habían sido maravillosos. Reid había conseguido que se sintiera como nunca. Hicieron el amor otra vez antes de que ella se marchara por fin. Fue mucho después de medianoche y Madeline la esperó levantada. No le importaron las bromas y las soportó perfectamente porque todavía estaba en una nube por todo lo que Reid había hecho con su cuerpo; y no se refería sólo al sexo. Eso fue fantástico, pero no lo mejor. Lo mejor fue estar con él y descubrir que le gustaba más de lo que se había imaginado.

Por eso, a la mañana siguiente tenía una sensación más extraña. ¿Qué habría significado para él el rato que habían pasado juntos? ¿Qué estaría pensando? ¿Estaría arrepentido? ¿Querría fingir que no había pasado nada? ¿Qué esperaba? Se imaginó que él estaría pensando lo mismo y dando por supuesto que ella tendría la última palabra sobre lo que había pasado, pero eso era un grado de madurez que ella no alcanzaría en toda su vida. Tendría que asimilar que estaba aterrada porque él se hubiera arrepentido. Sin embargo, no pudo. Quería repetir la noche anterior. Quería hablar, reír y acariciarlo. Quería estar con él de todas las formas posibles.

Era suficientemente realista para aceptar que si él se había interesado en ella, era porque estaba encerrado en esa casa. No había hordas de admiradoras por todas partes. Cuando eso cambiara, también cambiaría su opinión sobre ella, pero hasta entonces… Sabía que como una mujer fuerte y autosuficiente, debería pedir respuestas. Sin embargo, decidió que por ese día sería un triunfo no actuar llevada por el miedo.

Colgó el abrigo en el armario del vestíbulo, dejó el bolso en la repisa y fue a la cocina.

Reid estaba allí. Estaba de pie y de espaldas a ella, lo que le permitió mirar todo lo que quiso. Clavó la mirada en su trasero. Un estremecimiento se apoderó de sus entrañas. Debió de hacer un ruido porque él se dio la vuelta.

Por un instante, se limitó a mirarla. Ella se quedó petrificada por el miedo. Entonces, él sonrió. Fue una sonrisa lenta, sexy y cariñosa. Una sonrisa pensada para que una mujer se derritiera. Como casi le pasó a ella. Él se acercó, le rodeó la cintura con un brazo y la besó con tanto ímpetu que casi se puso a flotar.

– Buenos días -susurró él.

– Hola… -dijo Lori con un tono suave y seductor que la sorprendió a ella misma.

– ¿Has dormido bien?

– La verdad es que no.

– Yo tampoco. No podía sacarte de mi cabeza y no sé si eso es bueno o malo -la miró fijamente a los ojos-. He salido y te he traído hojaldres. Sé que te gustan, aunque no sé cuáles le gustan más y he traído uno de cada tipo.

¿Hojaldres? ¿Había notado que tenía debilidad por los hojaldres?

– No hacía falta -susurró ella.

– Ya sé que no era imprescindible, pero me ha apetecido.

Así de sencillo, los muros que la habían protegido tan bien, se vieron reducidos a polvo.

Reid se reunió con Penny en el despacho de ésta en The Waterfront. Penny y él habían sido amigos durante el primer matrimonio con su hermano, durante el divorcio y durante el tiempo que Cal y ella estuvieron separados. También eran amigos entonces, cuando Cal y ella habían vuelto a casarse.

– ¿Hoy no has traído a Allison al trabajo? -preguntó mientras se sentaba-. Me gusta tenerla en brazos.

– Porque te adora, como todas las mujeres del planeta -Penny dejó el bolígrafo-. No lo entiendo. Sólo tiene unos meses y en cuanto la tomas en brazos, se pone tonta. Debe de ser algo físico.

– Así es -Reid sonrió-. No es mi culpa, pero ahí está.

– Por favor… ¿Querías hablar de ti o verme?

– ¿Tengo alguna alternativa? -le encantaba incordiar a Penny.

– No te hago ni caso -contestó ella-. ¿Sabías que Walker y Elissa están buscando un sitio para celebrar la boda? Yo esperaba que lo hicieran aquí, pero Walker quiere un sitio que no tenga nada que ver con los Buchanan. No lo entiendo. Si no lo hacen aquí, yo no cocinaré.

– A lo mejor no quiere que sirvas la comida de su boda.

Penny lo miró con los ojos como ascuas y él se dio cuenta de que había metido la pata.

– ¿Por qué? ¿Insinúas que mi comida no es fabulosa? ¿Hay algún cocinero en todo el Estado mejor que yo?

– Una tregua -Reid levantó las manos-. No se trata de la cocina. ¿No se te ha ocurrido pensar que tu cuñado puede querer celebrar la boda en otro sido para que puedas ir y pasártelo bien en vez de tener que cocinar para doscientos invitados?

– No -reconoció ella-, pero mi comida sería muchísimo mejor.

– Sin duda. Piensa en cuánto te quiere Walker. Está dispuesto a sacrificarse y renunciar a tu talento.

– Estás tomándome el pelo -farfulló ella.

– Es posible, pero está saliéndome de maravilla.

– Por lo menos no eres desagradable -Penny se dejo caer contra el respaldo de su butaca-. De acuerdo, les permitiré que elijan otro sitio, pero yo serviré la cena del ensayo. ¿Qué te parece algo con cangrejo? O quizá…

Él gruñó y bajó la cabeza.

– ¿Qué pasa? -preguntó ella.

– Nada de menús, por favor. Cualquier cosa menos eso. Podemos hablar de compras si quieres, pero de nada que tenga que ver con la comida.

– Muy bien, elijo el tema. ¿Ya estás saliendo con Lori?

Penny era única para encontrar una manera de torturarlo y él lo respetaba.

– No estamos saliendo -contestó él sin alterarse.

La noche anterior se lo habían pasado de maravilla en la cama, pero eso no era salir.

– ¿Por qué no la invitas a salir? Te gusta, y no te molestes en negarlo. Lo noto cuando os veo juntos.